thats...
Antes abbiamo marizkė, pero é libera o agente iba para comer, para vender por fuera,
Pero entonces, a raide que unha empresa privada quería esas concesiones,
a consejería debió de ver oportuno darle la facilidad a las cofradías
de que sí, en su pueblo, había gente que quisiera explotarlas, porque no la hacían.
E en esto empezaron a implantarse cursos de marisqueo
e entramos unha cantidad de gente terrible, éramos casi 200 perso.
Tuvimos muchísimos problemas los de Cedeira, porque na playa de Villarrube,
que es un banco natural de coquina, no nos querían allí.
Con dicerte má, se impiábamos os estuarios del lado del Pantín para sembrar almeja fina
e arriba hay monte e hay piedras imponentes grandísimas,
as impiábamos para hacer la siembra e venía todo el pueblo por la noche
e las piedras estaban al día siguiente en el río.
Venían los hombres, nos llamaban de todo menos guapas, nos insultaban, nos escupían,
vino antidisturbios, vino la Guardia Civil, vino un helicóptero,
hicieron la consejería vigilancia noche y día.
No había forma humana.
Hasta que me vinieron a llamar, dijeron,
ah, están os percebes eros de Pantín,
están os cogiendo os percebes en el puerto.
Vamos allí, vamos allí, porque eran de los que bajaban.
Fimos 4 o 5 personas, abrimos na puerta, dijeron, aquí vienen estas.
Unos hombres grandes como torres fuertes
e tenían en una mesa, tenían la mesa llenita de percebes.
Que os parece ahora,
se cogemos os percebes e os tiramos todos a la marea?
Entonces se acoquinaron, nunca mejor dicho, como la coquina,
e dice, es que yo, no, pero es que no lo vamos a hacer,
desdije yo, no lo vamos a hacer, porque respetamos mucho vuestro trabajo.
E de la misma manera que vosotros venís con todas las de la lei,
a vender a este puerto e ambariscar en los acantilados
que pretenecen a esta cofradía,
nósotros tenemos os mismos derechos en la playa
que pretenece a la ría de Cedeira.
No volviaron a bajar.
La consellería puso mucho de su mano, nos reunió muchísimas veces,
viajamos a Santiago e trabajamos en paz,
después trabajamos en paz, pero no todavía unidas.
Que pasó? Dejo de haber coquina.
Le hicimos un muro al mar, un muro que era má salto que una persona,
carreamos piedras que hacía falta grúa,
se lo hicimos con nuestras manos.
No queríamos que el mar nos arrastrara a la coquina,
pero el mar lo tapó, porque aí trabaja muchísimas as corrientes
e nos tapó. O sea, como no ganábamos nada,
queríamos quitar de dónde no había.
Nosotros cavábamos e cavábamos,
e a lo mejor ganábamos muy poquita cosa,
pero es que nunca perdimos a esperanza de mejorar.
Siempre nos decían que había furtivos por la noche,
pero no lo creíamos, no lo creíamos.
No puede ser porque cogíamos 300 gramos, 400 gramos,
por mucho que haga un furtivo por la noche que va a coger.
Qual fue nuestra sorpresa que, al bajar,
vimos que sobresalía del agua un artilúgio muy grande,
con unas cinchas, ponían unas cinchas, un saco de red.
Entonces, lo que hacían, araban la arena,
e la arena entraban ao saco, pero como el agua la iba lavando,
cogían toda a coquina.
Entonces, desde ese día, empezamos a vigilar.
Empezamos a hacer grupos noturnos,
e desde que empezamos a vigilar,
el banco de coquina se recuperou.
E tenemos aí unha riqueza inmensa, imensa.
É una tristeza decir cuánto tienes, cuánto vales,
pero é xe sí, é xe sí, cuánto tienes, cuánto vales.
Ora te dicen, caramba, se ganáis máx que nosotros,
que nos querían esta cofradía, era porque ganábamos poco.
Aqui era unha cofradía máxista,
e a las mujeres nos querían ver desde muy lejos,
nos insultaban, nos llamaban berberexeiras, nos decían de todo,
porque algún día, a profesión de mariscadora era marginal,
se dedicaban marisqueo gente
con muy pocos recursos económicos.
Empezamos de broma e acabamos de verdade.
E eu digo que é xe importantísimo,
por coi cada mujer que va a la playa,
con o que hemos conseguido,
que pode vivir dignamente, dignamente,
no con luxos de lo que gana.
Nos damos por satisfechas porque, al final,
las que estuvimos desde o principio,
estamos viendo que dio buen resultado.
