Recuerdo una de las últimas veces que hablé con mi abuelo.
Tengo sus palabras aún grabadas en mi memoria.
Me habló sobre un sitio en donde él encontraba paz.
Así que, mi amigo y yo decidimos visitar ese lugar por primera vez.
Y al no saber cómo llegar, nos perdimos un poco.
¡Huevo, se te arregla un chingo!
¡Ah, tú despreocúpate, biche!
¡Mira, ya falta poco para que lleguemos!
No creo que mi abuelo me haya mentido.
¡Chupa piedras, yeh! ¡De qué estamos lesando, hombre!
¡Ya llegamos a la vacuana!
¿Qué es esto?
No es como mi abuelo me lo había contado.
¡Huey, la espira, mira!
¿Qué creías que era Teotihuacán o qué?
¡No! ¿Pero qué es esto?
Hijo de su pinche, gente sin educación.
Vamos a ver las pinturas que tanto decía mi abuelo.
¡Huey, voy a ver qué hay del otro lado!
Está bien, no hay problema.
Otra vez me duerme dina.
¡Qué trampa, biche!
¿Qué pasó?
Las pinturas están geniales, wey.
Otra vez está ese duro de menino de aquel lado.
Jota ese cabrón.
¿Vamos a subir?
Va, vamos.
¡Vamos!
¡Vamos!
¡Vamos!
¡Vamos!
¡Vamos!
¡Vamos!
¡Vamos!
¡Vamos!
¡Vamos!
¡Vamos!
¡Vamos!
¡Vamos!
¡Vamos!
¡Vamos!
¡Vamos!
¡Vamos!
Ayúdenme, ¡ayúdenme!
¡Vamos!
¡Vamos!
¡Vamos!
¡Vamos!
¡Vamos!
La laguna escuricadera.
Subtítulos por la comunidad de Amara.org
