Presentamos el caso de un niño de 12 años que ingresa en psiquiatría desde el servicio de pediatría de su hospital de referencia para estudio por cuadro de vómitos persistentes, ante la sospecha de un cuadro psicógeno. Previamente fue valorado por numerosos especialistas en pediatría y psiquiatría de diferentes hospitales, resultando todas las pruebas complementarias negativas.

El paciente empezó a vomitar a los 5 años de forma repetida, precisando múltiples ingresos. En los 3 últimos años presentó una mayor incidencia de los vómitos, con pruebas complementarias normales. En el último mes requirió 4 ingresos seguidos por empeoramiento; en seguimiento en salud mental y tratamiento con aripiprazol y clonazepam sin mejoría.

Tras permanecer ingresado un mes, persistieron epigastralgia y vómitos. No mejoró con el tratamiento psicofarmacológico, conductual, ni respondió al placebo. Ante la intensidad del cuadro, se consultó con el servicio de pediatría, que reiniciaron exploraciones complementarias, objetivándose una grave patología gastroesofágica. El paciente mejoró al iniciar una pauta de tratamiento con omeprazol.