A desalambar, a desalambar,
que la tierra es nuestra, es tu y ni aquel.
L'Espèdria i la Maria llego a mi voce.
A desalambar, a desalambar,
que la tierra es nuestra, es tu y ni aquel.
Desalambar.
Benvinguts als singulars.
La indefensió continuada porta la indignació.
I la indignació, també continuada, acaba sortint al carrer.
Acaba omplint places de gent que diu prou.
Missatges que s'han pogut veure
i llegir en les concentracions a diferents ciutats d'Espanya
d'aquesta última setmana.
Fiat té d'un banco i dormirà genel.
I, si no no es deixi soñar, no els deixarem dormir.
Avui nosaltres volem continuar somiant.
I ho farem amb un home, amb un mestre de la paraula,
que fa molts anys que no es cansa de dir el món.
Un altre món és possible.
Ell és Eduardo Galeano, escritor, perillista i intelectual.
Ha patit l'exili i es va enfrontar a les dictadures
de l'Uruguai, al seu país, i de l'Argentina.
Se'l compara en Gabriel García Márquez i a John Dos Pasos.
Galeano ens posarà la lletra
a la nostra voluntat de continuar somiant.
I volíem que una altra persona valenta i compromesa
ens hi posés la música.
Paco y Váñez.
Però una indisposició d'últim hora ha impedit
que Paco i Váñez fos aquí avui.
Amb tot, acabarem el programa amb una de les seves peces antològiques.
Dit això, comencem.
Benvingut, senyor Eduardo Galeano, gràcies per ser aquí.
El programa Singulars, per favor, segui.
Eduardo, llega usted y se encuentra con las plazas llenas de gente,
gritando, otra democracia, es posible.
¿Qué le parece?
Me parece una experiencia estupenda.
La verdad es que fue muy emocionante para mí
por meterme entre las gente cuando llegué a Madrid, ahí en Sol,
y recuperar esa energía de entusiasmo, digamos,
una vitamina E de entusiasmo,
que a veces parecía la perdida en este mundo que nos invita al desaliento.
O sea, que fue, y ojalá siga siendo una experiencia estupenda,
la palabra entusiasmo es una linda palabra de origen griego,
que significa tener a los dioses adentro.
Y eso sentí yo cuando deambulaba entre los muchachos, ahí en Sol.
Nos quitaron la justicia y nos dejaron la ley.
Es una de las frases que usted pudo leer en Sol.
Sí, sí.
¿Qué ley nos han dejado, señor Galeano?
La ley del más fuerte, que es la que rige hoy por hoy en el mundo.
Dentro de cada país y entre los países también,
que es una ley insoportable, me parece bien,
que los jóvenes estén alzando en desobediencia,
contra esa ley que los condena a la resignación,
a la aceptación del mundo tal cual es.
Hay en toda América Latina, en casi toda, no en toda,
pero en casi toda un problema visible y preocupante,
que es el divorcio, la separación.
Yo diría que el divorcio entre los jóvenes,
entre las nuevas generaciones,
y el sistema político, el sistema de partidos vigentes.
Y yo no reduciría la política a la actividad de los partidos,
porque la política llega mucho más allá de lo que son los partidos.
Pero sí que me preocupa que, por ejemplo,
en las últimas elecciones chilenas, dos millones de jóvenes no votaron.
Y no votaron por no tomarse el trabajo de registrarse
y porque en el fondo no creen en eso.
Supongo que demasiado no creen en eso,
que no tendrán una fe capaz de moverlos.
Y esto me parece que no es culpa de los jóvenes.
Es muy fácil de echarles la culpa, ¿no?
Miráulos desde muy arriba, desde muy por enzimita.
Y decir, estos son cabezas huecas que no les importan nada de nada.
Y también en ese sentido me gustó estar en estas manifestaciones,
por lo menos en la de sol, que es la que pude estar.
¿Sabe cuánta gente no votó ayer en España si no he leído mal?
Si imagina usted, cuánta gente 10 millones de personas no votaron.
Que no votaron. No fueron.
Bueno, es grave, ¿no? Te digo, es grave.
Pero eso no es culpa... Pero también es un derecho no votar, ¿no?
Claro, claro que sí.
Y es también, a veces, un modo silencioso de protesta.
O sea, que me parece legítimo que la gente se exprese hablando o callando.
Porque el lenguaje es también un lenguaje callado.
A veces, el silencio dice más que las palabras, ¿no?
Y, bueno, lo que me gustó es ver toda esta ebullición
de una protesta pacífica,
sin violencia,
como la que vi circulando entre la gente,
a diferentes horas del día y de la noche también,
muy solidariamente, pero muy unidos en una causa común,
sostenida con convicción a partir de la situación muy penosa
que viven hoy por hoy en España y en muchos otros lugares del mundo,
sobre todo los jóvenes, ¿no?
Y sobre todo los jóvenes que no tienen una posición, digamos,
acomodada, familiarmente acomodada.
Uno de los lemas de ahí de sol decía,
con causa pero sin casa, que también me pareció revelador,
porque buena parte de la gente que se concentra allí de estos muchachos
han quedado sin casa y sin trabajo.
Digo, son dos cosas que hay que tener en cuenta.
Sabe que pasa en estos momentos en distintos países europeos,
yo supongo que en su mundo, en Latinoamérica también,
pero conozco más la situación europea,
es que la gente está diciendo, basta,
algo tan claro como los padres,
vemos que nuestros hijos no van a tener lo mismo que nosotros,
y vemos que lo que nosotros tenemos es gracias a la lucha
que en su momento hicieron nuestros padres y abuelos
con sangre, sudor y lágrimas,
conseguiron unos derechos que hoy nosotros, como padres, no podemos dar a nuestros hijos.
Claro, ese es uno de los dramas del mundo de nuestro tiempo,
internacionalmente, dos siglos de luchas obreras
que conquistaron derechos muy importantes
para la clase trabajadora, para los que trabajan,
están siendo arrojados al sexto de la basura,
por gobiernos que obedecen a una tecnocracia que se cree elegida
por los dioses para gobernar el mundo,
esta especie de gobierno de los gobiernos.
Como este señor que ahora últimamente se dedicó a violar mucamas,
pero antes violaba países y era aplaudido mientras violaba países,
no fue preso por eso, tendría que haber ido preso por las dos cosas,
sino solo por las mucamas.
Y esa estructura de poder a veces invisible,
la que en el fondo manda,
y entonces cuando se consigue aglutinar voces capaces de decir prou,
capaces de dir basta, no, no más.
Bueno, lo primero que tiene que hacer uno es escuchar esas voces con respeto,
sin descalificarlas de antemano, y saber esperar,
a ver qué es lo que la vida quiere vivir.
Estos muchachos no parecen esperar órdenes de nadie,
actúan espontáneamente y uniendo la razón a la emoción.
Y bueno, me preguntan algunos, pero ¿cómo va a acabar eso?
Yo no sé cómo va a acabar, ojalá no acabe, pero si acaba, ya se verá.
Es como el amor que se infinito mientras dura.
¿Sabe usted, señor Eduardo Galeano,
con José Luis San Pedro, con Arcadio Oliveiras?
Son referentes internacionales de personas
que en su momento, hace bastantes años, dijeron prou.
San Pedro, muy mayor, pero muy joven,
esta fin de semana, creo,
hizo unas declaraciones que dijo algo así, el cito de memoria,
las batallas hay que plantearlas, se ganan o se pierdan,
por el hecho solo de plantearlas,
porque el solo hecho de plantearla, lo que hace es ratificarte.
Está bien, él es un querido amigo personal,
aparte de lo mucho que lo respeto, lo quiero.
Es verdad, estamos también enfermos de excitismo,
porque el mundo está preso de un sistema de valores
que coloca el éxito por encima de todas las virtudes,
y es una fuente de virtudes, que en cambio condena el fracaso.
Perder, es el único pecado que en el mundo de hoy no tiene redención.
Estamos condenados a ganar o a ganar.
Y bueno, a lo largo de la historia,
muchas de las gentes mejores han perdido,
y eso no les quita ni un poquitito de razón.
Los dos hombres más justos en la historia de la humanidad,
Sócrates y Jesús,
murieron condenados por la justicia,
los más justos fueron condenados por la justicia,
y siguen siendo los más justos.
¿Y nos dejaron a ley?
Y nos dejaron cosas muy importantes,
en primer lugar, amor y coraje.
La santísima trinidad,
llamada también estándar en puros, mudis y fich,
las agencias que califican los riesgos,
hoy están haciendo caer las bolsas y el euro en Europa,
porque han vuelto a bajar la calificación de la deuda griega.
¿Quiénes son estas agencias? ¿A qué obedecen?
Según mi mujer, Elena Villagra, son las niñas superpoderosas,
aquellos personajes que había hace no mucho tiempo,
las niñas superpoderosas,
que se consideran con derecho a clasificar y calificar a los países.
Es decir, este está yendo por el buen camino,
que es siempre el camino de la obediencia
a las órdenes que dicta un sistema de enemigo de la gente.
Y, bueno, están gobernadas por...
dirigidas por tecnócratas de cuarta,
que son los que mandan más que los gobiernos.
Nadie la hace ligión, ninguna elección,
que eso sepa nadie, ha votado por Standard & Poor's,
que, además, si no me equivoco significa promedio y pobreza.
Pero usted sabe las fechorías que han cometido estas agencias.
Sí, sí.
Las fechorías que han cometido.
Y los errores que la viven.
Bueno, yo entiendo que uno se equivoca cuando se equivoca,
porque no quiere equivocarse.
Cuando ellas calificaron con triple A
las hipotecas basura.
No les ha pasado nada.
Nada, absolutamente nada.
Están hundiendo países enteros,
están jugando contra países enteros.
Y aquí nadie dice nada.
Y los banqueros de Wall Street,
que fueron los principales protagonistas de esta crisis,
que probablemente es la crisis más grave
que el mundo ha sufrido en muchos siglos de historia,
quizás la estafa mayor jamás cometida,
y bueno, ninguno de esos banqueros fue preso.
Van presos los ladrones de gallinas,
pero los banqueros superpoderosos,
como las chicas superpoderosas,
esos no van presos nunca.
Y cometen crímenes de esa humanidad.
Yo vi ahora que el Tribunal Penal Internacional
quiere juzgar a Gaddafi,
bueno, que no es ningún santo,
y que seguramente merece ser juzgado,
pero mucho más merecen ser juzgados estos señores
que han arruinado el planeta.
Hoy cobran más que ayer.
Sí, han sido recompensados.
Yo había hasta propuesto una campaña
cuando los veía llorar sus miserias a los pobres banqueros,
que habían sido los que habían cometido este desastre.
Y junto con otros compañeros,
habíamos articulado una campaña que no tuvo éxito,
que era Adopte Un Banquerito.
Adopte Un Banquerito,
pero se ve que el mundo tiene mal corazón,
corazón de lata y nadie nos hizo eco.
¿Y usted, Eduardo Galeano,
¿por qué...?
¿Cómo se explica que en estas reuniones del G20,
el G8 o el G1040, da igual?
¿Por qué ningún mandatario,
por qué ningún gobernante los hay de izquierdas?
¿Por qué no se levanta y dice...
Prou, se acabó.
Este mundo no es posible.
Yo no voy a condenar a mis concidadanos, a la miseria.
Prou, no, basta.
¿Por qué? ¿Por qué no hay ninguno que se levante? ¿Por qué?
No, algunos sí se han levantado y han sido...
¿En el G20?
No, no, no, fuera del G20.
En el G7000 millones, que es el que abarca la humanidad entera.
Unos cuantos se han levantado y han dicho, basta.
Y por eso han sido condenados al inverno, claro.
Por ejemplo, me acuerdo cuando el presidente de Ecuador Correa
anunció que no iba a pagar la deuda que no fuera legítima,
o sea, que hubieran sido de la trampa, de la estafa o de la violencia.
Este...
Ardió el mundo.
¡Ay, pero el Ecuador se acaba, se acaba ese país, van a ofregar!
¿Cómo alguien se atreve?
Y no se acabó nada,
porque era perfectamente legítima la decisión de no pagar
las deudas i legítimas,
que son las que estrangulan la mayor parte de los países,
sobre todo los países más pobres.
O sea, no es el problema de que no haya quien lo diga,
sino que no tiene, digamos,
hay un sistema que absuelve o condena,
según la buena o mala conducta de los diferentes gobiernos,
pero a veces las lecciones de vida,
las lecciones de dignidad que el mundo necesita,
las dan los más pequeños.
Por ejemplo, Islandia.
Islandia es un país minúsculo, chiquitito,
perdido ahí en los mares del norte del mundo,
habitado por poca gente, no sé, 150.000 personas o algo así, 160.000,
que es el que más claramente ha dicho no
en estas circunstancias muy difíciles
al Fondo Monetario Internacional
y a la dictadura financiera que el mundo padece,
en dos plebiscitos,
porque el Fondo y la Unión Europea, por cierto,
le habían dado la orden a Islandia
de que la población, o sea, los islandeses,
tenían que pagar la bancarrota de tres bancos de allí,
dos bancos muy importantes, el otro no tanto,
que habían recibido depósitos de diferentes países
y que no podían pagarlos.
Entonces, la población iba a pagarlos a 12.000 euros per cápita,
cada ciudadana iba a tener que pagar 12.000 euros
por la bancarrota de los bancos,
que yo no digo que sean todos los banqueros delincuentes,
pero hay banqueros que son los asaltantes de bancos más peligrosos.
Ellos son, no suena ningún alarma, avisando que entran,
porque al fin y acabo, entran en su casa,
pero esos son los más peligrosos.
Y la población de Islandia fue capaz de decir, no, no lo aceptamos.
Y se hizo un plebiscito,
y como el Fondo Monetario y la Unión Europea
no les pareció suficiente, bueno, tuvieron que hacer otro.
Y ganaron los dos.
Islandia se negó a aceptar como destino
la obediencia del débil ante el fuerte.
Y al fin y acabo, esa idea donde se mide la dignidad humana,
porque este movimiento nuevo que ha surgido tan lindo,
ahora en España me encanta ver,
se llama Movimiento de los Indignados,
y no se equivoca en el nombre,
el mundo está dividido entre los indignos y los indignados.
Islandia dijo no a los mercados.
Sí.
Los periodistas decimos los mercados.
Sí, los mercados, es un término que se usa así.
¿Quiénes son?
En mi infancia era una palabra lindísima,
que nombrava el lugar de encuentro de los vecinos del barrio.
Todos los colores alegres de la verdura, de las frutas,
las voces de los vendedores,
de los chacareros que venían a brindar a los barrios,
por ejemplo, en Montevideo,
y era una palabra muy linda,
pero después se convirtió en el nombre de un dios invisible
y muy cruel que es el que rige nuestros destinos.
Entonces, siempre se dice no, eso no,
porque además tiene muy mal humor ese dios.
Eso va a irritar al mercado.
Eso no se puede hacer porque va a irritar al mercado.
Y el mercado manda, pero nadie sabe muy bien quién es,
cómo es el mercado, de qué se trata.
Es como cuando se habla de la comunidad internacional.
Eso, la comunidad internacional, no debería permitirlo.
La comunidad internacional es un club de banqueros y generales.
Señores de la guerra y señores del dinero,
creo que son los que deciden quién es demócrata y quién no,
y quién merece suerte y quién desgracia.
Y, bueno, por suerte todavía queda gente dispuesta
a creer que hay otro mundo posible.
Ayer se celebraron elecciones en España, como usted sabe,
locales y regionales,
y el electorado español
decidió darle el pasaporte,
es decir, prácticamente decidió castigar muy duramente
al Partido Socialista Obrero Español.
¿Qué opinión le merece?
Desde afuera yo no soy quién para dictarle a España,
o a las España, que España contiene normas de buena o mala conducta,
porque, justamente, estoy hablando ahora contra los sistemas autoritarios de poder.
Y también creo que son autoritarios,
algunos intelectuales que van a dar elecciones a los lugares
que están visitando.
Bueno, yo viví en Cataluña bastantes años, 10 años,
no me considero extranjero aquí,
pero de todos modos sería muy cuidadoso a la hora de jugar o emitir opiniones
sobre acontecimientos complejos, como es una elección, nada menos,
una elección como la que tuvo lugar aquí.
Yo no sé, en principio me pareció bastante creíble
un título que vi en el diario público de hoy,
que decía que el Partido Socialista
había sido castigado por practicar una política de derecha.
Probablemente algo de eso pueda haber habido,
porque el gobierno quizás no tuvo más remedio
que desear lo que ya fuera le dictaron, yo no sé,
no soy quien para decir sí o no a semejante pregunta,
pero sí que España, digamos, accedió a hacer cosas
que no coincidían mucho con el programa de gobierno del partido
que sigue estando todavía gobernando España.
Yo antes le he hecho una pregunta que para un responsable de un gobernante
puede ser cruel, sobre todo si el gobernante tiene,
como se lo diría yo, lucha para conseguir más igualdad, ¿de acuerdo?
Le he dicho que ningún gobernante se levantaba
en ninguna reunión internacional para decir basta.
Y yo le vuelvo a preguntar, ¿pueden hacerlo?
Alguien podría hacerlo.
Algunos lo han hecho y en América Latina...
De G20 estoy refiriendo.
Ah, de ellos? No, pero claro.
¿Te gusta aquí? No de América Latina, de aquí.
Sí, pero yo le repito, si el G20 no es capaz de...
de...
tolerar, admitir y promover la diversidad del mundo,
o sea, si no es capaz de practicar la democracia,
que la democracia es eso, es diversidad,
escuchar todas las voces, otras voces,
en pie de igualdad, si no es capaz, bueno,
habrá que sustituir el G20 por el G7000 millones,
que es el de toda la humanidad.
¿Y eso cómo se hace?
No hay recetas para eso.
Yo no las conozco, por lo menos,
y desconfiaría mucho de quien me quiera vender esa receta.
Son procesos muy complejos, muy complicados,
y además la historia es una señora de digestiones lentas
y de andar suave.
No cambian las cosas en una semana, ni en un mes.
Es legítima la necesidad humana de que el mundo cambie
mientras yo estoy vivo, claro, yo quiero ver esos cambios,
y eso es una pasión humana, absolutamente comprensible
y compartible, pero no coincide con la realidad,
la realidad se toma a sus tiempos,
y el mundo no camina en línea recta tampoco, ni así arriba ni abajo.
Ya, pero la historia es lenta, de acuerdo,
pero ahora imagínense usted esas decenas de miles de personas
que han salido a la calle,
que están ocupando ahora mismo Plaza de Cataluña,
la cría de Barcelona, Sol y otras, en otras ciudades de España.
Cuando se termine, porque ya han decidido terminarlas
en unas semanas, ¿qué va a pasar?
Es decir, los políticos, gobernantes,
democráticamente y legítimamente elegidos
van a tener en cuenta lo que se ha dicho en las plazas,
lo que se ha dicho en las plazas, ¿o va a quedar en nada?
Nada queda en nada cuando está, digamos,
transmite energía, la energía queda, de alguna manera.
A veces se convierta en otra cosa, se desarrolla de otras maneras,
pero es muy importante lo que está ocurriendo,
con estas concentraciones, que son sobre todo juveniles,
pero no solo juveniles,
porque en definitiva son los invisibles haciéndose visibles,
¿verdad?
Y los que parecían mudos haciéndose escuchar,
escuchar, diciendo lo que tienen que decir.
Y en este mundo donde tantos hablan sin decirles,
ellos dicen diciendo, se dicen cosas que vale la pena escuchar.
Y yo creo que esas voces van a seguir resonando,
pero tampoco quiero ser un optimista profesional,
porque yo soy optimista según la hora del día,
a veces soy muy pesimista y la esperanza es una cosa
que se me cae del bolsillo y tengo que recogerla,
a ver dónde está hecha pedazitos, muchas veces me ocurre,
no soy un optimista, fulltime, y además no creo en ellos.
Pero se avanza.
Sí, sí, espero que sí, espero que sí.
Pero a veces creo que no, y entonces me agarro la cabeza
y digo, ay, Dios mío, no habla alguna nave espacial
que me lleva otro planeta.
El creo que no es porque domingo creo en Uruguay
se dijo no a suspender la ley de amistía.
Sí, es un proceso también es muy complicado explicar así,
pero sí que se perdió por un voto, una cosa lamentable,
y acabar con una ley infame, que es la ley de impunidad.
Yo fui miembro de las dos comisiones
que organizaron los dos previsitos y los perdimos,
por muy poquito, pero los perdimos,
y seguiría perdiendo los un millón de veces,
porque yo no creo que valga la pena vivir para ganar.
Creo que vale la pena vivir para hacer lo que la conciencia
te dicte que debes hacer y no lo que te conviene.
Y esto vale para todo, para la política, para la vida,
para el amor, para el fútbol.
El fútbol, ahora, está condenado o parece condenado
a jugar por el deber de ganar, y no por el placer de jugar.
Y por eso, yo estoy muy contento también de estar acá,
en Barcelona, para recibir un premio de un club
que ha recuperado el placer de jugar
y de jugar con belleza y limpiamente.
Usted mañana va a recibir el Premio Manuel Vázquez Montalván,
del periodismo deportivo.
Eso es, sí, es una suerte para mí.
Yo soy muy futbolero, muy, pero muy futbolero.
Y creo que el fútbol es un espejo al mundo,
que la vida se refleja allí.
Todo lo mejor y lo peor de la condición humana está en la cancha.
Usted es muy futbolero, dice.
Supongo que no se esforzará en ver este equipo prodigioso
que está fascinando al mundo entero, como el Barça.
Sí, sí, me encanta el Barça.
Y además, me gusta mucho ver jugar a Messi.
¿Por qué?
Ahora, hace poquito,
cuento algo que tiene relación con esto, de alguna manera.
Estaba en México hace un par de meses, no más.
Y entonces, en una de las intervenciones públicas que tuve,
me permití sugerir a los amigos mexicanos
que se cuidaran del poderoso vecino del norte,
que tiene la mala costumbre de salvar a los demás países.
Y les conté que cuando yo voy a Estados Unidos
y doy algunas colecturas de mis libros en las universidades o cosas así,
siempre empiezo por suplicar y que, por favor, no me salven.
Please don't save me, please don't save me.
Yo no quiero ser salvado porque ese poderoso vecino de México,
salvó a Irak, convirtiéndolo en un manicomio,
y está salvando a Afganistán, convirtiéndola en un vasto cementerio.
Entonces, yo digo, les decía los mexicanos,
vamos a desconfiar de los messianismos, de los messiánicos.
El único messianismo que no es peligroso se llama Lionel Messi.
¿Qué le den Messi?
La alegría de jugar.
Él juega como si fuera un niño en el potrero, en el campito,
con esa misma alegría. Ojalá no la pierda nunca.
Es excepcional, porque un jugador profesional, ya,
tiene que cuidarse las piernas de otro modo.
Y él juega como olvidándose de que es el número uno.
O sea, Lionel Messi no se cree Lionel Messi, por suerte.
Guardiola.
Me merece todos mis respetos desde que era jugador, por cierto.
Que no hay que olvidar que fue un gran jugador, antes de ser un director técnico,
capaz de organizar un equipo solidario.
Uno para todos, todos para uno.
Pero donde todos pueden jugar y disfrutar.
La verdad es que estas cosas no las digo
porque dar bien con el lugar donde estoy.
Son cosas que creo profundamente.
No tengo la costumbre de halagar cuando me conviene.
Usted sabe que en estas últimas semanas dos equipos antagónicos,
Madrid y Barça, se han enfrentado cuatro veces, creo.
Le veo un estilo diferente al Madrid,
ya que le fascina tanto el fútbol.
Sí, con Mourinho sí, pero el Real Madrid
supo ser mucho más de lo que está haciendo el mano de este señor.
Además, es muy antipático, porque es muy arrogante.
Y a mí la gente arrogante me patea el hígado.
El médico me ha prohibido contacto con los arrogantes.
Se lo ha prohibido el médico, pues hay muchos.
Sí, hay muchos, y en mi gremión ni le cuento.
Eduardo Galeano, otra de las frases,
mensajes de las concentraciones en las plazas de Cataluña, de España,
es esta, si no nos dejáis soñar,
no os dejaremos dormir.
Yo le voy a pedir ahora, espero que acepte,
que nos haga soñar con la lectura de uno de sus fragmentos.
Sí, sí, voy a leer unas palabras que tienen que ver
con el derecho de soñar, con el derecho al delirio.
A partir de algo que me ocurrió en Cartagena de Indias,
hace ya algún tiempo, cuando estaba en la universidad
dando una charla junto con un gran amigo,
director de cine argentino, Fernando Virri.
Y entonces los muchachos, los estudiantes, hacían preguntas,
a veces a mí, a veces a él,
y le tocó a él la más difícil de todas.
Un estudiante se levantó y preguntó para qué sirve la utopía.
Y yo lo miré con lástima, digo, uy, qué le digo ahora.
Y él contestó, estupéndame, de mejor manera.
Dijo que la utopía está en el horizonte.
Y dijo, yo sé muy bien que nunca la alcanzaré.
Que si yo camino diez pasos, ella se alejará diez pasos.
Cuanto más la busque, menos la encontraré,
porque ella se va alejando a medida que yo me acerco.
Buena pregunta, ¿no?, ¿para qué sirve?
Pues la utopía sirve para eso, para caminar.
Muy bien, muy buena respuesta. Nos levantamos, por favor.
Sí, sí. Y caminamos también.
Bueno, perfecto, sí, sí.
Y vamos hacia la utopía. Muy bien. Por favor.
¿Qué tal si deliramos por un ratito?
¿Qué tal si clavamos los ojos, más allá de la infamia,
para adivinar otro mundo posible?
¿Qué tal si clavamos los ojos, más allá de la infamia,
para adivinar otro mundo posible?
¿Qué tal si clavamos los ojos, más allá de la infamia,
para adivinar otro mundo posible?
El aire estará limpio de todo veneno
que no provenga de los miedos humanos
y de las humanas pasiones.
En las calles, los automóviles serán aplastados por los perros.
La gente no será manejada por el automóvil,
ni será programada por el ordenador,
ni será comprada por el supermercado,
ni será tampoco mirada por el televisor.
El televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia,
y será tratado como la plancha o las barropas.
Se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez,
que cometen quienes viven por tener o por ganar
desde vivir por vivir nomás,
como canta el pájaro sin saber qué canta,
y como juega el niño sin saber qué juega.
En ningún país irán presos los muchachos que se nieguen
a cumplir el servicio militar, sino los que quieran cumplirlo.
Nadie vivirá para trabajar, pero todos trabajaremos para vivir.
Los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo,
ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas.
Los cocineros no creerán que a las langostas les encanta,
que las hierban vivas.
Los historiadores no creerán que a los países les encanta
ser invadidos.
Los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas.
La solemnidad se dejará de creer que es una virtud,
y nadie, nadie tomará en serio a nadie que no sea capaz
de tomarse el pelo.
La muerte y el dinero perderán sus mágicos poderes,
y ni por defunción ni por fortuna se convertirá el canalla
en virtuoso caballero.
La comida no será una mercancía, ni la comunicación o un negocio,
porque la comida y la comunicación son derechos humanos.
Nadie morirá de hambre, porque nadie morirá de indigestión.
Los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura,
porque no habrán niños de la calle.
Los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero,
porque no habrán niños ricos.
La educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla,
y la policía no será la maldición de quienes no puedan comprarla.
La justicia y la libertad, hermanas y amesas,
condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse,
bien pegaditas, espalda contra espalda.
En Argentina, las locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental,
porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria.
La Santa Madre Iglesia corregirá algunas erratas de las tablas de Moisés,
y el sexto mandamiento ordenará festejar el cuerpo.
La Iglesia también dictará otro mandamiento,
que se le había olvidado a Dios,
amaraza la naturaleza de la que forma parte.
Serán reforestados los desiertos del mundo y los desiertos del alma.
Los desesperados serán esperados y los perdidos serán encontrados,
porque ellos se desesperaron de tanto esperar
y ellos se perdieron por tanto buscar.
Seremos compatriotas y contemporáneos de todos los que tengan
voluntad de belleza y voluntad de justicia.
Hayan nacido cuando hayan nacido y hayan vivido donde hayan vivido,
sin que importe ni un poquito la frontera del mapa ni del tiempo.
Seremos imperfectos,
porque la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses.
Pero en este mundo, en este mundo, chambón y jodido,
seremos capaces de vivir cada día
como si fuera el primero y cada noche como si fuera la ultima.
Gracias, Eduardo. Gracias, por favor.
Muy bien, me acompaña. La mesa, otra vez.
Gracias, Ignasi, Tarraza. Gracias.
Gracias, por favor.
Eduardo, ya sé que usted no le va a gustar lo que yo le voy a preguntar ahora,
porque me lo ha pedido al principio, pues yo tengo que hacerlo.
Debo hacerlo. Hablar un poco de usted.
Usted ha tocado casi todas las teclas.
Cronista, narrativa, crónica, narrativa, periodismo, dibujante...
Sí, es verdad.
Y es verdad también que lo que escribo es inclasificable
y que eso me da mucha alegría,
porque uno de los vicios del mundo, del mundo nuestro,
que nos toca vivir,
es que tiene una perversa, un costumbre, una suerte de manía,
de poner una etiqueta en la frente de cada persona,
quizás para poder manipular mejor a la condición humana,
que desde por sí, tendiente a la libertad,
para clasificarnos...
Como que clasificarnos sería una manera de tenernos prisioneros.
Entonces, lo mismo pasa con los géneros literarios.
A mí me encanta no ser clasificable. ¿Qué es lo que yo escribo?
A veces me dicen... Bueno, pero como... ¿A ver qué es eso que hace?
Desensalles, poesías, crónica...
¿Qué es? Ficción, no ficción. ¿De qué se trata?
Yo no tengo la menor idea y además no quiero enterarme
de qué es lo que hago.
Porque yo sigo el consejo de un gaditano,
que estando yo perdido en las calles de Cádiz, hace algún tiempo,
me pierdo siempre porque soy muy despistado,
porque no tengo sentido de la orientación,
o tengo un gran sentido de la desorientación
y me pierdo continuamente.
Y estaba perdido en Cádiz y entonces le pregunté
por el mercado viejo a un señor que estaba contra una pared
apoyado y él sin desapoyarse de la pared me dijo,
nada, tú haz lo que la calle te diga.
Y yo hago lo que la calle me diga,
en la vida y en la literatura, también.
Señor Eduardo Galeano,
hemos de poner el punto final al programa de hoy
y saber lo que me fascina de ustedes
es que teclean las palabras justas y precisas
en el momento adecuado.
¿Por qué no me da la fórmula?
Bueno, gracias.
No hay ninguna fórmula para eso y yo no creo,
además, que sea capaz de semejante prodigio,
pero yo creo buscaría, digamos,
decir las cosas de la manera más sencilla, ¿verdad?
Eso me pasó en Ogrense cuando fui a presentar este libro
que está acá arriba, Espejos, hace ya un par de años.
Y estuve en varios lugares de España,
pero allí en Galicia me ocurrió en Ogrense,
de algo que puede de algún modo explicar lo que quiero decir.
Había mucha gente muy cariñosa durante la lectura,
pero en la fila de atrás de todo,
había un señor de rostro campesino muy curtido por los años
y la pobreza, las dificultades de la vida duran.
Era un rostro lindo, parecía escultivo, modelado.
Y me miraba fijo y sin pescanear, pero como enojado.
Y al principio me resultó simpático y bien,
pero después me dio un poco de miedo,
porque no pestañaba y me seguía mirando fijo.
Y cuando la gente se fue, ya él se quedó y me seguía mirando.
Y se acercó y dije, bueno, ha llegado el minuto final.
Me tenía que ocurrir y me entregué que el destino haga lo que quiera.
Ya dispuesto a ser asesinado por aquel señor
que estaba tan enojado y avanzaba hacia mí.
Y cuando llegó muy cerquita, me dijo, también enojado,
qué difícil ha de ser escribir tan sencillo.
Y se dio vuelta y se fue sin saludarme.
Y me había formulado la crítica más elogiosa que he recibido jamás.
Y yo no pude ni siquiera abrazarlo, porque estaba enojadísimo.
Porque se fue.
Hoy tampoco podrá abrazar a un amigo suyo,
que tenía que estar aquí, Paco Ibañez.
Ya sabe que tuvo un problema.
Una indisposición de última hora le ha impedido estar aquí,
pero nos ha rogado que pasemos a la grabación de una canción
que usted le pidió que cantara hoy aquí como tú.
Sí, él sabe que yo me reconozco en esa canción
y que además la versión que él hace es inimitable.
Él la hace mejor que nadie.
Eduardo Galeano, gracias por estar aquí,
por haber venido al programa Singularse
y suerte que continuo escribiendo muchísimos años más.
Bueno, ojalá.
Gràcies.
I a vostès amb la seva... gràcies per la seva tensió,
i els deixo com a tu, en Paco Ibañez.
Així és, mi vida, mi vida, piedra.
Como tú.
Como tú, piedra pequeña como tú, piedra ligera como tú.
Como tú, canto que ruedas como tú, por las meredas como tú.
Como tú, guijar humilde como tú, de las carreteras como tú.
Como tú, piedra pequeña como tú, como tú, guijar humilde como tú.
Como tú, que en días de tormenta como tú, te hundes en la tierra como tú.
Como tú y luego gente llegas como tú, bajo los cascos bajo las ruedas como tú.
Como tú, piedra pequeña como tú, como tú, guijar humilde como tú.
Como tú, que no sirves para ser ni piedra como tú, ni piedra de una lonja como tú.
Ni piedra de un palacio, ni piedra de una iglesia, ni piedra de una audiencia como tú.
Como tú, como tú, piedra venturera como tú, que tal vez estás hecha como tú.
Como tú, solo para una onda como tú, piedra pequeña como tú.
Como tú.
