El servicio pediátrico del hospital ingresa a un niño de 4 años que tiene dolor en sus extremidades inferiores y torpeza. El día previo a su ingreso, la familia notó que su somnolencia aumentaba y que su marcha sufría alteraciones. Durante el examen inicial en urgencias el niño estaba agotado, tenía somnolencia, carecía de fiebre, tosía y tenía secreción nasal espesa. El niño fue ingresado con el diagnóstico de encefalitis versus intoxicación de drogas (dos años antes había sido ingresado debido a un episodio de encefalitis que fue resuelto en un periodo de tres meses). Los resultados fueron normales en cuanto al recuento de células rojas, las pruebas del funcionamiento del hígado y del riñón, incluyendo un análisis del líquido cerebroespinal para determinar la presencia de lactatos y de amonio, tanto como de un TAC de la cabeza. La cromatografía líquida de ultra-alto rendimiento-espectrometría de masas de sangre y orina reveló la presencia de sertralina y de quetiapina, dos de los tres fármacos psicoactivos (el tercero era metilfenidato) que tomaba el hermano de 8 años, afectado por el síndrome de Asperger.
Una vez hospitalizado, el niño presentó un amplio espectro de síntomas, tales como somnolencia persistente, debilidad generalizada, lenguaje ininteligible, incontinencia urinaria y estreñimiento. Durante los primeros cuatro días, experimentó miosis, lagrimeo y blefaroespasmo. Los síntomas clínicos cambiaron gradualmente durante cuatro días: ningún reflejo profundo a partir del segundo día, una erupción eritematosa en el tercio superior del tórax, cabeza y cuello, movimientos distónicos de las extremidades, señales extrapiramidales y convulsiones tónicas generalizadas con midriasis escasamente reactivo a la luz, tratado con diazepam. A raíz de esto, fue ingresado en la unidad de cuidados intensivos (UCI) para intensificar su tratamiento y monitoreo. Pocas horas después de ser transferido a la UCI, el niño experimentó una recuperación gradual de su estado de alerta y su tono muscular, finalizó su midriasis, pudo sentarse por sí mismo, sujetó objetos y los movió entre las manos y los alzó. Se observó mejora de su lenguaje, incluyendo la comprensión de órdenes sencillas. Después de 24 horas, el niño fue capaz de andar.La severidad del cuadro clínico, la similitud del episodio anterior, y la presencia de ambas drogas en las muestras de sangre y de orina motivaron la solicitud del análisis segmentario del pelo, dada la sospecha fundamentada de la administración crónica y no accidental por parte de la madre de metilfenidato, sertralina y quetiapina, que también se administraban a su hermano que había sido prescrito dicho tratamiento