Se trata de una mujer de 57años que consultó en nuestro centro de salud mental por episodio depresivo con síntomas melancólicos. La paciente no tenía antecedentes medico-quirúrgicos de interés.
Como antecedentes psiquiátricos había presentado dos episodios leves de depresión postparto por los cuales no había recibido tratamiento. Tres años antes de la consulta había presentado un episodio depresivo coincidiendo con la peri menopausia que había remitido con paroxetina 20-mg/día. El tratamiento con paroxetina fue mantenido durante estos tres años. En la primera visita al centro de salud mental la paciente presentaba síntomas depresivos desde hacía un mes. Se aumentó la dosis de paroxetina a 40-mg/día. La paciente no mejoró con este aumento de dosis ni al realizar un cambio a venlafaxina 300-mg/día. Se realizó un segundo cambio a duloxetina 120-mg/día y la paciente mejoró, pero a los tres meses, desarrolló síntomas hipomaníacos que remitieron al retirar el antidepresivo y añadir quetiapina 200-mg/día y valproato 1000-mg/día.
Un mes después, la paciente presentó una recaída depresiva, por lo que fue hospitalizada y se retiró el valproato por efectos secundarios. Al alta, después de un mes de ingreso, la paciente seguía tratamiento con lamotrigina 200-mg/día y paroxetina 30-mg/día; había mejorado, pero no se había conseguido una remisión completa de los síntomas depresivos. Dos meses después del alta y considerando que la paciente presentaba todavía síntomas depresivos (tristeza, anhedonia, difi cultades de concentración, falta de energía) y que el trastorno depresivo parecía relacionado con la peri menopausia, se añadió raloxifeno 60-mg/día al tratamiento. A los 15 días de este nuevo tratamiento, la paciento mejoró hasta la remisión completa del episodio depresivo que había presentado.