Cuadro que motiva el ingreso
Varón de 12 años que ingresa en el servicio de Pediatría para estudio y contención de escalada de "crisis" (inicialmente etiquetadas de crisis de ansiedad) autolimitadas, de aproximadamente unos diez días de evolución, que progresivamente van adquiriendo una mayor complejidad y sintomatología abigarrada.En el momento de su ingreso, estos episodios se iniciaban con presentación de imágenes mentales en forma de flashbacks de situaciones problemáticas para el paciente (especialmente problemas con compañeros en el ámbito escolar según refería), acompañadas de incontinencia afectiva, hiperventilación, autolesiones por medio de golpes con los puños en su cabeza y de ésta contra la pared, impresión de desconexión del medio, junto con estereotipias motoras en forma de giro cefálico e inversión de ambos globos oculares.

Historia psicobiográfica/antecedentes personales
El paciente es el mayor de dos hermanos, residente en domicilio familiar con ambos padres en un contexto rural. En su historia biográfica se reseña un cambio de domicilio hace 3 años desde una gran ciudad de otra comunidad, por varias cuestiones, entre ellas la búsqueda teórica de un entorno "más tranquilo" para los problemas psiquiátricos de la madre. La madre refiere antecedentes de varios ingresos hospitalarios en Unidades de Agudos de Psiquiatría, tanto en esta comunidad como en la de origen, con diagnóstico de Trastorno Personalidad mixto, Distimia y varios intentos de autolisis. El padre refiere que los problemas de la madre han condicionado la dinámica familiar durante todos estos años, objetivando una preocupación constante de ambos hermanos por la salud de su madre (con la que especialmente el paciente mantiene un fuerte vínculo afectivo y emocional) así como el temor, transmitido por ella, de que los Servicios Sociales y de Menores puedan intervenir para "hacerse cargo de ellos".
Entre los antecedentes del paciente, se señala un descenso progresivo del rendimiento escolar durante los últimos cursos de Primaria, así como problemas relacionales con sus pares, así como una probable situación de acoso escolar en las últimas semanas.

Evolución intrahospitalaria
Durante los primeros días de su ingreso, que se prolonga unas tres semanas en una Unidad de Hospitalización Psiquiátrica específica de Niños y adolescentes, presenta numerosos episodios similares a los descritos, de corta duración pero muy frecuentes (unos 3-4/día) con signos evidentes de agotamiento físico posterior y con lagunas mnésicas en el período postcrítico. Se descarta etiología orgánica (epileptógena, estructural, metabólica...) con exploraciones físicas y resultados de todas las pruebas complementarias realizadas (analíticas, EEG, RMN...) dentro de la normalidad. En los períodos intercríticos mantiene un discurso coherente y una conducta normalizada aunque marcada por unos rasgos de personalidad ansioso-fóbicos y una elevada dependencia materna. A la exploración psicopatológica, en los períodos intercríticos no existe un trastorno del contenido o forma del pensamiento, alteraciones sensoperceptivas o del lenguaje. El paciente describe recuerdos durante las crisis de "visiones de personas muertas, sangre, compañeros que vienen a matarle", reconoce irrealidad de estas percepciones, enmarcándolas psicopatológicamente en ilusiones visuales, junto a la existencia de sueños vividos y fenómenos de flashback de varios episodios concretos en los que el refería haberse sentido humillado y amenazado por varios compañeros (punto que la familia confirma aunque no así el centro escolar). No se identifica una alteración anímica ni ideación autolítica estructurada, pero sí pensamientos rumiativos en torno a ese estresor escolar a la vez que una preocupación subyacente por la salud de su madre, con una significativa indiferencia respecto a la situación de su ingreso y la alarma que en su entorno crea estos episodios y sus conductas durante los mismos.Durante las dos semanas antes de su ingreso el paciente había acudido en varias ocasiones a su USMIJ de forma urgente, figurando la impresión diagnóstica de sintomatología ansiosa-depresiva de características adaptativas a estresor escolar, con gestos autolesivos mediante cortes en antebrazos para alivio de "malestar interno" según refería el menor, sin evidenciarse clínica afectiva primaria o ideación autolítica estructurada.
El menor recibía, con anterioridad, atención psicológica desde hacía dos años por dificultades en mecanismos de afrontamiento y habilidades sociales, con tendencia a minusvaloración, elevada inseguridad, necesidad de agradar, pobre autoconcepto y baja tolerancia a la frustración, presentando empeoramientos afectivos reactivos a las hospitalizaciones de la madre, pero no había recibido nunca tratamiento farmacológico ni presentado conductas auto u heteroagresivas. En las atenciones urgentes previas al ingreso, se había iniciado tratamiento con clonazepam 1mg/d de forma sintomática con nula respuesta.Durante los primeros días de su ingreso, se ajuste al alza la dosis de clonazepam en solución de 2.5mg/ml hasta un total 2mg/día repartidos, iniciando de forma paralela risperidona solución 1mg/día y paroxetina solución 10 mg/día., consiguiendo una contención de la escalada de crisis, pero no una remisión completa de las mismas, que se exacerban preferentemente en presencia de su madre y/o ante frustraciones/límites.
A la semana de su ingreso en Pediatría se decide su traslado a una unidad específica de hospitalización psiquiátrica del niño y adolescente, por la aparatosidad de las crisis, su dificultad de contención en una planta de pediatría de Escolares y con el objetivo de filiación diagnóstica y observación del menor, en un entorno controlado fuera de su dinámica familiar. A los dos días de su ingreso, las crisis desaparecen completamente, objetivándose sintomatología adaptativa a estresores familiares y escolares, así como escasos recursos de afrontamiento y de expresión emocional por parte del menor, sin psicopatología que oriente a un trastorno psiquiátrico primario/mayor en el momento actual.