Mostramos el caso clínico de un paciente de 57 años diagnosticado de episodio depresivo grave con síntomas psicóticos que ingresa en la Unidad de Hospitalización de Salud Mental (UHSM) por descompensación psicopatológica y desnutrición severa. El paciente había agotado, durante décadas, múltiples recursos, primero de carácter familiar (ya no mantenía contacto con ningún miembro de su familia), posteriormente caritativos y actualmente asistenciales, llegando a rechazarlos, últimamente, de forma voluntaria e incluso presentando conductas agresivas hacia el personal sanitario y de los servicios sociales que intentan ayudarle a domicilio. Durante la hospitalización y a través de la observación de la conducta (enormemente variable a lo largo del día), la poca congruencia semiológica (mejoría llamativa vespertina al interrelacionarse y participar de forma activa en las actividades grupales, tomando iniciativas, como el canto y baile de tangos), el cotejo de información con otros dispositivos sociales y sanitarios y con sus amigos, hizo que fuera diagnosticado de trastorno de personalidad, descartando, evidentemente, el diagnóstico de síndrome de Cotard "diurno", también el de simulación y dudas en el de trastorno facticio, que sólo la evolución lo determinará. Nos sirve este caso para hacer ver, que pese a contar con multitud de recursos y apoyos, el paciente no mostraba ninguna adherencia, manifestando sólo el deseo de permanecer institucionalizado y cuidado. Tuvo varios ingresos más y sólo cuando dispuso de un recurso residencial fue posible la eicacia deinitiva del tratamiento, evitando el hospitalismo, y los reingresos, en UHSM. Desde diciembre de 2006 a 1 de julio de 2009 había ingresado en cinco ocasiones y a fecha de hoy desconocemos si sigue experimentando la "transformación vespertina" que anuló el diagnóstico de síndrome de Cotard, pero al menos no ha sido necesario su reingreso, siendo atendido en su recurso adecuado