En esta semana, Alberto Garzón y yo hacemos nuestro comentario semanal para tratar de
aclarar algunas ideas en relación con la propuesta de reforma laboral que acaba de
presentar el Gobierno y que será tramitada como ley en el Parlamento en los próximos
días en las próximas semanas. Aparentemente se trata de una reforma que se incalidina
en las que ya se han venido haciendo en los últimos años. Efectivamente, en esta reforma se
contienen las medidas flexibilizadoras y de abaratamiento de los costes salariales que
suelen ser habituales en la reforma de contenido neoliberal que se vienen aprobando desde los
años 80. Así se abarata el despido reduciendo los días de indemnización incluso en los despidos
improcedentes. Se flexibiliza el ámbito de la actuación interna de la empresa como ahora
después comentaremos. Se modifica de una manera muy importante el ámbito de la negociación
colectiva, puesto que la reforma permite la inaplicación de los convenios mediante el
arbitraje obligatorio o se apaga con la prórroga automática de los convenios a los dos años de
su terminación. Y, en fin, se abrata el empleo, especialmente el de los jóvenes, permitiendo
la existencia de auténticos contratos de basura, como ya habían permitido otras reformas
anteriores e intensificando el trabajo femenino principalmente a través del fomento de la
contratación parcial, que a tiempo parcial, que en ausencia de medidas que fomenten la
corresponsabilidad en el seno de los hogares lo que posiblemente va a producir es una auténtica
especialización del trabajo femenino en ese tipo de empleos. La nueva norma además, la
nueva reforma contiene otra serie de propuestas que están ya siendo divulgadas pues en relación
con ciertos cambios institucionales, con las políticas de bonificaciones, pero que creo que no
permiten en una a una consideradas destacar cuál es la principal novedad que lleva consigo la
reforma. Es curioso que algunos economistas neoliberales de los que venían reclamando
reformas de este tipo, o incluso analistas políticos, estén considerando que la reforma ha
sido un nuevo fiasco. Efectivamente, incluso desde el punto de vista, digamos, neoliberal, la
reforma estímida, la reforma en lo que tiene que ver con la regulación general del mercado de
trabajo no hace sino aplicar en algún medio un poco más fuertemente medidas de las que ya se
habían aplicado en los últimos años, pero la reforma así contiene una novedad sustancial,
una carga de profundidad principal contra los derechos laborales y es la que tiene que ver
con la llamada flexibilización interna de la empresa, es decir, con la relajación de las
normas que comportan que suponen derechos para los trabajadores y que ahora pasan a
convertirse en normas que conceden un mayor poder de decisión a los empresarios. La norma,
por ejemplo, establece que se pueden inaplicar, como hemos dicho, los convenios que los
empresarios pueden modificar unilateralmente las condiciones individuales de los trabajadores y
que las condiciones de trabajo, de salariales, de jornada van a poder quedar sometidas a la
voluntad discrecional por razones económicas o de productividad o de coyuntura de la empresa.
De esa manera lo que se rompe es el principio de que en la relación laboral hay dos partes
con capacidades y con poderes muy diferentes. Una parte que es la parte empresarial con un
extraordinario poder de decisión que le da el sed, la propietaria, el capital y de otra parte
los trabajadores que se encuentran desprotegidos frente a la otra parte contratante. Precisamente
de esa desigualdad en la relación contractual nace, pues ya prácticamente a finales del siglo
XIX, el derecho laboral, el derecho de trabajo que es un derecho protector que viene precisamente a
procurar que las dos partes interrelación en el mercado de trabajo en la situación más
igualitaria posible para proteger como digo a la parte más débil. Pues bien, yo creo que esta,
creemos que esta nueva reforma sobre todo viene a dinamitar, a producir una voladura controlada
de ese derecho protector al trabajo. Lo que se acaba con esta reforma, lo que termina con esta
reforma es el principio de que los trabajadores aislados individualmente considerados están
realmente indefensos frente al poder desigual de los empresarios y que por lo tanto necesitan del
apoyo de la fuerza de la negociación colectiva para procurar condiciones de empleo decentes,
condiciones de empleo dignas y en definitiva un suficiente ejercicio del derecho al trabajo.
Cuando desaparece la negociación colectiva, cuando no había negociación colectiva, lo que se
establecen son condiciones desiguales, una situación de gran asimetría que se traduce en
empleo de mala calidad, que se traduce en peores salarios, en jornadas extenuantes,
en condiciones de vida y de trabajo degeneradas y mucho más negativas para los trabajadores.
Eso es lo que viene a buscar la norma. Ahora bien, la pregunta es, es suficiente para que la economía
española salga adelante, para que se cree empleo, para que el empleo sea de calidad como dice el
gobierno, con dar más poder a los empresarios. De esa manera la patronal puede estar contenta,
la patronal va a saludar desfusivamente a la reforma, pero se están en el enero porque con
esta reforma, dando solamente más poder a los empresarios, es absolutamente imposible resolver.
No ya los problemas del empleo, sino los problemas de los propios empresarios que se dedican a crear
riqueza y a crear empleo y que no dispongan de un poder de mercado grandioso como para ser insensibles
a lo que ocurra con la demanda. ¿Por qué? Pues sencillamente, porque por mucho que sea el poder
que esta reforma le da a los empresarios. A la hora de negociar, a la hora de imponer las condiciones,
a la hora de fijar salarios, por mucho que sea su poder de decisión, si los empresarios no disponen
de demanda suficiente o de financiación, ¿qué es lo que realmente les falta hoy día? ¿Será
insuficiente? ¿No serán capaces, con sólo eso, de poner en marcha sus empresas, de salvarlas y de
crear empleo? Por eso yo creo, creemos que esta nueva reforma es una reforma que simplemente ha
ido a poner un parche. Decimos que le ha dado una bolosina al empresariado para que luego el
empresariado se tire contento de los pelos tratando así de salir del hoyo. El problema de las
empresas españolas que crean empleo, de la pequeña y mediana empresa, por supuesto también de los
trabajadores y del conjunto de la sociedad, no es que los empresarios tengan demasiado poco poder
y que sea necesario darle más. Al contrario, no existen un país que haya progresado con dignidad
y con eficacia y con riqueza que no haya procurado una distribución más justa de la renta. Lo que
hace falta para salvar, incluso las empresas, el trabajo y la economía en general, en más demanda,
más actividad es más financiación y naturalmente más demanda, más actividad, más financiación y
más empleo en otro tipo de actividades, no en actividades insostenibles, en actividades
destructoras de la naturaleza y de las relaciones económicas. Por eso esta es una reforma que
pone de nuevo sobre la mesa en la volatilidad del neoliberalismo y que a su través la sociedad,
la economía, las pochonas, no vamos sino a un abismo de insuficiencia de carencias y de sufrimiento
humano. Hasta la semana que vivimos.
