El elefante dormido es el nombre que le di desde niña a la montaña donde estaban los
guacipungos del prado, en el tiempo de las haciendas antes de que yo naciera.
El elefante era la imagen que tenía y que daba cuerpo a las historias de disputas, levantamientos
y logros de los pueblos indígenas de las que me hablaban mis padres.
A la lucha campestinos, a la lucha y aluño, a la lucha campestinos, a la lucha y aluño,
que nosotros somos muchos y uno solo es el patrón, que nosotros somos muchos y uno solo es el patrón.
A la lucha campestinos, a la lucha y aluño, que nosotros somos muchos y uno solo es el patrón.
Luisca Tucuamba es hijo de Dolores Capuán.
Durante 18 años, fue profesor de las escuelas bilingües.
Ella pensó ya unirse todos para poder defender de esos malchatos que cometen los señores y las haciendas.
Entonces ella así secretamente había iniciado, conversando, uniendo a los compañeros, bien reservado, bien escondidos para que no sepan los señores nada.
Ellos se organizaban así solo de noche, entonces allá se iban al campo, se organizaban y así con mucho cuidado regresaban cada cual a sus casas.
Mis abuelas ya no están, busco en mi familia versiones de ese tiempo.
Que no trató bien, se puede decir a los indígenas tal vez, pero generalmente eran bien tratados, no era, no había un catagonismo para ellos y todo eso.
Y la gente era muy humilde, muy humilde y lo mismo las mujeres trabajaban con los hombres y todo eso.
Y trabajaban juntos y se producían las grandes producciones, claro, era debido a la cantidad de ellos.
Con recuerdos a veces inconexos, armar un relato de un viaje interior temporal y espacial, el inicio del pachacutic del nuevo ciclo para que el mundo siga su curso y recoger los pasos.
