No le suena, ¿verdad? Pues pudo ser el clamor de toda una generación, la que siguió a Alaska
y Pegamoides, la Unión, los secretos, en el capítulo de hoy de lo que pudo ser, pero
nunca fue. Juguetes rotos, niños mimados, músicos adelantados a su tiempo, o quizás
simplemente unos farsantes que vivieron a costa de sus pocos aunque incondicionales fans.
Sigannos al corazón de este viaje a la movida Zaragozana de los 80. Hablar de The Flame Throwers
es hablar de Javier y Valle. Valle y Javier, dos jóvenes representativos del sumundo cultural de
los años 80. Un ambiente relajado con una democracia también joven que muchos entendían como salvo
conducto para el libertinaje, fue el caldo de cultivo para que Valle y Javier acabaran caminando por
el lado más salvaje de la vida. Valle Ortiz de Landazuri, procedente de una familia de la parte
alta de la ciudad, torrero para ser más precisos, mostró desde pequeña una inclinación hacia la
rebeldía que la hizo famosa en su entorno familiar. Siendo no mayor de 10 años, se las arregló para
secuestrar a su profesora y forzar así el aprobado general de toda su clase para tres
cursos. Luego rectificó, dejando fuera de esta medida a los chicos.
Desafiante aulo-autoridad paterna, Valle buscó su propio camino en los bares y discotecas que,
por entonces, ofrecían conciertos que parecieron a una descarriada jovencita la respuesta al ansia
de vida que la consumía. Mientras tanto, en otro rincón de Zaragoza, un joven atormentado buscaba
su propia identidad. Criado en el entorno de una familia con profunda sensibilidad artística,
Javier Andúnez siempre tuvo clara cuál era su vocación. La música lo estuvo para mí, no
entendería mi vida sin el ritmo, la vibración. De hecho, siempre he dicho antes, ciego que
no tenía ningún talento para la música. Fue únicamente un ciclo, un ciclo, un ciclo
entero. Un ciclo, pero un ciclo es solo un trimestre y faltó un mes por anginas.
Criado en el entorno de Zaragoza, un ciclo, un ciclo, un ciclo, un ciclo, un ciclo, un
ciclo. Al igual que Valle y tantos otros jóvenes, Javier sueña confundar una banda
de rock y subir algún día a los escenarios como sus ídolos. Como en tantas otras bandas,
todo surge por azar. Un amigo común, Servando, les pone en contacto y les cede un local
para ensayar. Acababa de nacer un grupo mítico de la nueva ola Zaragozana. Conocía Javier
de los conciertos de las mañanas del Pax. No se perdía ni uno. Yo era segurata y tuve
que echarle varias veces de los conciertos por lo mucho que desafinaba desde el público,
pero le cogí cariño y le presenté a una antigua novia a Valle que como él era fan
de los parasitos impenitentes. Pensé que así me quitaba los dos del medio. Javier dejaba
de ir a los conciertos y Valle me dejaba en paz. Era muy melosa, muy pesada.
Entusiasmados con la idea de crear un grupo de rock, Javier y Valle se lanzan de lleno
a la composición con la ayuda de Servando que se postula como el tercer flamethrower.
Se conserva un documento sonoro de lo que se ha dado en llamar las sesiones lanzayamas.
Acababa de nacer el gran éxito del grupo. La audacia de nuestros protagonistas junto
con las ganas de hacer dinero de su improvisado manager les hace encontrar un hueco entre
las bandas de referencia locales. Amenazando con revelar secretos compartidos, Servando
consigue que la propietaria de la sala, que bruto, les haga un hueco en su agenda de conciertos.
Servando trabajó con nosotros en un par de ocasiones en seguridad y la verdad es que
el pobre hombre era un coñazo. Imagínate un día llega un paquete que ponía contiene
al varán y él se pensaba que era un tipo de cocaína. Entonces montó la de Dios. La
cuestión es que por quitarme lo de encima al final accedía a dejar de ser local al
grupo este... y bueno pues ahí hicieron sus cosas y tal pero casi me cuesta cerrar el local.
Utilizando todas sus artimañas Servando consiguió llenar el local de público. Javier, consciente
de sus limitaciones como músico, comenzó a generar una crisis de pánico escénico.
Era la primera vez que nos sometíamos a una prueba en directo con el público y para
mí un artista sometido a cierta presión suponía pues una prueba importante. Javier
estaba literalmente petrificado al pobre pareció un taula en contra de la pared y un cambio
feliz de poder gritar a un público sin acabar como de costumbre en comisaría.
Lo cierto es que acurrimos engañados. Corrió la voz de que de Flamethrowers era en realidad
yoidivision de incógnito y pues que utilizaban esta tapadera pues para realizar experimentos
musicales. La situación nos deshordaba, la sala estaba
a reventar y no, no, yo no tenía que ver con el rumor de que venían los yoidivision.
Javier no reaccionaba y Ballet estaba atómica como siempre, así que tuve que reaccionar
y tomar la iniciativa. Nunca sabremos si realmente el éxito del
concierto se debió al entusiasmo de los músicos o al crolicoll que posteriormente
se detectó en las bebidas. Lo cierto es que al final nadie se dio cuenta de que tocaron
solo una canción, pero eso sí, quince veces, la misma.
Estaba claro que era un playback descarado utilizando una maqueta de mala calidad.
Fue una experiencia inolvidable. Bueno, la verdad es que lo tengo todo así un poco
ennebulosa. Playback, no creo, no sé, la verdad es que estábamos todos muy contentos.
Drogados, no, no creo, vaya. Fue algo mágico, no sé cómo reuní fuerzas
para salir al escenario, pero lo di todo por mi público.
No sabíamos quién fue, pero fuera quién fuera nos salvó la noche. Un crack.
De repente me sentí liberado. La música fluía al mí.
La verdad es que tú genial, la gente saldaba, gritaba, saca el lanza ya jamás, saca el
lanza ya jamás, saca el lanza ya jamás. La verdad es que me emocionaron, me enamoraron,
la frescura del grupo, la fuerza que tenían, esa vitalidad de todos. Sí, seguramente yo
también estaba intoxicado porque me vine arriba y les propuse grabar un álbum que
ahora sé que fue una malísima idea. Lo de grabar un álbum, la verdad que fue
una pésima idea. No teníamos ni idea de nada, pero a ver quién dice que no. Claro que nunca
se sabe. Mira de ribos áreas, por ejemplo. Era la oportunidad de nuestra vida. Todo iba
muy rápido. La primera noche de nuestro primer concierto, dije inmediatamente que sí, era
el sueño de mi vida. Al poco de comenzar nos dimos cuenta de que
eso era un desastre. Javier no tenía ni idea de tocar ningún instrumento, pero de dónde
ha salido este tío. Valle todo el día atómica, no digo nada de drogas y nada, pero realmente
fue una lamentable pérdida de tiempo. Judy Vision, boda de rubias, de Tinajo
Blues Experience. La historia de la música está llena de bandas que desaparecieron
demasiado pronto. The Flame Throwers lo hicieron de una forma tan rápida que nadie se enteró
que existían. Fueron momentos muy duros para sus seres queridos.
Desde aquel asunto de la grabación todo fue peor.
Pero si estás especializando en el tema de derechos de autor, actores, músicos, gente
de malvivir. Bueno, bueno, todo el mundo tiene derecho a que lo defiendan.
Sí, Ramon Cigno. Eso era por dinero y dijimos que no volveríamos
a hablar de eso. Ya, pero estos señores han venido hasta aquí
a enterarse de la verdad y no vamos a dejar de decírsela.
Ah, pero no sé. Desapareció sin más. Estuvo seis años sin comunicarse con nosotros.
Sí. Y de repente un día se presenta en casa. Estaba
despeinado. Bueno, yo creo que hacía ciervos al tarde,
no sé. La mirada perdida. Bueno, pero eso debió ser una de las copas.
Es que así pierde un ojo, ¿saben? Y nos suelta aquello.
Ay. Papá, mamá.
Bueno. Soy médico. Bueno, bueno, bueno.
Pero dirijo hoteles. Bien, bien, bien.
Dirijo hoteles, aún no lo hemos encajado. No sé.
Yo, Mariano, por mes que pienso, no sé, ¿qué hicimos tan malo, Javier?
No lo sé. Una pena. Fueron tiempos extraños.
Lo cierto es que nunca olvidaré mi paso por The Flame Throwers.
Fueron veinte días inolvidables. Pero no sé. Está todo muy confuso en mi cabeza.
Necesitaba desconectar de todo. Mientras diseccionaba cuerpos donados a la ciencia,
no pensaba en lo que pudo haber sido. Reunirnos.
¿Qué? The Flame Throwers.
Pero ¿qué? ¿En serio? ¿Reunirnos? ¿Vaya y yo?
No sé. Tendría que pensarlo.
Finalmente, producción es el tinajo. Consiguió lo que no era fácil.
Reunir a dos talentos separados varias décadas. Volveremos a verlos juntos en un concierto.
No se pierdan la próxima entrega de lo que pudo ser, pero nunca fue.
Desde este fantástico paraje, ubicado en el hotel Don Pepe de la Costa del Sol, nuestros
clientes podrán disfrutar esta noche aquí en la misma piscina del hotel de la actuación
del grupo The Flame Throwers, después de la actuación de Bacara.
El concierto está patrocinado por Brandy Centenario.
Necesita cantar un comentario.
24 toma 1
No me imagino que lo tengo que coger, también la girafa
Sí, pues por parte de que estoy aquí rodando no tengo Hollywood
En escena 26, toma 1
¡Acción!
¡Acción!
Eres la primera vez que contexto
Porque tienes que emular la cancion
¿Cuál te estabas extrepando?
Porque te estabas haciendo después lejabes
Ya te enviamos
¡Acción!
La verdad es que estuvo genial
La gente saltaba mi toma
¡Sácalo!
¡Sácalo!
¡Acción!
Producciones...
Una vez que se me traba la lengua
No, no
Producciones el finaco
