Paciente varón de 10 años, ingresado en nuestra Sala de Psiquiatría Infanto-Juvenil por un episodio de agitación. 
Horas antes, había acudido acompañado por su madre de 51 años de edad, a un servicio de urgencias de otro hospital de la ciudad. Ella consultaba por síntomas somáticos que atribuía a objetos que algún doctor habría implantado en su abdomen por orden de su ex-marido, durante la cesárea de su hijo, hacía 10 años. Verbalizaba ideas delirantes de perjuicio, junto con interpretaciones delirantes, y fue hospitalizada en una sala de Psiquiatría de adultos. Al ingresar la madre, su hijo fue derivado a nuestro servicio para ingreso, porque explicaba las mismas ideas delirantes que su madre. 

La madre era originariamente de Rumanía y emigró a Alemania con su familia de adolescente. 
Era una persona desconfiada, con intereses bizarros y tendencia al aislamiento social. Por lo que explicaba, había presentado ideas delirantes y un comportamiento desorganizado años antes, y tenia un mal funcionamiento a nivel laboral y social. No había sido diagnosticada de ninguna patología y no describían otros antecedentes familiares psiquiátricos. El hijo había nacido de un embarazo y parto sin complicaciones, sin antecedentes médicos relevantes. Madre e hijo dejaron Alemania un año antes de ingresar en nuestro servicio, viajando a Rumanía, Francia y Gran Bretaña, y viviendo breves periodos de tiempo en cada país. Ambos explicaban que se escapaban del padre y del abuelo paterno del niño, que los estaban persiguiendo. Habían llegado a España hacía diez meses, y vivían en un piso compartido.
Cuando fue ingresado, el paciente mostraba un nivel intelectual adecuado, siendo capaz de comunicarse bien en inglés y castellano, a pesar de no haber ido a la escuela desde hacía un año. El paciente explicaba ideas delirantes autorreferenciales y de perjuicio, creyendo que su madre y él eran perseguidos por la policía. Él pensaba que la policía española estaba en contacto con la alemana, quien ayudaba a su padre y abuelo en su plan de matar a su madre y a él. Describía que eran monitorizados por los vecinos, de manera que éstos dañaban de forma intencionada sus aparatos electrónicos. En un primer momento, al ingresar, presentaba una conducta inadecuada como mostrarse desconfiado con la comida o rechazar sentarse en una silla, pero después de 24 horas en el hospital, mostró una rápida adaptación, sin dificultades en la interacción con el personal sanitario ni los otros pacientes ingresados. Durante el resto del ingreso, que fue de 20 días, el paciente no verbalizó ni mostró ningún signo de presentar alucinaciones, ideas delirantes ni otros síntomas psicóticos. No tomó ninguna medicación. 
Fue diagnosticado de Trastorno psicótico compartido (F24, CIE-10). Después de este periodo separado de su madre, el paciente no criticaba lo que había sucedido cuando estaban juntos, pero no se observaba ninguna influencia en su comportamiento.

Su madre fue diagnosticada de Esquizofrenia paranoide (F20.0, CIE-10) y recibió tratamiento antipsicótico con risperidona, con una respuesta parcial.
El paciente fue derivado al alta de nuestro servicio a un centro de acogida temporal, dependiente de la Dirección General de Atención a la Infancia y la Adolescencia, mientras los Servicios Sociales contactaban con el consulado alemán y evaluaban a sus familiares para poder establecer quien podría cuidarlo. Después de tres meses de seguimiento, el paciente no verbalizaba síntomas psicóticos, pero todavía no hacía crítica completa de lo sucedido antes de la hospitalización. Finalmente, se marchó a 
Alemania para vivir con su abuela materna, mientras su madre continuaba ingresada.