Un barrio, un campo, un barrio de campo, un viejo, ni tan viejo, una persona lavando
cebollines en su campo, o en un lugar cerca de su campo, una persona que lava cebollines
pero quiere maniscos, o naranjas, o una cañita de vino, o cualquier cosa que no sean cebollines,
una persona que busca algo que no tiene.
Para mi barrio es la comunidad, para mí es como un conjunto de personas que vivimos,
nos conocemos, nos ayudamos mutuamente.
Yo viví en un barrio, en mi barrio adiente, hay una junta de vecinos, se hace bebé en
cuándo no se cita.
Es como un barrio, acá no se beso, acá tengo que, puro comercio y todo eso.
No es un barrio, un conjunto de personas que vivimos no en población, sino en qué barrio,
porque los barrios son las poblaciones para llevar a la mera.
Más el campo se ve en el tema de los barrios.
Por ejemplo, mi vecina, si yo salgo, le aviso, allí me mire la casa.
Se hace más de amistades, más de vecinos y todo esto es como una recta ayuda a ti,
a surgir más rápido.
Uno compra cositas que se les sirven, más económicas.
Intercambiamos cosas, es bueno mantener su ingresito.
Y salir de la casa de la rutina.
Dos vecinas que se ayudan, una tiene algo que la otra no, cientos de vecinos en la
misma condición, un lugar de reunión, las mamás conversando, la cancha se llena, pero
no de fútbol, sino de historia.
En Teno y en Molina, los fines de semana son iguales, intercambiando cosas y jugos y juguetes.
Están ganan las papitas.
Ambas canchas, llenas de niños, que todos los domingos, en vez de jugar fútbol, disfrutan
compartir.
La niña es tiene edad, pero los juegos no, no hay mejor experto que el que antes te
enseñó.
No importa el lugar, la feria, el mercado, las calles del barrio, cualquiera sirve, con
los amigos.
O como antes, al aire libre.
El terremoto.
La ciudad se desdibuja, pero el mol sigue intacto.
Sus barrios se derrumban, quienes antes los habitaban, ahora cambiaron de rumbo, y sus
terrenos también.
El intercambio del tiempo, entre el pasado y el presente, puede ser muy, muy cruel.
Los patios se achican, y el ingenio demanda.
Un huerto, un huerto no madre, un joven con barba, un joven con barba que planta plantas
en su casa, y tiene un carrito con las plantas que planta en su casa.
Personas, muchas diversas, se interesan en el carrito, quieren aprender.
Vecinos que prefieren no comprar en el súper.
Puestos varios, puestos varios, puestos varios, puestos varios, puestos varios, puestos varios.
Vende lo mismo, pero te conocen los gustitos.
Que don tito quiera azúcar, pero su señor endulzante, que los cabros quieren bebida,
pero baljote, y que a pesar de él no se fía mañana así, siempre hay lugar a la excepción.
Conocer a la gente del barrio se vuelve un deber sagrado.
Todos conocemos a la pareja de las frutas lindas, y también al trovador.
Y también conocemos a la, eso es percusión, ¿no?
De tanto conocernos, se intercambian las copuchas.
En todas partes, cuida con la churrasca, compáre.
Eso, la gente está ahí, junta, y elige vivir chancho, pasando la chancho, y vivir churros,
y cabritas, parrilladas, soledades.
Este hombre tiene un gorrito de frutilla, que seguramente compró en la misma feria,
que siempre se llena de gente buscando algo, que al parecer nunca encuentran porque siempre
están regresando, ya que no buscan solo lo que buscan, eso es solo una excusa para darle
vida al barrio.
Todos queremos algo.
El de los cebollinas quería mariscos, el caballito quiere más campo, las vecinas un poco
de ayuda, el huerto no made seguir viajando, la ciudad no ser tan ciudad, los puestos
varios, poder ser más varios, el viejo, ni tan viejo, no le preguntamos en realidad,
pero te apuesto a vivir y algo, la gente del crea, las vecinas de feria, las calles enqueando,
un pueblo que se resista a ser ciudad, nuestros barrios innovando, lo que el resto me puede
dar, lo que yo les doy a cambio, el intercambio.
¡Alga lo que ya se hace!
La justicia emperenada, grita mujer suela, grita pende patria, grita terrorista, dice
¡Muerte, muerte, muerte!
Añar el pueblo, pasión, pasión, cuido que hay bien, la Fiscal.
