Pero las islas, además de ser un lugar para el recuerdo histórico y los abusos coloniales,
también lo son para el placer y el divertimiento.
La isla de Hatta, conocida en la época colonial, como Rosenghain, nunca tuvo no esmoscada.
La isla de Hatta, conocida en la época colonial, como Rosenghain,
nunca tuvo no esmoscada.
La isla de Hatta, conocida en la época colonial, como Rosenghain,
nunca tuvo no esmoscada.
Así que pasó desapercibida durante la época colonial.
Actualmente, hay dos pequeños pueblos y ningún tipo de instalación turística.
Prente al pequeño delama, se encuentra uno de los mejores puntos de buceo,
no sólo de las islas bandas, sino también de Indonesia.
Y eso es decir mucho.
Llegamos con la marea baja, lo que significa que el afloramiento de coral
está apenas a 20 centímetros de la superficie.
La claridad del agua es espectacular y, literalmente,
parecía que el bote le evitara sobre el coral.
Todos, sin excepción, nos quedamos sin respiración cuando nos asomamos por la borda.
Sin la necesidad de sumergirnos, veíamos la pared de coral prácticamente vertical,
con una alucinante cantidad de coral y de peces.
Podíamos ver el fondo arenoso de donde surgía el afloramiento
a más de 30 metros de profundidad, sin necesidad tan siquiera de sumergirnos.
Nunca antes habíamos visto unas aguas tan cristalinas como aquellas.
El buceo fue fantástico, parecía un gigantesco acuario.
Durante varias horas, nadamos a Recife arriba, a Recife abajo,
disfrutando de la vida marina.
Estoy especerando los fondos marinos, perdonando que estoy en todo el coral.
Todo muy clarito.
¿Me estás saliendo el mar torcido por tu culpa?
Sí, pero has venido y te grabado.
Me encuentro en una moneda.
¿La moneda antigua?
No, del 93.
100 rupias.
Se inaugura una mezquita en la cercana isla de ahí,
todo un acontecimiento y para celebrarlo han organizado una fiesta.
Las más altas autoridades de las molucas van a estar presentes,
así que nosotros no podemos faltar.
Nos reciben la autoridad de la isla y nos da la bienvenida.
Hemos ido afortunados, pues entre los distintos actos de la celebración
se ha programado la danza cacaléle.
El cacaléle es una danza tradicional de las molucas,
ejecutada por unos 30 hombres y mujeres,
y se lleva a cabo incontadas ocasiones.
Se remonta a la época de ocupación portuguesa,
algunos dicen que incluso antes,
y se realiza bien para honrar a los antepasados,
bien para recibir a las principales autoridades del país.
Los bailarines guerreros de cacaléle llevan una armadura
que está dominada por los colores rojo y amarillo.
En las manos portan sendas armas,
un machete a la derecha y un escudo a la izquierda.
También llevan un casco de metal de clara influencia portuguesa,
decorado con plumas de gallina o aves.
Por su parte, las bailarinas se visten con ropas tradicionales blancas,
portando entre sus manos el lenso,
un pañuelo blanco símbolo de pureza.
Las bailarinas van de dos en dos
y se acompañan del tambor tradicional y la flauta.
La simbología de esta danza radica en tres elementos.
La ropa roja del traje de bailarín,
que es símbolo de un sentimiento de heroísmo,
del valor y el patriotismo de las mulucas frente a la guerra.
La espada en la mano derecha simboliza la dignidad de las mulucas
que debe mantenerse hasta la muerte,
y el escudo y los gritos durante la danza
son el símbolo del movimiento de protesta
contra el sistema de gobierno que se considera impartial a la comunidad.
En la danza se portan unas largas varas de bambú
decoradas que simbolizan a la población de las mulucas
masacradas por los invasores europeos,
y la flor, que los guerreros portan en la boca,
es la promesa de silencio que la población local
estableció como un menaje a estas víctimas.
Durante toda la mañana se representa la danza una y otra vez,
en todas las calles del pueblo y frente a todas las delegaciones
de las islas que han ido llegando.
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Frente a la mezquita, y bajo la sombra de una carpa improvisada,
se sintan las principales figuras políticas de la zona,
entre ellas, la princesa de las bandas.
Mientras los insufribles discursos políticos se suceden,
aprovechamos para visitar las pocas ruinas del fuerte
que se levantó en el centro de la isla por parte de los holandeses.
La isla de ahí es un claro ejemplo del sufrimiento
que los poderosos causan sobre los más débiles.
En el siglo XVII, los holandeses en su empeño de dominar
el comercio de la Nueva Moscada
no cesaban de instigar y atacar a los habitantes de ahí.
Los ingleses, que merodeaban por allí,
decidieron ayudar a la población local
y los instruyeron en las artes de la guerra.
Su intención no era ni de lejos ayudar a la población más débil
sino intentar fastidiar a sus enemigos, los holandeses,
que por aquel entonces dominaban aquellas aguas.
Cuando los holandeses volvieron a atacar,
se llevaron una desagradable sorpresa y de paso numerosas bajas.
Un año más tarde los holandeses se presentaron de nuevo
frente a las costas de ahí, aclamando venganza.
Una pequeña flota británica apareció
en ese preciso momento para hacerles frente.
Los lugareños se las veían felices
pero las dos grandes potencias, en vez de luchar entre sí,
se sentaron para tomar un té.
Merced a ello, llegaron a un acuerdo
por el que los holandeses cedían a los británicos
los derechos nominales del comercio de la cercana isla de Rum,
con este pacto los británicos se marcharon de ahí sin mirar atrás.
Cuando volvieron, ahí había sido masacrada por los holandeses,
pero poco les importaba a los británicos
que habían conseguido poner una picanflandes.
Bueno, en Rum.
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