Se trata de una paciente de 29 años, de origen subsahariano sin antecedentes médicos de interés que acude a la consulta de su médico de familia por presentar desde hace unos días una clínica inespecífica de fiebre, cefalea y dolores osteomusculares. No ha realizado viajes recientes a su país ni hay otras sospechas epidemiológicas de riesgo. La exploración es rigurosamente normal, así como la tira de orina, y se pautan antitérmicos. A las 2 semanas acude de nuevo por sensación de debilidad en las piernas y prurito generalizado. Refiere diarrea en los días previos. En la exploración no presenta hallazgos significativos. Se solicita una bioquímica completa con ácido fólico, TSH, vitamina B12, electroforesis e IgE, que fue normal excepto una leve elevación de la GGT (49 μ/l). Destaca en el hemograma una leve leucopenia (3.500/μl) secundaria a una neutropenia mínima. En la serología se aprecia una hepatitis B pasada y curada. En las 3 muestras de heces en botes con formol para la detección de parásitos se aísla Dicrocoelium dendriticum, por lo que se solicita una ecografía hepática, que es normal. A las 3 semanas se solicita un nuevo examen coprológico, que es negativo. La paciente en ese momento se encuentra sintomática. Afirma que en los meses previos su familia había comido hígado. Se realiza un estudio parasitario al marido y a los hijos, que es normal.