María, paciente de 38 años ingresa involuntariamente en el servicio de Salud Mental de Agudos, por alteración conductual. María fue diagnosticada hace 5 años de psicosis inespecificada. Inició contacto con psiquiatría a los 29 años por tentativa autolítica. Padece espondilitis anquilosante. Es fumadora de medio paquete de cigarrillos diario, niega consumo de otros tóxicos. Tiene un familiar de primer orden diagnosticado de esquizofrenia. La medicación que toma es: Xeplión 150 mg cada mes, Lormetazepam 2mg/noche, Trankimazin 0,5 mg s/p ansiedad, Sycrest 5mg 1-0-1. Ha trabajado en varias empresas de limpieza. Tiene una incapacidad del 52% desde hace 4 años. Ella dice que le gustaría seguir trabajando, que es capaz de realizar ese trabajo y que está cansada de estar en casa todo el día.

Tiene dos hijos, y convive con uno de ellos, una chica de 15 años. Se separó de su primer marido y ahora esta con el segundo. Con su familia no hay muy buena relación. Su hija está en plena adolescencia y no le presta atención. Ella constantemente repite que su hija es muy lista. A su hijo también se refiere. Con su segundo marido, al principio de la relación todo iba bien, pero a medida que iba avanzando la enfermedad el marido de María confesaba que tenía miedo de ella y que no se sentía seguro estando a su lado. Durante el día, ella realiza algunas tareas de casa, y otras las hace el marido. Últimamente no hacía las tareas, se pasaba todo el día en su habitación y apenas comía. Su familia está muy preocupada por la situación, ellos dicen que así no pueden seguir, que ella está muy mal, su comportamiento no es como siempre. Los últimos días, la paciente tira objetos por la ventana, y empieza a oír voces. También dice que le han encomendado una misión, pero que no sabe cuál es, de momento. También agrede al marido. Un día, comenta que se encontró en la cocina cogiendo un cuchillo no sabiendo muy bien por qué y qué iba a hacer con el. Cuenta que el demonio le dice que mate a la gente, o que les haga daño... Ella está consternada porque no lo quiere hacer, dice que esas voces "no son suyas", que vienen de fuera, y no le dejan pensar con claridad. Ademas le molestan para realizar las actividades de la vida diaria. Hace un día, tiró una maceta por la ventana. Ella dice que el demonio se lo ordenaba: "Tírala, tírala", ella no quería pero eran órdenes. Tiene ideas de grandeza sobre Dios, dice que es la perfección, que se lo debe todo a él. Esta situación se suele dar cuando no tiene ninguna crisis, ya que cuando le da el brote, debe hacer caso al diablo. Cuando está estabilizadaes cariñosa, pide a la gente que le de un beso. Parece que no sabe muy bien qué decir, la mirada la tiene un poco perdida. Durante su ingreso, llega con aspecto desaliñado, habla con un ritmo y tono correctos. En cuanto llega se pone a rezar en la cama, con mucha rapidez como si quisiera "purificarse". Parece que quiera luchar contra las voces del demonio. Se le ve inquieta y nerviosa. Al principio no se relaciona con nadie, pero los días siguientes habla constantemente con dos o tres personas. Sobretodo se relaciona con su compañera de habitación, una anciana , le gusta cuidarla y a veces le da de comer, se le ve contenta. Mientras está controlada no hace cosas extrañas, aveces se aísla, pero no de la manera que lo hacía antes. Cuando pasan los días acude al control de enfermería corriendo, diciendo que quiere el alta. Se le explica que no puede ser así y ella se pone nerviosa, dice que llamemos a los Mossos, que ella no quiere estar aquí más. Que no le pasa nada malo, que lo de las voces sólo le pasa a veces. Durante la estancia en la unidad de Salud Mental, la medicación administrada es Olanzapina, Lormetazepam, Risperdal y sycrest. También se le administran parches y chicles de nicotina.