Ya nos hemos levantado y ahora vamos a tomar un té en el bar del barco. A ver si no conseguimos.
La llegada de acá a la mañana siguiente fue una de las escenas que perduraran en nuestras
retinas. Era sorprendente estar en proa sintiendo el aire fresco en la cara. No estábamos solos
en el agua. Una comitiva de barcos cargueros nos custodiaban, cada cual más de estar talado
y sobre todo cada cual más sobrecargado. Algunos de ellos incluso parcialmente hundidos,
sus tripulantes debían achicar agua constantemente. La gran mayoría de ellos lleva lodo para
abastecer a las miles de fábricas de ladrillos. La capital de Bangladesh está en pleno bún de
la construcción. De hecho, Dhaka es la capital con más rápido crecimiento de todo el mundo.
Para cubrir esta demanda, se han levantado miles de fábricas en los alrededores de Dhaka.
Se calcula que los mil de ellas son legales, mientras que otras es mil ilegales. Fabrican cada día
millones de ladrillos y aún más toneladas de producción que agravan la yade por sí crítica,
contaminación de la capital. Estas fábricas solo operan durante cinco meses al año. El resto del
tiempo están cerradas debido al monzón, puesto que al mojarse los hornos dejan de ser eficientes.
Miles de familias dependen de este sector y durante el corto periodo de funcionamiento
tienen que sacar el máximo partido económico para poder vivir el resto del año. Esto supone
jornadas malatonianas y, por supuesto, que todos y cada uno de los miembros de la familia colaboren
el trabajo, niños incluidos. Comienzan a las 9 de la mañana y no paran hasta la nochecer,
a las 6 de la tarde. Cada uno recibe un salario de 8 euros al mes. Las condiciones laborales
son terribles y están expuestos a los accidentes, problemas respiratorios y otras enfermedades.
Pero no hay otra opción, ya que más del 45% de la población de Bangladesh se encuentra por debajo
del umbral de la pobreza. Daca no es una ciudad fácil, contaminación, sobre explotación,
suicidad y miseria pasean de la mano por sus calles. A esto hay que unirle la incomodidad de un
clima extremo y un país deficitario en estructuras. Nos cuesta hacernos a Daca para poder disfrutarla,
o al menos soportarla. Habrá quien solo necesite un día, pero otros puede que nunca se amolden a ella.
Daca ofrece experiencias excitantes y diferentes, pero hay que ser consciente de que uno se
encuentra en un país musulmán y, además, en los más pobres del mundo.
Al igual que otras muchas ciudades de los países surdesarrollados, de los últimos años Daca ha
sufrido un crecimiento desordenado e incontrolado, lo que ha generado la construcción de varios
marginales, ya sea sobre terreno público o privado, pero en su mayor parte ilegales y sin ningún
servicio básico, como agua corriente o sistema de recogida de aguas negras. Se estima que casi la
mitad de los 12 millones de habitantes de la capital viven en infraviviendas de este tipo.
Legalmente, en Daca solo existen unos 80.000 rec shows, pero si uno pasea por sus calles es
evidente que la cifra es mucho mayor. Bastante mayor en realidad. Nadie sabe a ciencia cierta
cuántos rec shows hay en Daca, pero se estima que entre 400.000 y 800.000 bicicletas circulan
diariamente por esta mega ciudad. Visitamos uno de los edificios donde se cortan, se tintan y se
cosen la ropa. Algunas son para consumo interno, mientras que otras para grandes cadenas de moda
occidental. Las condiciones son deplorables y el estado de los edificios ruinosos no es
de extrañar pues que frecuentemente algunos de estos edificios colapsen secultando y matando
a centenares de trabajadores de todas las edades. Bangladesh es el país menos turístico que hemos
visitado y no es para menos, pues apenas hay monumentos históricos importantes. Sin embargo,
visitarlo ha sido una auténtica experiencia viajera que nos ha enriquecido. Definitivamente,
Bangladesh no es un país para visitar, sino un país para ser vivido.
Está cansado. Ahora nos vamos para el museo para hacer tiempo y luego vamos a ir a comer a un...
No tenemos la suma. Hacer tiempo no, para curar y farlo. Ah, para culturarnos. Y luego vamos a ir
a comer a un buffet y para el aeropuerto y nos hemos perdido. Una vez más, una vez más nos hemos
perdido. Para aquí no se va al museo. No. Para aquí no se va al museo. Y te daremos para otro lugar.
