Y después de muchos años de plácida quietú, Pipo y Astuto decidieron despertar y cumplir
un sueño.
Viajar de Madrid a Nueva York a bordo de Subesporium.
Un equipo de rodaje les acompañó en su aventura.
Esta es la historia de tal despropósito.
Pipo Arnaldo de Mendoza dilapidó la fortuna familiar en apenas dos años, soña con comerse
el mundo pero bien pelado y troceado.
Y su compañero Astuto Strab, emprendedor y filosófico, el buen Astuto no persigue
una meta.
Porque todo es un gran juego y se agarra fuerte al caballito.
Nuestra historia comienza aquí, en una fría mañana de febrero, con la ilusión intacta
y los ánimos por las nubes, pero el viaje no acababa más que comenzar y había que
probar el Besponium.
La brillante tecnología no lo era todo y frecuentemente había que recurrir a ingeniosos artefactos
que solucionasen el problema.
Y así, subiendo colinas y bajando montañas, Pipo y Astuto se enfrentaban a grandes castillos
y naspas, a gigantes imaginarios e historias imaginadas, recorriendo kilómetros de más
y dejando esas prisas atrás, tan lejos, que ya parecían del mundo real.
Pero tras la subida, está la bajada, y hay amigos, aquí los molinos son de dura piedra
y el que antes era caballo, ahora es un pesado armatoste sin riendas.
Igual solo había sido un pequeño desvío en el camino, otra vuelta sin sentido, pero
en ese instante, al tocar la bocina, se dieron cuenta de que habían derrotado a un gigante.
Ya solo quedaba a conducir hasta la venta más cercana.
Y el viaje continuaba, desafiando al horizonte y a la noche, desafiando también a los conocimientos
básicos de orientación, porque si vas por un camino que no conoces, probablemente te
llevará a ningún sitio.
Todavía no era noche cerrada, pero Pipu y Astuto seguían por las estrellas, no sería
mayor problema si no acaban siempre así, estrellados.
Aún así siempre había tiempo de filosofar y alumbrar la escuridad, comprobando que
si siempre miras fijamente el mapa, puedes perder de lo que se ve a través de las ventanas.
Pasaron lento, pasaron despacio, pasaron firmes o desviados, pasaron con ganas tristes o atolondrados,
pasaron por sitios grandes con furia y apasionados, pasaron por el pueblo más pequeño de España
en tan solo 22 segundos, pero al final, pasaron.
Es como te dije, traigo una tortilla, vamos a preparar un pein de aquí, perfecto y todo.
Bueno, tengo un hambre, me comería un niño.
Y dile que no entro a verla, que me da vergüenza y dirle que te quiero más que a ella.
Había sido un día perfecto de vino y jotas, pero es solo en el bosque y en esta hora,
cuando los sabios hablan y se cuentan todas las historias.
Si lo hayan colorado las montañas rocosas, eso es para Dios, pero es precioso, para mí
es para Dios.
Bien se dice que sabe más el diablo por viejo que por diablo, aquellos sumaban ya muchos
años y con un solo gesto ya parecían saber todas las historias del mundo.
Así que mejor cierra la puerta y que los secretos sigan siendo secretos.
Amanecía un gran día y a mitad del camino estaba claro, soñar no cuesta nada lo que
gusta es levantarse.
Tu eres rollo, siempre hay que estar siempre alegre, siempre dando jovenidad, alegría,
porque los terceros dan muy bien el sonar sin llamar a la puerta.
Salieron de allí con el ánimo renovado, aprovecha este momento parecían pensar porque
solo jugando día a día demostras que estás muero.
Pero hay amigos, la suerte se esquiva y da lo mismo que quita.
Menos mal que de los malos momentos surgen los buenos amigos y entre palmas y jaleo
lo que antes era carga, ahora es un paseo.
Si tú no te das cuenta de lo que vale el mundo es una tontería si va dejando que se
escape lo que más querías.
Tras un breve paréntesis musical, nuestros dos compañeros y su equipo volvieron a la
caja y descarga.
Este es Marcelino Morato, brillante mecánico y buen conversador, decía siempre cuidad
la bugía que es la chispa de la moto y así decidieron continuar cuidando siempre esas
pequeñas cosas las que hapen saltar la chispa.
En ésta seguían apurando la mañana y cruzando el temporal, cuidado con lo que hay más allá
les defían las gentes del lugar.
Pero hace mucho frío así que id vosotros a luchar que ya somos viejos y os cubrimos
desde aquí calentitos en la trinchera.
Hay muchas evidentes y muchas cosas, hay que ir con curiabo, no se puede correr mucho,
muchas gracias, igualmente también es todo.
Y así atravesando líneas imaginarias y soldados de hielo, entraron en aquella ciudad en donde
hasta las piedras hablaron.
Corre para, salta y grita bajo un manto de plomo con pies de piedra, sobre las nubes
bajo el infierno.
Se gira rueda y sueña, rascando las paredes, rozando el momento, ¿acaso no soñaste con
hacerlo?
Pues ahora hazlo.
Coge fuerza y levanta el aire, dejando atrás la estela de un instante mágico, mientras
tanto puede que el hombre de naranja mire desconfiado, los pies en la tierra, comida en la mano, pero
no es fácil perder de vista a un maltrecho avión sin alas.
Y seguirás girando, corriendo, parando, saltando y soñando, deseando que no termine nunca
ese viaje estúpido a ninguna parte.
Y al fin, 1180 kilómetros después, llegaron a la primera parte de su viaje, vieron el
mar, pero no veían barcos con los que cruzarlo.
Pese a tenerlo claro, recurrieron a especialistas en la materia.
Es que en Nueva York para dónde está, para allá, para allá, todos rectos, siempre senten.
Muchas gracias, vamos a Teligón, un gusto de conocerlo y a ver si otro día nos cruzamos
por la carretera y la vino esa.
¡Mamá!
¡Mamá!
¡Mamá!
¡Mamá!
¡Mamá!
¡Mamá!
¡Mamá!
Cruzaron el último puente y decidieron continuar.
La ilusión caía por la borda y se iban dando cuenta de que pocas motos flotan, lo que parecía
tan simple en tierra, se hacía imposible por mal.
Han visto desde aquí arriba podría parecer un pequeño santo, pero la realidad es diferente
y solo los pájaros parecían apreciar el esfuerzo de volar sin alas.
Esta vez no llegaría en América, así que empujaron por última vez el Besponium fuera
de los límites de la tierra hacia el mundo de los sueños.
Al final allí, mirando al mar y sin posibilidades de seguir, Pipo y Astuto decidieron que lo
intentarían una y mil veces más, esperando quizá llegar algún día, porque la vida termina
Cuánto te jajas de jugar?
No, no, no te vaya a tener.
Vean por mis cojones, y luego vamos a intentar que no me bote lo digo.
Qué fiu ya, ¿no?
Somos malos de la madera de precios.
Somos malos de la madera de precios.
Somos malos de la madera de precios.
Papapitufo, que no te preocupe, que estoy aquí en el bosque con mis amiguitos.
Sí, que luego vuelvo. Vale, vale, sí, que para de amor se vuelvo.
Hasta luego papá, chao.
