La segunda ciudad del país y antigua capital de los rinos independientes es el centro espiritual
de Sri Lanka a Albergar, en su famoso templo la Sagrada Reliquia del Diente de Buda. Situada
entre verdes colinas y un llamativo lago en su centro, dicen que es una de las ciudades
más bellas del país, aunque a nosotros no nos terminó de convencer del todo, posiblemente
debido a su intenso tráfico. Si podemos afirmar que es la ciudad con mayor oferta gastronómica
y donde mejor se come. Pero si queremos subir de la ciudad, justo al lado del lago, se encuentra
el santuario de Udahuatarkele. Como era una reserva forestal real donde nadie podía
aventurarse, permaneció impenetrable durante siglos. Hoy en día varios senderos recorren el parque
entre árboles, enredaderas, líquenes y algún que otro animal como pájaros, monos, jabalíes o
ciervos. El estanque solía ser usado por la realeza para bañarse. Se dice que el bosque era tan
impenetrable que cuando la familia real se veía amenazada se escondía en su interior y subían a lo
más alto para elzar la bandera y demostrar, así que seguían con vida. El parque posee magníficos
ejemplares de la flora típica del país, pero también especies invasoras que desplaza las plantas
autóctonas. Entre todos los seres vivos que habitan en el parque hay uno que lleva aquí más de 2.000
años. Y es que durante estos 2.000 años esta enorme liana ha ido grabando la historia del bosque en
cada vuelta de su retorcido tronco. Aunque parezca mentira, la liana abarca una superficie equivalente
a un campo de fútbol. Es cierto que ha tenido 2.000 años para crecer, pero no deja de ser impresionante.
El valor del templo del diente de Buda es más espiritual que arquitectónico y a pesar de su
estilo clásico europeo, la visita para el turista occidental de Apié puede no resultar del todo
estimulante. Construido en el siglo XVIII, su interior guarda la reliquia más preciada del país y es el
principal lugar de preagrinaje de Sri Lanka. Al edificio principal se accede a través de un colorido
pasaje. En el centro se encuentra un tabernáculo que contiene el relicario del diente ornado de
pinturas y frescos. A la segunda planta se llega a través de unas escaleras donde están dispuestos
diversos objetos usados durante la procesión del diente de Buda, una de las festividades más
importantes coloridas y visuales de todo el país. En esta segunda planta se expone tres veces al día
la reliquia sagrada acompañada de una ceremonia con tambores. Las puertas de plata de la cámara
están adornadas con colmillos de elefantes y se abren para que los fieles que hacen religiosamente
cola puedan dejar sus ofrendas. El tumulto que se forma al inicio de las pujas es considerable,
pero basta esperar unos minutos para que todo se calme y se pueda disfrutar de la reliquia. Que
bien es cierto, no se ve en ningún momento pues está dentro de una minúscula Dagoba
cincelada a Inoro. Detrás del tabernáculo hay una sala de oraciones decorada con frescos que
cuentan la vida y enseñanzas de Buda, así como numerosos Budas de bronce. Preside un gran Buda
dorado regalado por Tailandia. Una vez fuera nos encontramos con el salón de audiencias construido
en madera. Lo dicho es un templo budista un tanto atípico que no logra infundir en el visitante
ese aire de espiritualidad tan bello y enriquecedor como en otros templos de Asia.
El embeca de Balaya es un templo hindú del siglo XIV dedicado a Masjazen, el dios indígena de la
guerra. Lo más llamativo del templo es el salón de tambores con sus pilares finamente tallados.
Se dice que algunos de ellos provienen de la cercana ciudad de Gambola donde había un palacio.
El pórtico o Baja Alcada también es de interés por ser uno de los más antiguos del país. Un
grupo de escolares visitan también el lugar pero están demasiado ocupados como para hacernos caso.
A un breve paseo se encuentra el templo budista de Lankantilaka. Asentado sobre una colina es el
más bello de los tres. Construido también en el siglo XIV muestra claras influencias indias porque
de allí era Oriundo su arquitecto. En su interior una estatua de Buda sedente flanqueado por otras
dos imágenes nos da la bienvenida. Rodeado de bellos murales todo el interior está finamente
decorado. El templo es de granito y está recubierto de yeso y sobre este yeso es donde
los artistas dejaron su buen hacer.
Originalmente el templo poseía cuatro plantas tal y como reflejan las escrituras en piedra que hay
en el exterior. Es un bello lugar para descansar antes de emprender de nuevo la marcha hacia el
último templo, el templo Galalas de Nilla. También levantado en el siglo XIV se encuentra
puntalado y con una tejabana para protegerlo de la lluvia. El templo de granito recuerda mucho a
los del sur de la India. El Buda del interior se ha asentado bajo el típico Makara Torana,
barco de los dragones dingales cuyo origen y significado aún desconcierta a los investigadores.
