aguante
Muchas gracias, Medianela. Gracias. Vamos a seguir con el primer tema de esta tarde.
Os recuerdo la comunidad de las mujeres, pero ahora con la segunda intervención. ¿Será
con Mirta Moragas? ¿Dónde estás, Mirta? ¿Qué tal estás? Mirta es paraguaya y nos
viene a hablar de derechos sexuales, derechos reproductivos y mujeres jóvenes. Es abogada,
está especializada en los derechos humanos de las mujeres y en evaluación de políticas
públicas, ha trabajado en diversas organizaciones de derechos humanos en áreas de género.
Actualmente colaboras en la elaboración del Plan Nacional de Acción en Derechos
Humanos. Sus áreas prioritarias de interés son las mujeres privadas de libertad, la reflexión
sobre el derecho penal desde una perspectiva de género y los derechos sexuales y reproductivos.
Mirta también pertenece a una organización de feministas, en tu caso se llama las Ramonas.
Las Ramonas tiene ese de Paraguay en tu país y la organización está dedicada a la promoción
del feminismo como propuesta política desde todos los ámbitos, la casa, la facultad,
el trabajo, los amigos, la pareja. Mirta, adelante. Un aplauso para ella, por favor.
Bueno, buenas tardes. Yo en realidad vengo a contar unas historias. Mi mamá decía siempre
que es como mucho más fácil cuando contamos una historia o contamos un cuanto para que
la gente entienda lo que queremos decir, porque si bien hay cosas que son difíciles de entender,
a veces cuando las explicamos desde cómo lo vivimos es mucho más sencillo. Bueno, como
decía la presentación, yo soy de Paraguay, un país muy pequeño de Sudamérica, del
cono sur, en realidad solamente nos gano Uruguay, que somos países muy guay y que estamos
ahí luchando por ser visibles. Y yo quiero contarles básicamente como tres historias
para contarles lo que les quiero transmitir. La primera historia es para que sepan de dónde
viene el nombre de mi organización, que se llama las Ramonas, que es una organización
de feministas jóvenes y cuyo nombre se debe a Ramona Ferreira. Ramona Ferreira era una
feminista anticlerical, allá por el 1920, aproximadamente, y ella tenía un periódico
que se llamaba la voz del siglo. Su periódico fue asaltado varias veces, se trató de incendiar
más de una vez, fue muy perseguida porque ella tenía ideas anticlericales y a la sociedad
hace un sena, asunción es la capital de Paraguay, no le caía muy bien que ella hable de estos
temas. Entonces, bueno, finalmente terminó cerrando el periódico y tal es así que la
voz de Ramona Ferreira es tan poco conocida que no tenemos ni siquiera una fotografía.
Después de un periodo así de revisión de búsqueda no tenemos ninguna fotografía,
entonces dijimos, bueno, tratemos de ponerle la Ramona para poder ir por el mundo contando
de donde viene Ramona Ferreira. La otra historia que les quiero contar es de una mujer que
vino antes que ella en realidad y que se llama Gregoria Mica de la Centurión. Gregoria
Mica de la Centurión era una mujer paraguaya que vivió la época de la independencia del
paraguay, del llugo español, que fue en 1811, unos años después, o sea, cuando Paraguay
se libera, cuando se da la independencia, el siguiente gobierno es un triunvirato que
estaba compuesto por un español, un español que vivía en Asunción hacía muchos años
y que era bastante respetado, que se llama Juan Valeriano Ceballo. Y dos paraguayos,
uno de los cuales es el doctor Gaspar Rodríguez de Francia que después es un dictador, bueno,
un dictador que les voy a decir, es un tema muy largo de debate en Paraguay así que me
voy a saltar eso porque no es de Francia que quiero hablar. Entonces, cuando Francia
era dictador, ya después de haber pasado el triunvirato, Gregoria era una mujer que
tenía un hijo del primer matrimonio. Cuando fallece su marido, ella se empareja con otra
persona, ella siempre fue una mujer súper independiente, ella mantuvo siempre a su
hijo porque quedó viuda muy joven, pero había el pequeño problema que en Paraguay, después
de la independencia, hasta mucho tiempo después, rigió las leyes de las siete partidas. Las
leyes de las siete partidas establecían que una mujer, cuando quedaba viuda y se volvía
a casar, automáticamente los hijos del primer matrimonio iban al hombre más cercano de
la familia consanguínea, que en este caso era Juan Valeriano Ceballo, que era un hombre
de mucho poder en asunción. Entonces, ¿qué hizo Gregoria? Gregoria le escribió una carta
muy hermosa al doctor Francia y le dijo, mi pareja y yo cuidamos mucho a este niño,
que era un niño, este niño siempre, yo soy su madre, nació de mis entrañas, yo tengo
derecho a cuidarle a este niño, yo siempre lo mantuve, siempre fui muy independiente,
mi pareja siempre lo ha visto como un padre, o sea, mi pareja como un padre, bueno, y que
decía que lo justo, que no era lo legal, era que ella se quedara con el niño. Conclusión,
Juan Valeriano Ceballos le deseó a su sobrina, porque era su sobrina, muchos éxitos, y se
quedó con el niño. ¿Por qué les cuento esta historia? Y de hecho es una mujer muy,
muy, muy del anonimato, ¿por qué les cuento? Para decirle varias cosas del primer tema
que les quiero hablar, que es el diálogo intergeneracional, que yo también cuando le escuchaba a Mariana
le decía, yo pa' qué me meto en este tema tan complicado, quién me manda a mí a meterme
en este tema tan complicado, pero quiero decirle varias cosas, una, hay mucho camino recorrido,
y eso hay que ver, o sea, desde la época en que Gregoria mandó una carta pidiendo
quedarse con su niño algo que hoy nos parece, porque yo sentí uno así, algo que nos parece
tan, tan obvio, algo que nos parece que es un derecho, algo que nos parece que hoy no
se discute, en un tiempo sí se discutía, y en un tiempo lo contrario a lo que creemos
hoy era, era lo normal, entre comillas, porque también que es la normalidad, ese para otro
día, entonces lo que hoy decimos que es normal en mucho tiempo no lo fue, y hoy es normal
porque hubo muchas mujeres que como Ramona Ferreira, como Seraphina Ávalo y como otras
tantas en Paraguay y en otros países del mundo hicieron cosas para que eso sea diferente,
o sea, las que perdieron la cabeza por querer votar, las que quemaron corpiños en la calle,
o sea, a todas ellas le debemos, y le debo yo en particular estar hoy para afrenta
de ustedes hablando, entonces yo creo que ese es un punto de partida muy interesante
para empezar este diálogo, que yo creo que también es necesario, porque, porque por
un lado nos interpela a las feministas jóvenes, aunque yo en realidad a cabeza soy menos joven,
pero nos interpela a las feministas jóvenes a rescatar cosas, a rescatar cosas y a ver
a muchas que son nuestras maestras y otras que son nuestras compañeras, porque a mí
me gusta más mirarlo que desde como desde la horizontalidad y no tanto desde la verticalidad,
aunque de verdad que cada día yo aprendo un montón y en el espacio en el que me tocó
esta semana también aprendí un montón, tenemos que aprender unas a otras, esta semana
alguien me dijo, pero ustedes las feministas jóvenes la tienen muy complicada, la tienen
súper complicada porque antes el mundo era más sencillo, y la verdad que yo no lo sé,
que cuando yo pienso en Gregoria yo pienso que el mundo no era tan sencillo, que no
era tan, y que pedir el voto tampoco era tan sencillo, entonces hoy cuando nosotros
salimos a la calle todas juntas a decir las feministas, pero no todas las feministas,
que eso también es otro tema que les voy a decir lo que pienso, cuando salimos a las
calles a decir mi cuerpo es mío y nos parece tan difícil, o sea tan fácil, tan obvio,
no lo es tanto, o sea en realidad no lo es tanto, y cuando yo digo mi cuerpo es mío
no es lo que piensa otra persona que está en los míos pidiendo lo mismo, o sea lo que
para mí significa que mi cuerpo sea mío, no lo significa para todo el mundo, pero
igual varias y muchas por suerte estamos reivindicando que nuestro cuerpo sea nuestro.
¿Qué es la otra cosa sobre la historia de Gregoria que les quiero decir? Que si bien
el camino recorrido es grande, también es grande lo que nos queda por hacer, y cuando
esta persona me decía a usted las feministas jóvenes, la tienen muy complicada, yo estaba
al mismo tiempo de acuerdo y no tan de acuerdo. Estaba de acuerdo porque sí, porque se vienen
tiempos difíciles, yo creo que se vienen tiempos y estamos en tiempos difíciles además de
por toda esta cosa de la crisis y todo, para que les cuento que cada uno sabe a fin de
mes cómo le golpea, se viene difícil porque muchas veces el patriarcado hoy está disfrazado,
y está disfrazado de muchas maneras, o sea hoy probablemente o muy poca gente se va
a oponer a que las mujeres votemos, pero sí mucha gente se puede oponer a que haya paridad
en las listas, que es como otra cara de la moneda. Entonces no es tan sencillo, no es
como que bueno que hacia allá va el norte y hacia allá vamos, sino que hay que empezar
a hilar más fino, o sea cuando en mi país tuvimos 35 años de dictadura del mismo partido
de gobierno y que después de los 35 años de dictadura tuvimos varios años más, en
total 61 años de el mismo partido gobernando donde cambiaban, bueno no cambiaron todos
los rostros, en realidad cuentan que el dictador estrojen en un día después que el que hay
en el 89, miró la foto más o menos en el 90 y dijo pero si en esa foto solo falto
yo dijo, entonces la teníamos como sociedad civil en para hoy un poco fácil en algún
punto, porque claro era ir en contra, en contra, en contra, en contra, y éramos todos y todas
comunistas, que en realidad algunos sí, algunos no, pero era relativamente fácil, no había
mucha complicación ahí porque era si estás en contra ya está, pero ahora donde hay una
mezcla, una mezcla de muchas cosas por ejemplo en un gobierno, que nadie me venga a hablar
de mí de fundamentalismo porque yo tengo un presidente bispo, en un gobierno donde
tenemos un presidente bispo que también nos interpela sobre qué hicimos como sociedad
civil para construir otro tipo de liderazgo, pero es complicado, es complicado porque en
realidad y le digo que es más complicado porque más católico que el presidente, en
realidad él dice presidente, entonces está complicado, entonces qué nos pasó a la feminista,
nos pasó por ejemplo que nuestro presidente que tiene un hijo reconocido y tiene dos más
que nos sabemos, nos puso a la feminista en un lugar muy complicado, porque era por un
lado era un gobierno al que, claro que nosotros cuando íbamos a votar era así, bueno, ¿qué
hacemos? ¿Le votamos al Partido Colorado? ¿O le votamos al bispo? Hijimos bueno, el
Partido Colorado ya sabemos, bueno, el bispo puede que haga la reforma agraria y nos fuimos
ahí detrás del bispo, y en realidad tampoco es que había mucha esperanza así de verdad
verdad, o sea, muchas fuimos súper conscientes de lo que estamos haciendo, no todo el mundo
pero muchas sí y muchas de nosotras sobre todo como feministas sí, entonces el panorama
está tal cual se planteaba, o sea, no hay muchos, o en realidad no solamente no hay
muchos avances sino que hay muchos retrocesos que ni siquiera tienen que ver con Lugo, eso
hay que decirlo, o sea, no es que él va ahí con su cosovispal, sobre todo que su autoridad
moral de obispo, después del primer hijo, miedo que se le complicó, entonces no es
que va él por ahí diciendo no, no, no, sino que el movimiento que en esta región cuando
decimos fundamentalismo religioso yo sé que puede significar muchas cosas, pero donde
yo vivo son los grupos vinculados a las iglesias que no necesariamente son parte de la iglesia
pero que se vinculan ideológicamente con las iglesias para obchuir nuestros derechos,
entonces cuando los grupos fundamentalistas vienen, esa remetida es la complicada en temas
de derechos sexuales y reproductivos, entonces ni siquiera es el presidente, así que si un
día preguntan, ya saben que el presidente me pase menos fundamentalista que mucha gente
laica entre comillas que anda por ahí, entonces los derechos sexuales y reproductivos son
el campo más complejo de los derechos humanos de las mujeres, porque es el ámbito donde
nosotros salimos a decir queremos autonomía sobre nuestro propio cuerpo, yo quiero que
mi cuerpo sea mío y que el Estado no me lo impida o no me lo regule, y que el Estado
sí me garantice mi libertad, entonces ahí es que la cosa se vuelve muy complicada, porque
vos puedes votar, o sea como mujer te vamos a dejar que vote, te podemos dejar que tengas
un porcentaje dentro de las listas, pero sobre el territorio más importante que verdaderamente
nos define que es nuestro cuerpo, ah no, ese si no, ese si no te lo voy a dar, entonces
estamos ahí, entonces es súper complicado y ahí hay complicaciones incluso dentro
por un lado del movimiento feminista, porque hay quienes que están acueros, sí, sí vamos
a votar todas, pero abierto eso no estoy tan segura, dentro del propio movimiento feminista,
entonces ahí es que la tenemos también complicada, que en realidad nos dice que como feministas
que trabajamos estos temas lo que tenemos que hacer es seguir conversando y seguir dialogando
y que es a lo primero que yo iba, y que va mucho más allá de lo generacional, o sea
tenemos que hablar de estos temas, tenemos que sacar lo que pensamos y no solamente lo
que pensamos sino fundamentalmente lo que sentimos, porque cuando yo digo estoy de acuerdo
o estoy en contra, muchas veces no necesariamente lo hago desde la racionalidad, sino lo hago
desde cómo yo he vivido mi ser mujer y qué cosas yo he vivido en mi niñez, en mi juventud,
qué cosas me han dicho que yo podía o no podía hacer, que yo hoy no lo puedo reproducir,
yo no lo puedo explicar pero de lo cual yo estoy segura, entonces esa batalla también
es muy dura y esa batalla también la tenemos que dar y fundamentalmente esa batalla la
tenemos que dar con nuestras paredes, porque primero tenemos que estar todas juntas de
acuerdo en que nuestro cuerpo es nuestro y que tenemos que hacer con nuestro cuerpo
lo que queramos y después ir a pedirle al Estado, bueno hay que pedirle al Estado siempre,
pero tenemos que estar todas de acuerdo, que no es lo mismo, claro que no es lo mismo como
que ella vuelga a ese exo que se hizo una vez para parar una guerra, que nos vayamos
10 cada 28 de septiembre con el mismo cartel, es complicado, hay que ponerle mucha onda,
hay que ponerle mucha pasión porque en realidad es que nos interpela y a veces es más fácil
no ser interpelado y es al no ser interpelada lo que no tenemos que renunciar, es decir,
no renunciemos a pensarnos a nosotras mismas en el camino del feminismo y no renunciemos
a pensarnos a nosotras mismas como movimiento en este camino por la igualdad y es muchas
veces a ese diálogo al que renunciamos, todas, no solamente intergeneracionalmente
sino también intrageneracionalmente, también con mujeres que no se definen feministas
que en repente si yo a veces la entiendo, que yo conozco y ustedes conocerán cada
ejemplar, que bueno, que tampoco es que ayuda mucho, entonces lo que tenemos que hacer es
crear espacios, lo que tenemos que hacer es crear espacios donde veamos que el ser feminista
es mucho más allá de lo que la gente cree y por qué lo crea la gente porque esa es
la mala prensa y esa mala prensa no es un hacer de la vida sino son las maneras como
el patriarcado se manifiesta para impedir este país de las mujeres como alguna vez escribió
Yoconda Belli, o sea para evitar este país de las mujeres es que el patriarcado se junta
y nos hace creer que nosotros somos malas, entre nosotras pero porque somos más nuevos
malas, no porque nos hacen creer que somos malas, porque y otra cosa que también es
que tenemos derecho a ser malas un poco, que no se puede ser tan buena en la vida, que
es aburrido sobre todo, que es profunda en este aburrido, entonces hablemos, hablemos,
hablemos, hablemos y la última historia de los tres minutos que me quedan que les quiero
contar es mi historia, yo empecé, o sea no sé si empecé pero me acuerdo que cuando
empecé a creer que era feminista fue en el movimiento estudiantil secundario cuando
yo veía que había una cosa que a mí no me cuadraba, había una cosa que yo no terminaba
de entender y yo no terminaba de digerir, había una sensación de molestia que yo no podía
definir, había una cosa que a mí el movimiento estudiantil no me estaba diciendo o de lo
cual no estábamos hablando en el movimiento estudiantil, que fue un movimiento maravilloso
porque salíamos a las calles, teníamos menos de 18 años y llenábamos las plazas, llenábamos
los parques, decíamos en aquel entonces era voleto estudiantil necesitamos voleto estudiantil,
necesitamos, tenemos derecho a estudiar, pero después me di cuenta con el paso del tiempo
ahora cuando miro atrás, pienso que lo que el movimiento estudiantil en aquel entonces
no me estaba dando era la posibilidad de pensarme a mí como mujer dentro del movimiento
social y ahí fue el que me di cuenta que yo era feminista y que soy feminista, entonces
bueno ahí fui dando vueltas buscando donde parar, donde caer, bueno ahí llegué a las
ramonas y dentro de las ramonas ahí llegué al tema de los derechos sexuales y reproductivos
y dije esto es lo que a mí me faltaba, esto era lo que el movimiento social a mí no me
estaba dando, no me estaba dando la posibilidad de pensar en la revolución como decimos solemos
decir que ni siquiera es nuestro obviamente, en la calle, en la cama y en la plaza y en
la casa y en la cocina en mi casa porque yo cocino ideas como decía yo cocino ideas decía
un cartel que vi por acá entonces yo que cocino ideas nomás, entonces empecé a autoflajarme
porque yo solo cocino ideas y no cocino salvo alguna comida típica nada bien, entonces
ahí me di cuenta que el movimiento estudiantil le estaba faltando feminismo y que a mi feminismo
le estaba faltando pensar mi propio cuerpo y a pensar mi propio cuerpo me estaban faltando
compañeras con las cuales pensar nuestros propios cuerpos y hablar de ello y lo otro
que finalmente descubrí es que además de pensar nuestros propios cuerpos teníamos
que animarnos a hablar del placer, teníamos que animarnos a hablar del placer fuera de
la culpa, del placer fuera de un contexto en el cual eso está mal, está prohibido
o es sucio o debe ser monogámico necesariamente o debe hacerse dentro del matrimonio o debe
hacerse solamente dentro de la heterosexualidad o solamente de determinadas prácticas, entonces
ahí fue que descubrí que yo creo que el último, no sé si el último, pero uno de
los últimos digamos la última bandera del pachercado que creo que el día que lleguemos
ahí estaremos, dicen que tiene mucho que ver con la utopía y que la utopía corre
y que ahí vamos, pero creo que el día que podamos masticar, hablar y seguir sintiendo
placer sin culpa, sin dogmatismo, sin racionalidad sobre todo, ese día creo que le habremos
ganado una gran batalla al pachercado y ojalá que todos algún día lleguemos a ganarle
esa batalla al pachercado. Gracias.
