La de la caballería andante es una ciencia que encierra en sí todas o las más ciencias
del mundo, a causa que el que la profesa ha de ser astrólogo, para conocer por las
estrellas cuantas horas son pasadas de la noche y en qué parte y en qué clima del mundo se haya,
a deshaber las matemáticas, porque a cada paso se le ofrecerá tener necesidad de ellas.
Cervantes escribió hace más de cuatro siglos las andanzas de un caballero enajenado pero genial,
alucinado pero noble. Acompañado de su cielo escudero, un labriego llamado Sancho Panza,
Don Quijoto de la Mancha recorrerá hoy unos parajes insólitos. Por tierras de Castilla
la Mancha, cerca de un lugar llamado Lledes, se le podría haber visto cabalgar hacia un nuevo e inesperado
lancen. La aventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertara nos a desear, porque ves allí
amigos Sancho Panza, donde se descubren unos desaforados gigantes con quien pienso hacer batalla y
quitarles a todos las vidas. Esta es buena guerra y es gran servicio de Dios quitar tan
mal asimiente de sobre la paz de la tierra. ¡Qué gigantes! Mire vuestra merced que aquellos que
allí se parecen no son gigantes, sino grandes bocinas con las que los sabios astrónomos escuchan
el cielo y descubren estrellas. Los observatorios astronómicos son lugares pacíficos, bien
que a veces gigantes, grandes antenas como las de estos radio telescopios, cúpulas en las que
habitan descomunales ojos, telescopios con que recolectar la luz que nos llega desde el espacio
más profundo. Cada noche estos instrumentos se abren al cielo desde puntos tan diversos del
planeta como Castilla la Mancha, Almería, Canarias, Chile o Australia. Es en ellos donde se escribe
nuestra historia.
Don Quijote es más que un personaje de una novela universal, se convierte en el modelo
de nuestra manera de ser. La obra de Cervantes, una de las primeras novelas modernas, ha inspirado
a todos los autores posteriores. Toda su obra es parte de nuestro patrimonio cultural y
él, un escritor de fama universal. Curiosamente, no conservamos ninguna imagen de Miguel de
Cervantes, realizada durante su vida. Todos los retratos están basados en la descripción
que escribió él mismo en el prólogo de sus novelas ejemplares de 1613, cuando tenía
64 años cumplidos.
Tampoco conservamos sus restos. En los últimos años, un equipo de historiadores y antropólogos
ha intentado encontrar entre las sepulturas de la Iglesia del Convento de las Trinitarias
de Escalzas de San Mildefonso, donde se sabe que fue enterrado los datos que permitan confirmar
qué restos son los suyos, cuál fue su linaje.
Los astrofísicos realizan una labor en cierto modo análoga a la de esta búsqueda. Analizando
la tenua luz que nos llega de los astros más lejanos, descubren que sucede allí, donde
se origina esa energía. Y usando diferentes estrategias, estos forences de las ondas de
luz obtienen información de mundos lejanos.
La luz esconde mucha información, que nos permite descubrir la presencia de un planeta.
En los años 90 las observaciones más precisas y nuevos métodos consiguieron extraer una
noticia sospechada de antiguo, la existencia de sistemas planetarios en torno a otras
estrellas.
Se han empleado diferentes estrategias para poder obtener evidencias de los planetas
extrasolares. Lo mejor sería poder tener imágenes directas. Pero los planetas son muy poco brillantes
en comparación con las estrellas y están muy cerca orbitando. Y por eso solo en algunos
casos, como el sistema de Beta Pictoris, ha sido posible estudiar la luz y obtener la
información de que había un pequeño planeta, en comparación con la estrella, orbitando
allí. Normalmente acudimos a métodos indirectos, que nos dan una aproximación. No vemos el
planeta, pero sí tenemos información. Por ejemplo, estudiando el movimiento de las estrellas,
debido a que los planetas están empujando gravitacionalmente también conforme orbitan
en torno a ellas, podemos analizar los pequeños, los sutiles cambios en la velocidad radial
de las líneas espectrales de la luz de esa estrella y obtener evidencia de que hay planetas.
Esto fue uno de los primeros métodos, como en el año 92 el estudio, la medición precisa,
la cronometría, el estudio de los tiempos de rotación de diferentes estrías de neutrones,
en torno a las cuales se descubrió, orbitaban exoplanetas. Este es otro de los métodos
que ha ido proporcionando información sobre mundos donde no se esperaba que existieran.
La misma forma que en el sistema solar mercurio y venus, visto desde la Tierra, nos pasan por
delante a veces del sol, provocan un tránsito, un pequeño eclipse, este método ha sido empleado
por los astrofísicos para obtener evidencias de miles de planetas en torno a las estrellas.
Esos planetas pasan por delante y roban un poquito de la luz de su sol y nosotros podemos
medirlo gracias a las precisas fotometrías. Igualmente de precisas son las medidas que
hacen falta para estudiar los sutiles cambios de luz producidos por el paso de una estrella
y de su planeta delante de otra, que provocan una pequeña alteración gravitacional, un
efecto relativista que proporciona información sobre la existencia de planetas.
De falta equipos internacionales en donde hay expertos en diferentes campos, en astroestadística,
para poder analizar adecuadamente los datos, expertos en la parte más teórica de la simulación
de planetas, etcétera. Prácticamente todos los grandes descubrimientos de sus planetas
hacen por grandes equipos. Además, no tanto en el descubrimiento por velocidad radial,
pero en el descubrimiento por tránsitos, también es importante, muchas veces, la colaboración
de astromos adficionados y de público en general, que directamente, a través de cientes
ciudadanas y de los ordenadores en su casa, son capaces de analizar datos que han tomado,
por ejemplo, satélites, satélites de Kepler, y así descubrir algunos planetas, que algunos
protegeces han descubierto por el público en general, analizando datos de Kepler.
Poco a poco, usando nuevas estrategias y mediante detectores más sensibles, se nos han ido
descubriendo miles de nuevos mundos. En el Observatorio de Calar Alto, en Almería,
un proyecto internacional denominado Kármenes está, por ejemplo, buscando planetas similares
a la Tierra. Año a año, vamos descubriendo nuevos mundos, como la búsqueda internacional
que ha descubierto a próxima vez, posiblemente, el exoplaneta más cercano al Sol.
Planetas gigantes como nuestro Júpiter, planetas calientes más cerca de su Sol que Mercurio,
planetas en torno a estrellas dobles, y también, planetas más padecidas a la Tierra.
Las profísicas detenimientos del siglo XXI tienen la búsqueda de exoplanetas uno de
los campos más prolíficos. Muchos profesionales de la sociedad española de astronomía están
ahora mismo descubriendo nuevos mundos, de los que antes desconocíamos su existencia.
La sociedad española de astronomía es una sociedad que tiene ya más de 25 años y es
la sociedad que engloba los astrofísicos profesionales de España, es decir, los astrofísicos
o españoles o extranjeros trabajando en España. Esa sociedad, entonces, de astrofísicos profesionales,
con alrededor de unos 750 miembros y cuyos fires principales son ser un foro de discusión
para la astrofísica española, representar lo que podemos a la astrofísica española
respecto a las autoridades científicas, etcétera. Pero también, sobre todo en los últimos
años, uno de nuestros objetivos fundamentales es hacer divulgación de la astronomía y,
sobre todo, ayudar a los astrofísicos profesionales y a animar a los astrofísicos profesionales
a que hagan divulgación.
A veces, los descubrimientos de exoplanetas son sorprendentes.
Usando el telescopio angloaustraliano del Observatorio de Science Spring en Nueva Gales
del Sur, un equipo internacional descubrió el cambio de la luz de una estrella, la Estrella
Mu, de la Constelación de Altar, ARA. Corría el año 2000 cuando publicaron sus resultados.
A lo largo de ocho años, otros astrónomos, usando imágenes obtenidas también en el Observatorio
de la Silla en Chile, confirmaron la presencia de cuatro planetas en torno a ese sol.
A esa estrella, ahora la llamamos Cervantes. Es parecida a nuestro sol, algo más grande
y vieja que él, y se encuentra a cincuenta años luz.
Los cuatro planetas vienen encabezados por Quixote, el primero, le siguen Dulcinea, muy
cerca de Cervantes, rocinante a medio camino entre los amantes imposibles y, más allá,
Sancho. Unos planetas muy grandes, un sistema planetario completamente diferente del nuestro,
con estos personajes universales.
Un momento, Cervantes, Quixote, Sancho, Dulcinea o Rocinante. ¿De dónde viene que sean esos
y no otros los nombres de esta estrella y sus cuatro planetas?
Quizás el arte de magia, de un migromante como Frestón.
¿Fritón, dice Don Quixote?
Frestón, Sancho, o Fristón, tal vez.
Ese es un sabio encantador, grande enemigo mío, que me tiene ojeriza, porque sabe por
sus arques y letras que tengo de venir andando los tiempos, a pelear en singular batalla
con un caballero a quien él favorece, y le tengo de vencer sin que él lo pueda estorbar,
y por esto procura hacerme todos los insabores que puede, y mándole yo qué mal podrá
él contradecir ni evitar lo que por el cielo está ordenado.
No hay ningún mago responsable de estos nombres, es cosa de astrónomos y de la ilusión de
mucha gente. Desde los primeros descubrimientos de planetas extrasolares han sido miles los
astrónomos que en todo el mundo han comenzado a mirar la luz de las estrellas con mucho detalle,
y de esta manera se han ido descubriendo planetas y más planetas.
Podríamos pensar que nuestra galaxia, la Via Láctea, pueda haber tantos planetas como
estrellas.
¿Cómo dar nombre a tantos planetas?
Quizá no haya que hacerlo, dar nombre a todos los planetas, ni siquiera todas las estrellas
tienen nombre propio, solo unos cuantos cientos de ellas lo tienen, para el resto es suficiente
con el nombre de algunos de los catálogos que recogen su posición y sus datos.
Pues si nos remontamos a la antigüedad, las estrellas tenían nombres individuales, muchos
de ellos árabes, otros derivados del latín, en otros casos se le pone a una estrella el
nombre de la constelación a la que pertenece y una letra griega que indica más o menos
el brillo.
Por ejemplo, alfacentauri, Mugarae, que es la que ha dado nombre a las estrellas herbantes,
y más recientemente, pues cuando un grupo de astrónomos descubre estrellas nuevas, se
le colocan nombres muy técnicos, nombres que veces contienen las coordenadas de la estrella
o un nombre de catálogo.
En el concurso internacional La Votación Popular, que la Unión Astronómica Internacional puso
a disposición de todo el público, es la primera vez que se ha dejado al público en general
bautizar a estrellas y a los planetas que orbitan en torno a ellas, y esto es una cosa
muy singular porque poner nombre a un objeto celeste es algo muy restringido, tan solo
a asteroides y a cometas es cuando uno realmente puede darle un cierto nombre, pero no a estrellas.
Existe una gran cantidad de nombres árabes, Aldebaram, Alderamín, Alnilam o Deneb, son
algunos de ellos.
Algunos nombres de estrellas tienen origen griego como Profión o Atlas y Electra en
las playades, y algunos del latín como Polaris o Régulus.
Para comprenderlo bien podemos decir que la Unión Astronómica Internacional es como
las naciones unidas de los astrónomos, es una organización que acoge a astrónomos
profesionales y aficionados de todo el mundo, tiene muchas comisiones y es, entre otras
muchas cosas, la garante de la nomenclatura astronómica, cualquier nombre astronómico
que se le ponga a un objeto lleva el marchamo oficial de la Unión Astronómica Internacional,
y hay comisiones en la Unión Astronómica Internacional dedicadas a múltiples cosas,
a estrellas binarias, a nomenclatura, a fijar el tiempo, por ejemplo, el tiempo de reloj
que nosotros utilizamos, las coronadas celestes, muchísimas otras cosas.
La Unión Astronómica Internacional, una organización que reúne a los astrónomos
de todo el mundo, es la encargada de coordinar los datos astronómicos, incluyendo los nombres
de los objetos celestes.
Esta organización pensó que era adecuado reconocer algunos de esos mundos con nombres
propios, por ser la primera vez en la historia de la humanidad que habíamos descubierto
planetas más allá de nuestro sistema solar.
Se decidió hacer partícipe a las personas amantes de la astronomía de todo el mundo,
clubs, asociaciones, museos, planetarios, y se pidió que propusieran nombres para 14
estrellas y 31 planetas.
Fue el concurso más apasionante de la historia de la astronomía, que recogió más de medio
de 1.000.000 votos de 182 países diferentes.
En España, el planetario de Pamplona se alió con la Sociedad Española de Astronomía
para hacer una propuesta conjunta, que reconociera la talla universal de Miguel de Cervantes
y de los personajes de su obra, el Quijote.
Una estrella que brillaba sola y lejana, un planeta excéntrico, junto al que orbita
uno más, acompañado por otro más pesado y con uno ligero y casi invisible cerca del
centro del sistema.
Parecía que ni pintado para poder recordar a los personajes de la que es considerada
primera novela moderna.
La propuesta Yo Estrella Cervantes, con la colaboración del Instituto Cervantes, fue
apoyada en todo el mundo por pequeños y mayores, con actividades escolares y divulgativas,
seguimiento en los medios de comunicación y en las redes y, al final, resultó ser
una de las más votadas.
La web estrellacervantes.es alberga toda la información sobre esta singular estrella
y las actividades que acompañan a este sueño hecho realidad, el de conseguir una estrella
para Cervantes.
Por qué es importante que Cervantes sea el nombre de una estrella?
No solo para que ya Cervantes tenga una estrella en el cielo, sino también para poder divulgar
que la astronomía y la ciencia es cultura, algo que normalmente viene muchas veces separado
en los medios de comunicación, esta cultura por un sitio donde parece que hay esta metida
de humanidades, literatura, pintura y, por otro lado, ciencia, parecen cosas distintas,
pero no lo son.
Y entonces, todo este proyecto de la estrellacervantes nos ha dado pie para hacer una divulgación
muy intensiva y juntar en lo que es cultura, tanto astronomía, ciencia como humanidades.
En un lugar de la constelación hará, en torno a una estrella sin un nombre propio,
conocido conocida por el letramu, cuatro planetas trazan sus trayectorias.
Alrededor de un autor de fama universal, también giran sus cuatro personajes principales.
Ahora se ha elevado a Cervantes a la condición de un apólogo galáctico, dando su nombre
a la estrella central del sistema, mientras que Don Quixote, rocinante sancho y dulcinea,
se transfiguran en su escolta planetaria.
Quixote, el protagonista, en una órbita algo escéntrica, como corresponde a su carácter,
junto a su fiel compañero rocinante en el centro de la escena.
El bueno de sancho, el ingenioso escudero, moviéndose lentamente por las ínsulas exteriores
del sistema.
La dulcinea encantada, tan difícil de contemplar para Don Quixote en su verdadera forma, cerca
del corazón del escritor.
No sabemos realmente cómo serán esos mundos, si nos imaginamos algo parecido a lo que conocemos
en el sistema solar, Quixote, sancho y rocinante, serán mundos como los gaseosos Júpiter Saturno,
Urano o Neptuno.
Por eso hemos colocado en Quixote un anillo como aquella vacía de barbero que llevaba
el personaje a modo de Yelmo.
También nos hemos imaginado en esta recreación que estos planetas tienen numerosas lunas.
Según los datos de que ahora se dispone, este sistema de Cervantes y sus cuatro planetas
no parece estable.
Quizá dentro de unos cuantos millones de años encontremos otra configuración con más
planetas o con menos.
Donde la ciencia no nos permite ir, la ficción tiene un paso más ligero.
Podemos soñar con la existencia de otras tierras entre dulcinea y rocinante, o más
allá de sancho, quien sabe.
Pero estamos preparados.
Si los astrónomos descubren nuevos mundos en ese sistema, tenemos nombres para ellos.
El rúcio que acompañaba a sancho, clavileño, pedro pérez, maese nicolás, ginez de pasamonte,
la maridornes o la princesa micomicona.
Aunque esté a casi 50 años luz de nosotros, aunque solo sea un puntito débil en el cielo
meridional, la estrella Cervantes nos ha permitido descubrir sus mundos sorprendentes, y con ello
recordar algunas de las historias más sabrosas que se han escrito en lengua castellana y
conmemorar algunos personajes tan nobles que no reparan en melindres.
Quijotescos, así nos quedamos en el cielo.
En esta vialáctea poblada de mundos, quizá como el nuestro, donde acaso otros caballeros
desfacen en tuertos y honran los antiguos valores de la caballería.
En su última novela, publicada unos meses antes de su muerte, reflexiona un personaje
de Cervantes sobre el saber y la ciencia.
Ninguna ciencia en cuanto a ciencia engaña.
El engaño está en quien no la sabe.
Motivado así, nuestro viaje llega a su destino, a la luz de estos exomundos y de las historias
que a partir de ahora nos acompañan.
¡Vale!
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