Presentamos el caso de una mujer de 29 años sin antecedentes clínicos de interés, que consulta por dolor torácico de larga evolución. Es enfermera de nuestro centro. La paciente fue diagnosticada de COVID-19, seis semanas antes, por presentar cuadro de febrícula de hasta 37,5°C, astenia y dolor centrotorácico con irradiación a región interescapular de características pleuríticas. Al inicio del cuadro, se le realizó una radiografía de tórax, sin hallazgos patológicos. En ese momento, se le realizó un test por reacción en cadena de la transcriptasa reversa (RT-PCR) para SARS-CoV-2, resultando negativo. Consultó nuevamente seis días más tarde por persistencia de los síntomas, se le repitió la RT-PCR, en esta ocasión siendo positiva. Dada la persistencia del dolor torácico, se decidió realizar una nueva radiografía de tórax, no mostrando alteraciones patológicas. Con el diagnóstico de probable afectación pulmonar por COVID-19, se le recomendó tratamiento sintomático con paracetamol 1 g cada ocho horas.

Vuelve a consultar dos semanas más tarde por persistencia del dolor torácico, que es continuo y no se ha modificado desde el inicio del cuadro. En ese momento se le realizó una nueva radiografía de tórax, sin cambios con respecto a las dos previas. En esta ocasión se extrajo una analítica sanguínea, sin mostrar alteraciones relevantes del hemograma y la bioquímica, con niveles de proteína C reactiva < 0,5 mg/L (valor normal – VN: 0 – 5), ferritina de 17 ng/mL (VN: 10 - 291), troponina I (hs-TnI) < 2,5 ng/L (0 – 34,1) y dímero D 170 ng/mL (VN: 0 - 500). La paciente recibe el alta con diagnóstico de dolor de características musculares.

Una semana más tarde los síntomas no han variado, pero tampoco limitan su actividad diaria, produciéndose su reincorporación laboral al servicio. En ese momento decide consultar de nuevo con el fin de tratar de filiar el origen del cuadro. A la exploración física se encuentra apirética, presenta buena perfusión periférica con tensión arterial de 102/82 mmHg, frecuencia cardíaca de 84 lpm y saturación de oxígeno basal del 97%. La auscultación cardíaca y pulmonar es normal.

Se le realizó un electrocardiograma que presentaba un ritmo sinusal a 68 lpm, con conducción AV e IV conservada y sin alteraciones en la repolarización sugestivas de isquemia aguda.

Se decidió completar el estudio con una ecografía torácica. En la ecocardioscopia se observó una función conservada del ventrículo izquierdo y un pequeño derrame pericárdico, que no producía compromiso hemodinámico. En la ecografía pulmonar se observó un patrón de líneas B a nivel paraesternal derecho.

Con el diagnostico de pericarditis aguda no complicada secundaria a infección por SARS-CoV-2, se le indicó el inicio de colchicina 1 mg al día e ibuprofeno 600 mg cada ocho horas durante dos semanas. Su evolución fue satisfactoria, encontrándose asintomática una semana después.