La Sra. Villegas , de constitución pícnica y 63 años de edad, empezó su seguimiento en psiquiatría hace 5 años. De origen judío, criada en una familia de comerciantes, tiene un hermano mayor que fue el preferido de su madre, mientras que ella era la favorita del padre. La relación con su madre era fría y distante, tanto era el rechazo que su genitora le provocaba, que a la edad de diecisiete años decide hacerse una cirugía estética del mentón, para diferenciarse físicamente de ella. En esta familia, ella se sintió siempre como "un perchero sin vida propia", sin derecho a existir por ella misma. En consecuencia, hará grandes esfuerzos por estudiar de todo: psicología, teatro, historia del arte. De personalidad sensible, ella se había desarrollado como la oveja negra en esta familia 'tradicional', con una hiperestesia hacia las críticas y una cierta arrogancia a la hora de defender sus ideas. Más bien fina en sus observaciones, dice tener un don como "médium o clarividente", "con un ojo de águila". Está casada y tiene una hija.

Hasta sus 58 años, la paciente lleva una vida acomodada, frecuenta el ambiente artístico y participa activamente cantando música tradicional judía. En ese momento, ella se decide a publicar por la primera vez en su vida un ensayo íntimo y personal escrito por ella misma. Exponiendo sus escritos a su entorno de amigos del ambiente artístico, recibe fuertes críticas negativas de la parte de un escritor consagrado. Sintiéndose enormemente depreciada, se aleja rápidamente de este grupo que ha traicionado su confianza.

Poco tiempo después, cae en una depresión. Sumida en el desamparo y la impotencia, la policía la trae al hospital porque quería suicidarse con una bolsa de plástico sobre la cabeza. En la sala de psiquiatría, presenta un delirio polimórfico, sintiéndose perseguida por su marido "que manipula a todos para silenciarla", y presentando un dismorfofobismo con sentimiento de transformación en su rostro, sobre todo en su nariz y el mentón. Oponiéndose a todo tratamiento medicamentoso, recibe terapia electroconvulsiva con una mejoría gradual en su estado de ánimo y la desaparición de los síntomas psicóticos. Una vez estabilizada, las entrevistas con la paciente se vuelven estériles y poco contributivas, con tendencia hacia la simbolización excesiva- haciendo prueba de su inteligencia-, mantiene una actitud arrogante y despectiva hacia el equipo médico. Un test de Rorschach realizado hacia el final de su internamiento muestra aspectos maniaco-depresivos, con una personalidad oral y angustias arcaicas psicóticas. La paciente regresa a casa con tratamiento con antidepresivos tricíclicos y risperidona.

Dos meses después, tras un aislamiento social importante, una abulia y un delirio de ruina, vuelve al hospital pero esta vez de forma voluntaria. Presenta un mutismo rápidamente reversible con inyecciones de lorazepam. La ansiedad domina el cuadro clínico, con elementos autorreferenciales y un delirio de tonalidad depresiva. Nuevamente, una vez tranquilizada, guarda una actitud altanera y despectiva, sin entender qué hace en un lugar como el hospital.

Después de estas hospitalizaciones, regresa a un período de relativa estabilidad, llevando una vida de tranquilidad, lejos de los acontecimientos mundanos.

Cinco años después de su primera descompensación, mientras pasa una vacaciones en el extranjero, la paciente siente otra vez fuertes angustias, con la impresión de que su rostro se transforma, se siente perseguida por las autoridades aduaneras del país, temiendo que no reconozcan su foto sobre su documento de identidad. Luego de acudir al hospital una vez más, se vuelve contra su esposo y su psiquiatra que han decidido internarla. La angustia cede rápidamente con el tratamiento de benzodiacepinas, pero el delirio de persecución hacia su marido continúa. Presentando ideas de grandeza, se muestra en el servicio como la nueva terapeuta y decide tratar a los otros pacientes sin ninguna conciencia mórbida. Deja el hospital y el delirio persiste con cierta intensidad durante su seguimiento ambulatorio. La paciente se queja de que su marido "embruja a todo el mundo", tiene miedo de que él la envenene y está convencida que su jardinero le roba sus prendas de vestir. Poco a poco, su delirio se refuerza con angustias, tomando un fondo distímico y de contenido afectivo. Insiste en el hecho que la medicación le transforma sus rasgos faciales, que no se parece más a la foto de su documento de identidad y que la policía vendrá a detenerla. Histriónica, tiene miedo de perder el habla en cualquier momento. La persecución termina por ceder hacia una cierta confabulación para compensar la pérdida de su rica vida anterior: "antes participaba de cocteles de la alta sociedad y ahora no puede hacer nada", "antes ella era hermosa como una actriz francesa, cantaba ante grandes auditorios, y ahora sólo es un rostro deformado". Más tarde, algunas ideas de carácter fantástico vendrán a superponerse: el pequeño estanque en su jardín va a desbordarse e inundará toda Europa, "habrá que escapar a Estados Unidos para salvarse", termina por contactar con la gendarmería para que tomen medidas en el asunto...