Mujer de 52 años, profesional de la salud cuya especialidad es la epidemiología y salud pública, divorciada, en su lugar de residencia convive con su hijo y labora como docente del área de la salud; procedente de Europa, específicamente de Madrid, ingresó a Colombia por el Aeropuerto Internacional el Dorado el día 12 de marzo de 2020, fecha en la que en el país se había iniciado la implementación de la cuarentena obligatoria a personas procedentes de países y zonas con circulación viral confirmada del nuevo coronavirus (SARS-COV-2) en los 14 días anteriores. En este marco, la profesional cumplía con el criterio de caso 3 de los lineamientos para la detección y manejo de casos por los prestadores de servicios de salud, frente a la introducción del SARS-COV-2 1.

Fue captada por el servicio de salud el mismo día de ingreso al país y se impartieron las siguientes recomendaciones:

Distanciamiento social por 14 días en su domicilio.
Permanecer preferiblemente en habitaciones y baños individuales con buena ventilación.
Evitar visitas de otras personas.
Realizar diariamente limpieza y desinfección del área en donde se encuentra aislada y realizar lavado de manos con agua, jabón y toallas limpias exclusivas para su uso personal.
Los elementos usados para el cuidado deben ser de uso exclusivo.
Los residuos se deberán manejar de manera diferencial (bolsas y canecas separadas).
Reducir al mínimo los espacios compartidos, garantizando en todo caso que estén bien ventilados.
No asistir a eventos masivos.
En lo posible no utilizar transporte público masivo.
Control de temperatura 3 veces al día.

Realización de seguimiento telefónico mañana y tarde. Esta situación fue notificada a la institución en la que laboraba, la cual informó que sería manejada por salud ocupacional y la ARL. En la Figura 2 se describen los días de la cuarentena y se destacan los hitos más importantes desde las dimensiones psicológica (p), social (s) y familiar (f).

Durante los 14 días de cuarentena las actividades laborales continuaron a través de teletrabajo, por la consideración de ser una persona asintomática. En este tiempo, la profesional de salud también percibió que había que tener paciencia, dado que era solo un tiempo determinado. Se presentaba la oportunidad para períodos de descanso, incluso para la reflexión sobre la vida misma. Finalmente, al terminar el período, la sensación de poder retomar el contacto con su hijo y demás vínculos familiares fue positiva; tuvo tranquilidad, por no haber presentado síntomas graves, y felicidad por poder realizar nuevamente actividades rutinarias y transitar libremente en su residencia. Las orientaciones brindadas por la entidad de salud sirvieron para que la profesional las replicara con otras personas cercanas por consultas telefónicas.