Nos quedan solo dos cosas por delante, una es hacer entrega de este primer premio de
mestizajes a la mejor propuesta de investigación inter y transdisciplinar y luego muy breves
palabras de cierre.
Básicamente la idea de este premio es tratar de de alguna manera suplantar, aunque sea
en una ínfima medida, la falta de financiación que existe para este tipo de propuestas inter
o transdisciplinares porque es muy difícil realmente conseguir financiación cuando uno
presenta un proyecto de este tipo por el área de humanidades, le dicen que esto es ciencia,
uno me representa por ciencia, le dicen que esto es humanidad y ahí nos quedamos y nadie
puede trabajar y continuar investigando en estas líneas que a nosotros nos parecen
tan importantes.
Entonces un poco nuestro objetivo es hacer una modesta contribución a que aquellas
personas interesadas en trabajar en estas fronteras puedan hacerlo por lo menos que tengan
un estímulo.
Entonces ya sin más preámbulo, aquí tenemos el sobra rojo, and the winner is Itziar Otegi,
está por aquí.
Bueno, tras tres días de intensos diálogos, iteraciones, cuestionamientos e iluminaciones,
ahora nos queda más que daros las gracias por vuestra activa participación y por el
interés que habéis mostrado en el contacto inter y transdisciplinar.
Vistas desde la ciencia, la filosofía y la literatura, las diversas perspectivas que
hemos oído acerca de la materia, la vida y la conciencia nos ofrecen intentos, ensayos
en el sentido de Montaigne por descubrir cómo descubrimos lo que somos, lo hemos debatido
desde un centro de física, lo hemos hecho, como decía ayer Rosa de Diego, con la sensación
de ser un pulpo en un garaje, nos hemos acercado con humildad y con la franqueza de lo que
cada campo puede ofrecer.
Ofrecer es el verbo que permite combatir la extrañeza de lenguajes y de métodos, el
que permite ver que las diferencias se desdibujan con las ganas de entenderse.
Voluntad y entendimiento son una misma cosa de si es pinosa, no dos que están muy cerca,
sino una, la misma.
Es sano que las instituciones científicas acojan y potencien el diálogo con humanistas
desde dentro y permitan que haya teóricos literarios paseando entre los escritorios
de químicos y físicos que estudian la luz o la materia, cosas por cierto tampoco ajenas
del todo a la poesía.
Pero también está bien pedirles explicaciones a estos intrusos mestizos, someter un poco
examen y preguntar qué puede verdaderamente aportar un poeta en un centro de ciencia,
que puede sacar un científico de la presencia de la literatura en sus pasillos.
Y en ella estamos.
Defender la poesía como una forma de conocimiento conlleva a preguntar cómo la poesía proporciona
conocimiento y conocimiento de qué.
Cómo la escritura literaria excava en el yo y qué alcance tangible logra en el subsuelo
de la conciencia.
Es cierto que la literatura aprende la ciencia, pero no solo.
Un escritor es una persona familiarizada en cierto modo con la indisciplina, dejar actuar
a la literatura es permitirle miscuirse en todo, a veces con insolencia, orientada fundamentalmente
por su ingobernable curiosidad.
Pero luego exigirle, eso sí, un resultado riguroso, un resultado que vaya solo, lento
y sin prejuicios, hacia el fondo de uno mismo y encuentre ahí algo que permita reconocernos
con los demás humanos.
La forma en la que se escriben la ciencia y la poesía las modela potencia y delimita
en modos diversos y en proporciones semejantes.
Las nomenclaturas con las que se describen lo observable y lo observado no constituyen
solo su vía de acceso al conocimiento, sino que edifican el sustrato mismo de su objeto
desde adentro.
El conocimiento es también el lenguaje que lo construye.
La dinamita del lenguaje es la poesía.
Esta singular forma de escritura cumple la función de violentar el lenguaje y al hacerlo
nos permite ressentir y reconcebir la realidad.
Esto tiene el potencial para llevar al científico a cuestionarse cómo sabe lo que sabe, a cuestionar
sobre todo su lenguaje, porque con ello se hace más consciente de los límites de sus
métodos y eso propicia que imagine otros nuevos.
Mestizar es generar tiempos para escuchar, para buscar reconocerse en lo que el otro
hace, momentos para desestabilizar los pilares de lo completamente explícito y verificable,
momentos para defenderla en disciplina disciplinadamente y tejer en conjunto una luz mestiza.
Es que recasco.
Bueno, a mí solo me queda suscribir, por supuesto, las palabras de Víctor y agradeceros en
primer lugar a todos vosotros, a todos vosotros por estar aquí, porque soy solo objetivo
de estos encuentros, sino esto se convertiría en un monólogo para nada, así que muchísimas
gracias por haber estado aquí estos tres días, por haber enriquecido el debate.
Gracias al don Austin International Physics Center por estos seis años de apoyo sostenido
sistemático e incondicional al programa Mestizajes, es una iniciativa como decía en la apertura
arriesgada y el DPC ha decidido arriesgar en esta línea y creo que vamos poco a poco
recogiendo los frutos de esa apuesta inicial.
Gracias también a la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, el Ministerio
de Ciencia y Competitividad que ha financiado en parte este encuentro, gracias al Centro
de Físicas Materiales, que es el lugar donde hago investigación aquí enfrente al Consejo
Superior de Investigaciones Científicas y nada, hasta la próxima, gracias a todos.
