Queridos amigos, bienvenidos a Vida Misionera, estoy super contento de poder presentar a
una de las personas que más he admirado en mi vida, Monseñor Leonidas Proaño, famoso
no solamente en Ecuador y en el continente sino más allá del continente americano.
No pretendemos contarle todo, ni siquiera contarle todo lo que otros no han contado,
solamente pretendemos sacar a la luz pública algo que no se ha dicho de él y que a nosotros
nos ha parecido que ha sido fundamento y cimiento de sus opciones.
Conocamos un poquito más de Leonidas Proaño.
Monseñor Leonidas Proaño, un hombre de Dios.
Mis padres eran pobres, eran tejedores de sombrero, mi papá componía sombreros de
paja y yo cuando niño también trabajé tejiendo sombreros y ayudando a mi padre en la compostura
de sombreros.
Monseñor Leonidas Proaño es recordado en Ecuador por su labor constante en búsqueda
de que los indígenas, especialmente de Chimborazo, fueran tratados dignamente.
Para ello predicó con el ejemplo, siendo humilde y austero en su vida, vistiéndose al igual
que ellos con un poncho.
Esta labor ha hecho que la historia lo recuerde como un activista, que otros lo acusaran
de mezclar la política con la fe.
Pero al revisar su vida, el Evangelio de Jesucristo estuvo siempre presente en su accionar.
¿Cómo se sentía usted frente a ella?
Como un aprendiz completo, porque uno tenía la sensación de que estaba frente a un maestro,
que no quería ser realmente maestro, sino que la relación era un interaprendizaje.
Yo me acuerdo que en mi familia, muchos le aprecieron al Monseñor y tenían las costumbres
de ir a misa de la concepción que daban las noches para oír su sermón.
Ahí también me llamó la atención, y era todos los domingos que salíamos de misa,
y los niños le enviaban a Monseñor.
Y tenía sus intervenciones que salían, diríamos, de los normales que esa época que llamaba
la atención.
Entonces para mí comenzó a ser desde ese entonces alguien que me inspiraba en mi ocasión
para hacer docio.
Algunos dicen bueno que somos seguidores de él, no, somos seguidores de nuestro Señor
Jesucristo, pero para mí es la persona que dio sentido a misa de docio.
Especialmente a quienes no le conocían, impactaba de cómo era posible que un obispo sea tan
simple, tan sencillo en su procedimiento, en su palabra, en su forma de ser.
En esa época que teníamos esa situación dura teníamos que dar la mano envuelto con
el poncho, y yo también saludé con el poncho envuelto en mi mano, porque nuestra mano era
impultura, y por lo tanto entonces el obispo dijo ahora vamos a saludar como hermanos,
mano a mano, no vamos a saludar con el poncho ni envuelto ni nada, somos hermanos.
De dónde saldrá esa alegría, esa felicidad de los pobres?
Ah, porque son capaces de amar los unos a los otros.
Comían con los demás, las personas que trabajen en la casa se sentaban con el obispo.
No me parecía así como hablar con un obispo que a veces y ahora que le digo no, sí,
es sencillito bien simple y con qué modo acogía y el modo de acoger, pues uno de por
sí le hacía que actúe con naturalidad.
Recibía a todos, oía a todos, daba su palabra, pero sabía lo que tenía que hacer, era
un hombre prudente, nunca tomaba las decisiones, jamás debí tomar una decisión importante
a la presuradamente, luego si ya esperemos, vamos, tenemos que consultar, hay que dialogar.
Para él el escuchar al otro tampoco es una simple escucha, es descubrir en cada persona,
en cada hermano, descubrir la presencia del Señor.
El credo de Proaño.
Leonidas Proaño creció en un hogar modesto y es quizás esa experiencia la que lo llevó
a valorar al ser humano, ese ser humano creado por Dios y por tanto capaz de sentir, de amar
y de trabajar por su futuro.
Estaba atento, nos acompañaba en una oración, nos ayudaba a analizar con signos, con palabras
propias del pueblo y luego también, él no estaba allí tranquilito sentado, o sea, siempre
en actividad.
Nunca le escuché a él a niveles de la situación dura que vivía compartiendo las situaciones
angustiosas de la gente y de los pobres y de los indígenas, nunca le vivíamos agresivo
o con palabras duras y peor incitando.
Yo creo que el mensaje que voy llevando por todos lados es el de que nos convirtamos precisamente
en trabajadores, en obreros de la paz.
No iba preparado con conferencias, con charlas y no preguntas, sacar las inquietudes, las
ideas, el pensamiento de la gente.
Eso fue el método, eso es más importante, la actitud de escuchar, de mirar la realidad
y de ahí él ayudaba a sacar, no analizar, a reflexionar a partir de la realidad.
Vivía una vida bien sencilla, que apenas tenía una mesita en su cuarto, una vida bien sin.
Para nosotros, nosotros hemos dicho más que es un taita y el taita tiene una categoría
de un señor, de un sabio, de un maestro, entonces eso es lo que nosotros hemos reconocido
por eso hemos dicho, taita pro año.
Pro año, un hombre de fe.
Esta persona en diversos momentos de su vida necesita de algo que lo impulse, que lo levante
si es necesario o que lo mantenga firme en sus proyectos.
¿De dónde lograba esa fuerza Leonidas pro año?
La fuerza que sacaba pro año es de la oración, de la meditación del Evangelio, yo les dije
que era una persona fiel a la lectura, a la reflexión y al comentario de la palabra de
Dios, también del contacto con la gente, del contacto con el pueblo y ahí sacaba fuerza
para hacer lo que él hizo.
Él es un hombre de fe.
Muy de oración.
Había un momento que él siempre que se sentaba y como vemos en las fotos también está siempre
así y en un recogimiento y contemplación que él vivía en eso y cuando viajaba igual.
A mí me consta eso, era un hombre de oración.
Pero fondamente contemplativo y orante en todo lo que él hace, en todo lo que ve y que muchas
veces desde fuera algunas personas le han visto solo como un activista.
Se han lanzado al aire acusaciones que imponen en tela de juicio mi identidad y mi autenticidad
en el servicio a la misión que he recibido.
Él me ha acusado de comunista.
Esta acusación afecta a mi identidad de cristiano y de obispo de la iglesia católica.
Por esto, a ejemplo de Jesús respondo, soy cristiano.
Para esto nací en el día de viva autismo.
Soy sacerdote y obispo de la iglesia católica.
Supo valorar, decir que mi universidad ha sido los, las comunidades, el campo y mis mejores
maestros, los indígenas, los pobres.
Para mí ese es lo que uno tiene que resaltar y para mí personalmente ese es el mayor mensaje
de fe como Jesús supo hacer en sus tiempos, estar con la gente, con la gente y dar el
testimonio del amor del Padre.
Nos cuenta él como un señor se levantaba y en la tarde, por más en la noche, por más
que llegaba cansadito de las comunidades, siempre ante el santísimo para la oración.
Y en la mañana lo primerito igual la oración.
Yo por eso pienso ese alimento era la oración y la eucaristía porque como él dice en la
historia también que hasta su vocación afirmó siempre delante del santísimo y de igual manera
pues él lo vivía así.
Un hombre que meditaba mucho, cuando digo meditaba era no sólo la reflexión, no sólo el diálogo,
sino que era también esto ponerle delante de Dios, orar.
Y así, a través de la oración, ahí vio el volo que decía espiritualidad del inglespíritu
que sabía encontrar la luz de los pasos que tenían que darse, que nunca era una luz
que individualmente la encontraba, la encontraba siempre en comunidad.
Diálogo, fe y realidad.
Leonidas Proaño usaba siempre el diálogo, no sólo para conocer las necesidades de sus
hermanos sino para hacer que ellos mismos generaran ideas y al hacerlo se dieran cuenta
de que un futuro mejor estaba en sus manos.
Decía que no hay evangelización sin concientización, decía que no es necesario que hablemos de
evangelización concientizadora, pero para no redundar hablaba de esto, de una evangelización
que despierta la conciencia, una evangelización que descubre la realidad, abre los ojos del
pueblo al que llega la acción evangelizadora.
En estos momentos, lo que Monseñor Proaño nos diría, es lo que decía el concilio
Vaticano, regresen a las fuentes, regresen al evangelio, regresen a la enseñanza de
Jesús.
Para mí, verdaderamente, Proaño tiene esa faceta, y creo que es la más importante,
lo que no es apreciada, no es divulgada, no ha sido manifestada verdaderamente al hombre
profundamente interior, ha pegado fielmente a Jesús en su evangelio.
Recuerdo un día cuando fue donde nosotros estuvimos formando más o menos unos nueve
jóvenes, en ese rato él nos llamó la atención, decíamos cómo sienten ustedes, y qué tal
cercanía con los hermanos primero, y cuando preguntó que estamos muy bien, nos sentimos
como hermanos, él decía, pues ahí está Dios, y eso es lo que a nosotros espiritualmente
nos motivaba, que Dios había venido entre nosotros para manifestarlos, para expresarlos.
A mí lo que siempre me impresionó es que no había intervención de él, sea en las
comunidades indígenas, sea con los sacerdotes, sea con las grandes autoridades, sea cuando
le daban un grado honor y caos en la universidad, en que no se refiriere a la palabra de Dios.
Como cristiano, sacerdote y obispo, recibí la misión de programar la buena nueva del
reino de Dios a los pobres. He optado por los pobres, tratando de seguir las huellas
del Hijo de Dios, que se hizo el Hijo del Hombre con un indiscutible amor de predilección
a los pobres. He luchado y lucho desde los pobres y con los pobres, por alcanzar el
privilegio de ser testigo del Dios que es la vida, la verdad, el amor, la justicia, la
paz y la alegría.
El legado de Proaño
Monseñor Proaño recibió diversos reconocimientos. Fue candidato al Premio Nobel de la Paz, fue
doctor Honoris Causa, escribió varios libros. Sobre su labor se han producido varios documentales,
programas de radio, escritos periodísticos y más. Quienes no lo conocen pensarían
que tal afecto se debe a una labor material, pero su labor fue más profunda, su labor
se desenvolvió en el alma y en el corazón de la gente.
Mi mamá mismo, mi papá, padre Carlos Vera, la mamá Sofía, Rosero, mamá Chave, ellos,
con ellos yo también empecé a hacer la vida de misiones, ir a las comunidades, estar
con la gente, compartir la palabra de Dios, ver los problemas de ellos, tratas de iluminar,
porque así trabajaba Monseñor Proaño.
En 1965 participó junto a otros obispos latinoamericanos en una propuesta que buscaba
reivindicar a los pueblos de esta región, para lo cual este grupo de obispos se comprometía
a renunciar a los privilegios y a vivir de acuerdo al ejemplo de Jesús.
Fue obispo en el Concilio Baticano II, y al fin del Concilio Baticano estaba entre los
obispos que se reunían, sobre todo latinoamericanos y brasileiros, para verdaderamente ver cómo
podían aplicar el Concilio desde la realidad de la situación difícil de las inmensas
mayorías pobres y creyentes de nuestro continente, pero se reunían ellos también con algunos
otros y también algunos altos, hasta había el Cardenal Hercaro que apoyaba y bendecía
esta acción.
Y allí salió lo que se conoce como la carta de las catacumbas, él no estuvo ese momento
de la firma, pero es el que estuvo en su proceso y es el que también después ya
vio entre los 500 que estaban, posteriormente aprobaron este documento.
La Santidad de Proaño Al repasar su vida y obra, hay quienes
se refieren a él como un santo por estas razones.
Me parece a mí que si alguien hay que ver históricamente en nuestro país para entender
lo que significa pastorear, lo que significa evangelizar, lo que es dar la vida por las
ovejitas, creo que hay que mirar a dos Leonidas Proaño, que tuvo como consecuencia de eso
muchos conflictos y sufrimientos.
Para mí, Proaño es uno de esos profetas que murió muy incomprendido, muy solo hasta
los mismos que le buscaban y le respaldaban, fue muy duro para él, está juicio como abandonado
y todos los que le abandonaron, pero precisamente, porque no quisieron reconocer ni a subir
la faceta del hombre de Dios, que sigue fielmente el Evangelio, que es seguidor de Jesús y
que quiere la instauración de su reino.
Cuando hablamos de San Leonidas, es verdaderamente que él a paso a paso fue avanzando y viendo
y sabiendo acompañar el proceso de la gente y desde ahí para mí verdad es el San Leonidas,
sin que oficialmente la iglesia ya haya puesto en los altares para mí personalmente él
es un santo.
Entonces eso diría yo de Proaño respecto a la santidad, todo bien que Dios ha hecho
a través de él y cómo ha logrado comprometer a muchas personas.
Creo que los santos están en el altar de la intimidad de la gente organizada, de la
gente trabajadora, ese me parece que su altar, esa es su gloria, esa es su justificación
histórica.
Proaño es santo, yo no quería decir es o era santo por la manera misma como Proaño
llevó adelante las cosas, no Proaño no buscaba la alabanza de las personas, sino él vivía
lo que se metió, entonces es una persona elegida por Dios y Él respondió a esa elección
para la liberación del pueblo indígena, no solamente del chimborazo, sino como dije
el comienzo de muchas provincias.
El 31 de agosto de 1988 a los 78 años fallece Monseñor Leonidas Proaño, dejando un vacío
profundo en la gente, pero antes había ya sembrado la semilla del reino.
En San Juan hubo una reunión de catequistas y el párroco llevó a Monseñor Proaño para
que nos diera ejercicios de retiros, empezó hablando de la muerte Monseñor Proaño, entonces
la mamá era diciendo Dios no quiera eso, entonces Monseñor Proaño decía que el grano
de trigo tiene que morir para dar más fruto, desde ahí también el hecho de que los árboles
que sembraste, tú te vas pero quedan los árboles que sembraste.
El tiempo pasa y un día nos abandonó y es en Pucaguayco de San Antonio de Ibarro en donde
reposan sus restos físicos, pero su presencia evangélica permanece.
Toda la tarde fueron desfiles impresionantes, iban bajando por comunidades enteras, toda
la noche un desfile, la madrugada toda la noche, un desfile impresionante de indígenas
con situación de dolor.
Como decían y sentía eso que estaban interesando, estaban despidiendo y tenían que despedir
con gratitud al día en que era parte de sí mismo, parte de su pueblo, el taita que le
decían para ellos no es solamente el sentíste de padre, es digamos el padre que es Señor,
el padre que es dolido, el padre que es uno que tiene nuestra sangre, es decir, ha vivido
nuestro amigo.
Quien como tú, profeta de voz potente, quien como tú, pregorero de libertad, como te va
a olvidar, como te va a olvidar, taitamito señor pro año, como te va a olvidar, como
te va a olvidar, este pueblo que tanto te ama, taitamito señor pro año, este pueblo
que tanto te ama, como te va a olvidar.
Queridos hermanos, yo también fui una de esas personas que quiso ir al funerar de Monseñor
Leonidas en Río Bampa.
Sé que fue ayer, lo recuerdo con la misma intensidad, ver asacerdotes, obispos, religiosas,
blancos, negros, mestizos, indígenas, todos lloraban, ojos rojos por todas partes, personas
apoyadas en la pared, como intentando sostenerse en su dolor, personas que se abrazaban consolándose
uno al otro, personas tristes, que de alguna manera su tristeza era un decirle gracias Monseñor
por todo lo que has hecho por nosotros, gracias de todo corazón, y permítame queridos hermanos,
que yo también quiero decir gracias Monseñor Pro año, gracias por el ejemplo que nos has
dado, gracias por el bien que has hecho, gracias por la soledad que tuviste que llevar
por la incomprensión de otras personas, gracias señor por el ejemplo de este hombre, y gracias
también por los que todavía siguen sus pasos.
Y hasta un próximo programa, que Dios les bendiga.
