El tío Oscar funciona así. Vas a agarrar las marcarías, depositas el dinero y chau.
Mi nombre es César Nieto, tengo 34 años. Trabajo en un cuarto orgánico, en el quiojito de la ruta.
Trabajamos dos personas, yo y mi primo. El quiojo fue una idea que me dieron para
vender la marcaría, que la gente levantara la marcaría, dejara el dinero. Me entusiamó
a lo primero, pensaba que digo, va, será, vamos a ver. Mejor sorprendido porque fue la
primera venta, fueron dos bolsas de limón. Todo el mundo me decía que es buena esta idea que
está funcionando. Empecé a llevar perejil y después empezamos a plantar otras cosas para
intentar colocar más. Y la verdad que un desafío que te pones a pensar que la honestidad sigue
todavía en pie y que la gente lo uruguayo como dice somos todos hermanos y te cuida y te admira
por lo que hace y es un trabajo sencillo. Cuando me meto en la quinta, por lo menos si tengo un
problema o algo, me olvido, me distraigo. Yo particularmente también no me gusta mirar
informativo, pero uno cuando miren informativo y piensan, ¡pá, estamos todos perdidos! Pero yo
al revés, yo digo no, no sé, no es como se ve en el informativo. Pues yo veo otra cara de la
gente que no la ve nadie, que es la amistad, la honestidad. Lo que aprendí más todavía es que
la gente todavía sigue valorando la confianza y ayudar a los demás porque para nosotros es una
ayuda que nos compren porque te entusiasma a seguir produciendo. Una vez nos dejaron regalos
también, huevo, casero, queso, ciruela. Y yo digo, ¡pá, ese primo, se ve que piensan que
estamos pasando mal! Es algo maravilloso la amistad y la solidaridad que tiene la gente. Y los niños y
todo, que ven que los padres compren y todo, esos son niños que se acostumbran con eso y pues para
ellos es normal. Para ellos es mucho más fácil después actuar bien que decir, no, si papá llevaba el
bar de seis y dejaba el dinero.
