Camacura fue durante casi 200 años capital de Japón en el siglo XII y XIII. De aquella
época conservan numerosos templos budistas y santuarios sintoístas desperdigados por
las montañas circundantes, pero el día no acompañaba y nos tuvimos que limitar a la
visita obligada de la ciudad, el gran Buda. Sólo quedan las piedras sobre las que se asentaban los
pilares del templo que cubrió durante siglos a esta gran escultura y que un tsunami arrasó en 1945.
Daibuchu, que así se llama, es la segunda imagen de Buda más grande de Japón. Está fundida en
bronce y mide 12 metros. Representa a Amida Buda y a lo largo de los siglos ha sido destruida
por varias tormentas. Es posible entrar en su interior y observar la técnica de construcción
que, aunque date de cientos de años, es ingeniosa y eficaz. Como la lluvia no cesaba,
nos marchamos dirección a Yukohama bajo la tentamidad a la de Buda.
¿Qué estás haciendo? ¿Qué hay que hacer en ese fuego?
Solo pasar a la bola de un color. ¿Y qué? ¿Has conseguido algo?
No, ahora. ¿Qué has conseguido, 6? Bueno, ni tan mal. Quemos para aquí para comer, ¿no?
Ya las ha fastidiao.
Ay, qué calor.
Qué rico. Qué rico.
A las 9 de la mañana, llamas por teléfono de la oficina y lo encargas. A las 12 de mediodía,
vienes a por ello. ¡Hola! ¿Qué te has encargado? Si te coges, llevas a la oficina y comes.
Ché japonés. Yukohama es la segunda ciudad mayor de Japón, así que ya de noche decidimos tan
solo recorrer su frente de mar. Nos saludó la Torre Landmark, con sus 296 metros de altura y
disfrutamos del velero Nippon Maru, amarrado en el Museo Marítimo.
Justo al lado se halla un parque de atracciones, el Cosmo World, conocido sobre todo por su noria.
Fue un paseo breve pero agradable.
