Conoces el típico amigo de tu hijo descuidado. Conojeras de no dormir. Ese que, si lo vieras,
cambiarías de acera porque no te fías ni un pelo. Pues ese, ese no soy yo. Sería demasiado
evidente que un tipo como ese es el que le pasa la farlopa a tu hijo y no yo. ¿No crees?
Me llamo Gabriel y sí, soy cameño. Mantenerse en este oficio no es fácil, por eso sigo mis
propias normas. 1. La imagen esencial para transmitir confianza y seguridad. 2. El proveedor debe
ser alguien discreto y fiable. 3. Los clientes, un grupo de consumidores habituales y jamás
venderá desconocidos. 4. Muy importante. Nunca consumir el producto. Y 5. Retirate de tiempo.
¿Estás loco, tío?
¿Estás loco, tío? ¿Qué mierda estás diciendo?
Pues eso, Marc, que lo dejo.
Tenemos montado de puta madre. Tú, yo y mi tío.
Sí, sí. Pero quiero cambiar de vida, ¿sabes? Casarme, tener hijos, joder, callate ya.
¿Y ahora qué le digo, mi tío? ¿No nos dejas? No creo que le siente bien. Un gran golpe.
¿Qué? Escúchame. Solo necesito un último contacto. Yo me encargo de todos los demás. Hablaré
con mi tío, pero da lo por hecho. A ver, ¿qué tienes para mi Gabriel, ya que
vemos cuánto antes? Bueno, el rencor no te lleve. A ver, escúchame. ¿El rencor qué
es, hijo de puta? Me dejaste tirado, eh, guarro. 6 putos años por tu culpa, cabrón.
Estábamos contra las cuerdas. ¿Tú qué hubieras hecho? ¿Qué hubieras hecho? ¿Tienes
graciao? ¿Ginharme y salir por patas mientras brilla la policía? Pues no, hijo de puta.
Pues no. 6 millones, bueno. 6. Uno por cada año.
¿Qué dices? Ni redención.
¿Tú rede qué? Ya no vengas a ir listo ahora, ¿eh?
No, no, no, no, joder, espera. Tú tienes 25 kilos de coca y no sabes cómo venderla.
¿Tú cómo coño sabes eso? Eso no importa ahora. Necesitas la pasta. Yo puedo ayudarte.
¿Qué propones? Tengo un comprador. Está dispuesto a pagar 12 millones. 50 y 50.
¿Qué es esto? A ver, mi contacto desea la entrega en esta
maleta. Se pone la mercancía dentro y una vez cerrada no podremos volver a abrir. Solo
él tiene la llave para abrirla en el momento de la entrega.
¿Por qué? Porque sí.
Patato, ahorita mesa. A ver, mañana por la tarde. Nos reunimos en el almacén abandonado.
Y nos dirigimos juntos hacia el lugar de la entrega.
¿No has entendido bien, no? Venga. Vale. Pero la maleta se queda aquí.
¿Cómo?
¿Qué te crees? ¿Qué pasa? Volver a dejarme tirado. Ferro sistemático.
No. Está vendiendo el abrir. Está vendiendo voy a caer. Se puntúa el mañana. Y ponte
ropa limpia. Guarro.
Miren ahora. Me gusta tu concepto ahí junto a la mirada.
Dejame de que te lo dices. Y dime dónde tenemos hoy.
Bueno, relájate.
Te lo digas. A ver, lo has traído todo.
¿Qué no lo ves? Parece estonto.
En el kilómetro 34 de la C12 hay un desvio a la derecha. Dos kilómetros y allí nos
espera. Venga, vámonos.
No. Tú no.
Venga, vámonos.
Venga, vámonos.
Venga, vámonos.
Dime el dinero. ¿Dónde está el dinero?
¿Tú eres el mono? Sí.
¿Y Gabri? Gabri no ha podido venir. Me ha enviado a mi.
¿Tú eres gilipollas? Cabrón. Voy a contarte un cuento.
Un zorromuy astuto hizo un pacto con el lobo. Le ofreció un jugoso descuento sobre un material
que tenía guardado su amigo, la rata. Y un par de condiciones muy fáciles. Una que el
pago sería por adelantado. Y la otra a quien no sabes cuál era. Comerse a la rata.
Gabri te ha enviado aquí a que acabe su trabajo y él se ha marchado y debe estar tan contento
riendose de ti. Me parece que el zorro no está listo como creías. Yo lo he matado.
Según lo veo yo, solo hay dos opciones. O bien te dejo vivo, te quedas con la pasta
de Gabri y aquí no ha pasado nada. O te mato y me quedo yo con todo.
Como una de mis virtudes es la generosidad, te voy a ofrecer una raya de coca para que
te sea más fácil. De paso comprobaré la pureza del zorro. ¿Qué me has traído aquí?
¿Ha sido tu hijo puta? ¿Esto es lo que me has traído? ¿Dónde está la coca?
No lo sé. Esto es lo que me habéis traído. No soy más que una rata miserable y un puto pijo de mierda.
¿Hay alguien que queráis quitaros de encima?
Hay un tipo. Perfecto. Lo que haré será lo siguiente. Tengo un viejo amigo en Mono
con 25 kilos de coca que él solo no puede vender. Él será el anzuelo y así me lo quito de encima.
Luego, a vuestro contacto le haré un trato, que consistirá en hacerle un jugoso descuento
a cambio de que me pague por adelantado y que se deshaga del Mono. Me ganaré su confianza
proponiendole que me dé una maleta para poner la droga y que solo él tenga la llave y aceptará.
El Mono tiene el material protegido en un parking con seguridad de activar. Conociéndole como le conozco
querrá guardar el maletín en el parking y en cualquier momento me pegará o me agarrará.
No será difícil conseguir su huella. Luego por la noche me colaré y haré el cambiazo.
Con lo rencoroso que es querrá matarme por unas cosillas del pasado. Ya me las apañaré.
El Mono irá a hacer la entrega solo y cuando tu contacto descubra que no hay lo que esperaba en la maleta
no necesitará más motivos para matarle.
¡Ah!
¡Ah!
¡Ah!
¡Hey, Marc!
¿Qué pasa? Dime.
Todo ha salido bien. ¿Le has dado la maleta a tu tío?
Sí, está muy contento, muchas gracias. Pero ¿qué vas a hacer ahora con 12 millones?
Cabri, ¿estás seguro? ¿Lo has pensado bien?
Te echaré de menos.
Marc, ¿qué?
No puedo más, tío. Le dejo.
¿Por qué?
Me he hecho un dorrano.
¡Ah!
¡Ah!
