Empecé de una manera muy normal, porque cuando eres pequeño vas a pintura, a música, pero de alguna manera llega un momento en el que te engancha, te gusta mucho.
Ves que es un mundo muy bonito, que te comunicas de otra manera, que es una forma de comunicar algo sin utilizar palabras que van muy directos.
Yo valoro muchísimo ahora mismo la madurez, que alguien comprenda la música, no que la toque y que la toque bien, sino que verdaderamente transmita algo más.
En la ópera es un mundo muy interesante, sobre todo me encanta ver toda la gente que está trabajando para un proyecto muy grande en el que tú eres una parte muy pequeñita y lo que más valoro en un director es que te inspire.
Para empezar que quiera algo, para seguir que tú lo entiendas y que la comunicación funcione y que tú sepas hacer lo que él te está pidiendo.
Es gratificante tocar con gente con amigos, desde luego, sobre todo con gente creativa, que tienen ideas musicales, que compartir.
Es impresionante también dar vida a música que está compuesta hace cientos de años y también me parece muy interesante aportar, aunque sea mínimo, de tu interpretación, una dinámica, el tempo que te gusta a ti.
La verdad que creo que me queda muchísimo por hacer y creo que tengo que seguir investigando en el sonido y bueno ciertas cosas.
Aprender, estudiar, seguir progresando, aprender de tantos flautistas buenos que hay.
Ahora mis prioridades también son que cambian todo el rato, pero para mí mismo el ritmo me importa muchísimo, que esté todo muy exacto, pero a la vez que no se pierda la frase, el fraseo, en realidad todo, tengo que mejorar, pero estoy en el camino.
¡Aplausos!
