Yo como un mujer me veo algo elegante, sensacional.
Yo estudia hasta quinto de primaria, estudia hasta quinto de primaria y pues yo le rogaba a mi papá que me diera más estudio,
pero no, no quiso, seguramente no podía.
Tengo dos hijos, también conozco el oficio bananero, ahí ante todo soy mujer.
Tengo 54 años, trabajo en el banano, soy una mujer activa en este labor y optimista.
Me gusta la lucha trabajar con amor y empeño.
Yo aprendí a ser sombrero de la edad de seis años y entonces mi mamita nos contaba de que compraban a dos reales el 25 de paja.
Se pagaba a tres reales el día las pionas y ellas me ayudaban a ser sombreritos.
Preverí trabajar la tierra porque me gustaba más, trabajar la tierra que trabajan en la cocina, que lavar, que aplanchar.
Pregunta mi alma porque decía tormentas con tanto dolor.
Mi pecho responde con un dos suspiros y a mí no me culpes, culpa el corazón.
Por todo el alma me gano 25, 30 mil pesos, cuando la va mejor le gano los 35, los 40, cuando el tajo está malo gano los 25, los 30, con esos mercados le gamos a pagar los servicios y dale de estudio a los niños que tenemos estudiando.
En otros tiempos me hizo tanto el bebé que importa.
Por una parte se ganamos el taviz y como es para comprarla conmigo.
Y yo trabajar en cocina no me gustó porque eso me enseñaba, eso era lo que enseñó a coger café, lavan mucha cafetera en compañía, cuando se acaba el café le ayudamos a las desiervas.
Aquí con todo el tiempo que yo duré trabajando en el campo, yo a usted no le sé un dolor de cabeza, señor, y tampoco como dicen los hombres, chorriadera por allá no, señora.
Jamás y parí a ocho hijos, yo cama la vía cuando paría.
Y no vas a hundirte, yo creo en ti, yo creo en ti.
Cuando voy a pedir trabajo aquí en la construcción, entonces sé que no creen que yo pueda desempeñar el trabajo que estoy pidiendo.
Los hombres me ven aquí ya cuando trabajo, ya se ponen a mirarme, a hablar entre ellos, a decir cosas que uno de pronto le ama al genio, que hablen de uno de mujer, que debían estar en la casa, que debían estar lavando, cuidando los hijos.
La niña dice que usted es hecha de palo, usted no parece que fuera una persona normal, porque es que usted nunca se queja.
Aquí yo me agacho al momento en que estoy toda cansada, y usted nunca se queja, nunca dice, ay no, yo me estoy mareando, estoy cansada, tengo este dolor en este pie, me duele una mano, nada.
Usted no siente nada, usted es como de hierro.
Todas las mujeres tenemos que unirnos y seguir adelante para lograr la paz.
Yo sé que es posible, y yo sé que todas podemos lograrla y todos los hombres es alrededor nuestro, porque los parimos y los trajimos para la vida y para el amor.
Yo llegué a la conclusión de que hacer política e intentar la transformación de la sociedad a través de las armas en la Colombia de hoy es imposible, ¿por qué?
Cuando se porta a una arma siempre se tiene una posición de poder, y yo creo que la democracia por lo menos la democracia a la que yo aspiro es una democracia mucho más igualitaria, una democracia que permite el diálogo entre pares semejantes.
Si ya nosotros nos sentimos como que más descansada, como que algo nuevo ya para nosotros se había presentado y empezamos a trabajar, ahí sí, a la tierra, porque nuestro amor, nuestro afán es la tierra.
Un pueblo sin memoria es un pueblo sin historia.
Para mí la desmobilización fue terrible porque eso yo no podía ni dormir, no podía casi comer, no podía casi vivir en la ciudad, no podía conocer con una cosa de que te van a perseguir.
El corazón de uno pese a estar en la guerra es por la vida, por salvar la vida, como un contrapunteo, ¿cierto? y aflora de manera inmediata el que no.
Olvidos, es que es la guerra, la vida y todo lindo y todo, pero es que la suya, en ese caso la mía, se le va, se le va y se le va, sino actúo.
Entonces ya también se me desperto fue como un dolor de patria, de ver que nos estamos sacando nosotros mismos.
En mi madre es una historia dura, en mi madre se me triste, digamos de mi infancia no me gusta recordar nada.
A lo que me vas a cantar.
No le esa ni mi mami nombre, no le agradezco a mis papás porque no me pusieron en el colegio.
Yo comencé a trabajar desde de 12 años, ganando la portería de 60 pesos.
Yo no tuve estudio porque el papá mío era celoso y él no quería que las hijas sembras estuvieran en el colegio porque después le mandaban carta a los enamorados.
Esa es mi canto de armonía.
Puedo hacer lo que hacen los hombres manteniendo su sitio como mujer porque por lo menos yo tengo la opinión de mi familia, mi familia no está de acuerdo con este trabajo.
Mi familia piensa que me estoy volviendo hombre y eso no es cierto.
Un poquito más del 50 por ciento somos mujeres.
Entonces todas las mujeres estábamos reclumidas en el hogar y participante su alterna de la iglesia, nada más.
Y hoy todos están en la política, en el arte, en la ciencia y en la técnica pues se ha ganado el país un 50 por ciento de población que pueden pujarlo a salir adelante y superarle su desarrollo.
Mi papel no ha terminado, yo sigo asumiendo, no con arma ni con nada, sigo luchando de donde esté por construir este país cada día mejor y por ser una mejor persona.
No sé cómo volver a nacer, cómo volver a nacer.
¡Ahhh!
No sé cómo volver a nacer.
No sé cómo volver a nacer.
Permitamos que una mano masculina toque nuestro cuerpo solamente cuando esa mano esté libre de la guerra, solamente cuando esa mano nunca haya tocado un arma, ni haya dejado a un hijo sin padre, ni a una madre sin su esposo, sin su compañero o a una hermana sin su hermano.
Ese es el reto para todas las mujeres, jóvenes y viejas.
