Itinerario clínico

El primer contacto de la paciente con Salud Mental tiene lugar en 2000, en la urgencia de un hospital general, al que llega con una crisis de angustia que se acompaña de componentes agorafóbicos y sensación de desorientación espacial y temporal (en la exploración no acierta a decir cuántos años tiene o dónde vive). En esos momentos la paciente narra lo siguiente: Unos diez años antes, su madre le revela que no es su madre biológica, sino que la había adoptado siendo pequeña, y le pide que mantenga en secreto esta información de cara a otros familiares o amigos, alegando que nunca se sabe cómo puede reaccionar la gente ante revelaciones de este tipo. La paciente hizo una suerte de negación de este relato, poniéndolo en duda, pese a lo cual sufrió varios episodios de angustia que remitieron espontáneamente. No volvió a pensar en ello, hasta el año 2000, cuando una serie de trámites familiares conllevan que solicite en un Registro su partida de nacimiento. Al ver plasmado en un documento oficial la evidencia de la falsedad de la que había creído siempre que era su filiación, su equilibrio mental se quiebra y se sumerge en una crisis de angustia. "Sus padres eran otros, su lugar de nacimiento era otro; ni siquiera su nombre era el mismo". Empezó a vomitar de una forma incontenible, hasta el punto de requerir un ingreso hospitalario. Se desencadena después la clínica ansiosa, en forma de crisis, iniciando a partir de ahí tratamiento psiquiátrico y psicológico (en clave conductual) "que la ayudó mucho" en un principio, pese a que le disgustaba verse "etiquetada" por una terapeuta que "se centraba en exceso en las técnicas de relajación y muy poco en otras cosas importantes de su vida". "Estuvo años tomando tranquilizantes" que sólo fue dejando cuando "se vio ya lo suficientemente fuerte", hacia 2006... Pese a ello, los episodios de pánico reaparecen con prontitud y facilidad, sin que exista una posibilidad clara de delimitar los precipitantes. Retoma el contacto con Salud Mental en 2008, reinstaurándose una pauta farmacológica que irá variando sin cesar -como consecuencia de la dificultad para acceder a una mejoría real- y reabriéndose un abordaje psicoterapéutico que tampoco resulta ya tan exitoso como antaño. Los síntomas de ansiedad, no obstante, parecen ir remitiendo, hasta que irrumpe durante las referidas vacaciones familiares "esa sensación de tenaza en la garganta", esa "bola de pelo" que le impide tragar y condiciona toda su vida.

 

Retrato subjetivo de su biografía

Hija única, relata una estupenda infancia, muy feliz a pesar de la trágica muerte de su padre cuando ella tenía 3 años. Aquejada con frecuencia de amigdalitis, los médicos recomendaban a la familia pasar los períodos estivales en la sierra. Un verano, tras un día dedicado al baño en una presa, su padre, del que tiene muchos recuerdos y al que define como "firme" pero también "risueño y tranquilo", sufre una trombosis. Recuerda con horror el viaje hasta Madrid en ambulancia, el aullido de las sirenas que durante años no va a soportar escuchar. Se traslada a una ciudad del Sur peninsular con su madre, que es descrita como "la mejor persona que ha conocido", cariñosa y generosa, capaz de hacer sentir a la paciente la persona más importante de su vida, "con autoridad y mano de seda". Se establecen en casa de una tía de la paciente durante tres años que E recuerda, a pesar de la orfandad, como maravillosos; por el clima relacional reinante y por la excelente sintonía vivida con sus primas, a las que aún hoy, pese a los años y la distancia, sigue muy apegada. Y también pese a que todos (excepto ella misma) sabían que era adoptada. Regresan a Madrid cuando E tiene 6 años. Su madre trabajaba como peluquera, y la desbordaban los encargos, "vivía esclavizada peinando". Ésa es la razón por la que la paciente, estudiosa y brillante, renuncia a la Universidad para hacer un curso de secretariado. "Había que hacer algo rápido, que permitiese encontrar un trabajo y ayudar en casa". A los 15 años conoce al que será su marido. Le resultó interesante: "callado, sensato, tranquilo, ubicado, metódico". Al año, se aburrió, rompió con él, pasó una temporada "muy loca", saliendo mucho. Después quiso volver a la tranquilidad, y retomó la relación con él. Ella trabajaba mucho, en una firma de artículos de lujo, desarrollando una actividad profesional intensa y gratificante que no sólo le va a permitir "retirar" a su madre de su penoso empleo, sino disfrutar de las múltiples fiestas y eventos sociales que formaban parte de su actividad laboral. Un mundo que termina por abandonar al casarse, en una dolorosa renuncia que narra impasible y que asume con el fin de evitar los constantes conflictos que se generaban con su pareja, que fue siempre un hombre muy celoso.

Se casa con 23 años, y su matrimonio resultará frustrante e insatisfactorio ya desde el viaje de bodas. "Hubo mucho sexo, pero también mucha frialdad e indiferencia, y muy poco cariño".

La pareja se instala en la casa de la madre de la paciente, cuya salud era muy precaria ya en ese momento, y con la que el marido de E chocaba constantemente. El ambiente era irrespirable y la paciente, profundamente decepcionada por el trato que recibía en su matrimonio, decide romper a los 6 meses de la boda. Pone las maletas de su pareja en la puerta totalmente decidida a la ruptura. Al descubrir poco tiempo después que está embarazada, resuelve reanudar la relación desde el planteamiento irrenunciable de no querer ofrecer a su hijo una vida sin padre, como la que a ella le tocó vivir.

Con su madre enferma, con la llegada de los hijos, con la renuncia a su carrera profesional y a su vocación artística y creativa, su existencia y su identidad se despliegan y se agotan casi en exclusiva desde el lugar de cuidadora, lo que le permite canalizar un carácter afectivo y cariñoso que -como termina por reconocer con amargura- ha perdido con el paso de los años y las decepciones: "se ha cansado de dar y de no recibir".