La estación seca no es el momento más adecuado para la visita, pero la queja más habitual de los safaris es la masificación.
Realizar un recorrido entre decenas de gyps es sin duda peor experiencia que visitarlo fuera de la visita, pero la queja más habitual de los safaris es la masificación.
Realizar un recorrido entre decenas de gyps es sin duda peor experiencia que visitarlo fuera de época, como era nuestro caso.
No superábamos los 10 gyps y pronto cada uno tomamos nuestro camino, al igual que este elefante salvaje que no parece estar por la labor de compartir su desayuno.
En udagualagüe habitan más de 500 elefantes, cientos de búfalos, ciervos, chacales, mangostas, monos, cocodrilos, serpientes, infinidad de aves y una reducida población de leopardos.
Sabemos que la posibilidad de ver uno es casi nula, pero no perdemos la esperanza.
La suerte pronto nos sonríe pudiendo ver a los furtivos catos salvajes, no son leopardos, pero al menos sí felinos, que no se consuela.
Existe polémica con el hecho de que el parque de udagualagüe tengan una doble barrera que contiene a los animales y les impide desplazarse a otros lugares.
Defienden que es para su protección, pero cabe pensar que sea para retenerlos y seguir con ello atrayendo visitantes.
Los elefantes machos se van de la manada cuando cumplen unos 10 años para vivir solos el resto de su vida.
Las hembras viven en manada, un matriarcado en el que gobierna el ejemplar más viejo, la abuela, que además de vieja es sabia y guía y guarda del resto de la manada.
Vimos infinidad de aves como tucanes, águilas y el omnipresente pavo real.
La suerte nos vuelve a sonreír, una manada de chacales sigue en el rastro de algún animal muerto.
¿Habría atacado el leopardo esa noche? ¿Estaría por los alrededores guardando su presa? ¿Lograríamos ver el leopardo?
Lo cierto es que lo más violento que hemos visto hasta ese momento es a un varano poniéndose tibio a insectos, nutritivos sí, pero poco espectacular.
La habitablemente no tenemos suerte, el leopardo nos da el esquinazo y tan solo podemos ver sus huellas y los restos de su cena.
Sin embargo, podemos darnos por satisfechos con la variedad de animales que hemos visto, así que volvemos a casa con la sensación de haber tenido fortuna, pese no haber visto el leopardo.
