El paciente es un hombre de 51 años, casado, asistente social. Motivo de consulta: fue derivado para una evaluación psiquiátrica porque durante tres años se había sentido cada vez más y más agotado. Se fatigaba muy fácilmente después de esfuerzos menores y después de trabajar durante un par de horas se sentía absolutamente exhausto. Logró continuar con su trabajo durante algún tiempo porque sus colegas le daban tareas livianas. Se le permitió trabajar en los archivos -un trabajo fácil que anteriormente se le daba a los empleados que estaban por jubilarse. Sin embargo, al regresar a su casa a la tarde se sentía tan cansado que tenía que irse directamente a la cama. Aún así tenía dificultad para dormir por dolores en la cabeza, en el cuello y en la espalda. Casi todo el tiempo estaba tenso y no podía relajarse. Los fines de semana pasaba casi todo el tiempo en la cama. Le resultaba difícil concentrarse y tuvo que dejar de leer y de hacer palabras cruzadas, cosa que antes le divertía mucho. Aún mirar comedias en la televisión significaban un esfuerzo para él. Evitaba ver a colegas y a amigos porque temía que le hicieran hacer algo o que lo invitaran a salir. De hecho, salir una noche lo dejaba exhausto durante días. Se sentía más y más insuficiente en su trabajo y casi no podía hacer ninguna tarea en la casa. Cuatro meses antes de la derivación había tomado licencia por enfermedad y se inscribió para una pensión por incapacidad. Sin embargo, el estar alejado de sus responsabilidades de trabajo no mejoró su situación. Aún carecía de iniciativa y estaba sentado casi todo el día, ojeando el periódico, o mirando por la ventana. No se sentía ni deprimido ni infeliz. Parecía alegrarse cuando le decían que sus hijos y nietos vendrían a visitarlo pero la vitalidad de los niños pronto lo ponían tenso e irritable. Podía ayudar a su esposa con las tareas de la casa siempre y cuando ella le dijera qué hacer y cómo, pero todo tenía que ser planeado de antemano porque los cambios bruscos lo ponían perplejo y ansioso. Tenía miedo constante de que su pensión por incapacidad le fuera denegada y tener que volver al trabajo, cosa que se sentía incapaz de hacer. Antecedentes: Se crió en un pueblo de provincia de una región rural del país. Fue el segundo hijo de una maestra de escuela primaria. Terminó la secundaria con notas sobresalientes y estudió servicio social. A los 25 años se casó con una enfermera dos años menor que él. Se mudaron a la capital, donde consiguió trabajó como asistente social en el municipio. Se especializó en bienestar social y en talleres para discapacitados mentales y en su tiempo libre trabajó para la Asociación de Parientes de Discapacitados Mentales. También tomó parte en actividades políticas y durante años fue miembro electo del concejo deliberante del municipio. La pareja tuvo tres hijos los que no viven con ellos y a los que aparentemente les va bien. El paciente vive con su esposa en un departamento alquilado. Su posición económica se ha deteriorado por la reducción de su salario cuando cambió su situación laboral. El paciente siempre fue extrovertido y activo con mucha energía y caracter alegre. Tenía gran interés por su trabajo y se preocupaba por las personas que él trataba de ayudar. Siempre se sintió mentalmente fuerte y creyó que nada lo podría destruir. Mantenía buenas relaciones con sus clientes y colegas. Tenía buena trato con los miembros de su familia y su matrimonio fue descripto como armonioso. Nunca sufrió cambios de estado de ánimo ni episodios de cansancio sin causa. 