Varón, extranjero, nacido en un país de la Comunidad Europea. Doce años después, en mayo de 2019, fallece en Barcelona, a los 39 años, en las dependencias de un cajero automático de una entidad bancaria. A su lado, una jeringuilla caída en el suelo, con el émbolo conteniendo aún algún mililitro de su sangre.Había trabajado como vigilante y era consumidor de heroína y alcohol en su país.

En los antecedentes de nuestro paciente destacan hepatitis C, consultas a distintos servicios de urgencias por ansiedad y dificultad para conciliar el sueño; tratamientos con ketazolam, lormetazepam, diazepam, si bien su preferencia se decantaba por el alprazolam; frecuentes cambios de equipos médicos; fue incluido en programas de metadona, alternados o superpuestos a consumo de heroína; ingresos en comunidades terapéuticas, de las que se marchaba a los pocos días; incursiones en la cocaína, etc. Se le hicieron diferentes propuestas con el objeto de conseguir la abstinencia a opiáceos por su cuenta. Perdió el trabajo de vigilante.
También constan quejas sobre su situación social y la sensación de que no recibía ayuda desde las instituciones, demandas de domicilio y subsidio económico por discapacidad física, demanda de ingreso en un hospital, etc. Es expulsado de diferentes centros, con el consiguiente veto para ingresos futuros. Un historial calcado al de otros con problemas de adicción. Días antes de su fallecimiento se registra la solicitud de alprazolam en un centro sanitario. No se le dio y marchó amenazando con denunciar a los médicos del centro. Se confirma la muerte. Para más información hay que dirigirse al Juzgado de Instrucción. La autopsia será uno de los últimos escritos sobre el paciente. Su lectura puede que exprese la presencia en su cuerpo de diferentes sustancias, en línea con las más de tres de promedio de los consumidores de sustancias no legales en Barcelona. Tal vez haya alguna enfermedad no descrita en visitas no óptimas o se pueda postular si ha sido una reacción adversa o una sobredosificación. No encontraremos ningún dato sobre sus últimos pensamientos antes de la inyección. Se comunica la muerte a una anterior pareja y a su familia, que va a ir a su encuentro cuando él ya no está vivo. En las notas clínicas se citan insultos a los profesionales y una elevada rotación médica.
Como una nota a añadir a la epicrisis, la impresión de los autores de que los pacientes que se enfrentan a los profesionales o que se marchan profiriendo amenazas e insultos contra el centro donde han sido asistidos tienen un peor pronóstico. Las disfunciones en la relación médico-paciente, profesional-paciente, son un factor de riesgo, como en este caso. 
El principio de non nocere, evitar un efecto indeseable, lleva a infratratamientos. Es lógica la preocupación de los facultativos, pero la evitación del uso recreativo, la prevención de efectos colaterales o la evitación del tráfico de sustancias no son el principal objetivo médico, sino el bienestar del paciente.