Pongamos por caso el de un varón de 36 años de edad que desde la primera infancia nunca ha mostrado interés por los pares debido a una alteración de la reciprocidad social (en el colegio no tenía amigos y durante los períodos de descanso o recreos se quedaba en clase tarareando canciones; este aislamiento no le causaba sensación de sufrimiento), con un discurso monótono y perseverativo aunque adecuado en contenido, pero no en forma debido a la actitud con que se manifiesta (que se podría denominar como "en actitud recitadora"), con un manejo cognitivo de la información absolutamente literal, traduciendo una falta de capacidad para la aproximación y modulación emocionales, y cuyos intereses particulares (en este caso el paciente decidió comenzar a leer la Biblia en profundidad, como lectura de cabecera favorita, cuando contaba 12 años) en ocasiones calificables como bizarros constituyen a veces auténticos rituales o rutinas obsesivas. Licenciado posteriormente en derecho, tras unos años ejerciendo, abandonó posteriormente el trabajo por encontrarse incapaz de seguir realizándolo. En la actualidad carecía de red social. Claramente presenta un cuadro psicopatológico que no obstante ha permanecido sin diagnosticar todos estos años. Pero además, y a la edad de 34 años, sus intereses particulares y su pensamiento y su discurso literales y estereotipados parecen adquirir cambios cualitativos que derivan en ideas sobrevaloradas, ideas deliroides y delirantes, y posibles alucinaciones cenestésicas, que..."y aquí se plantea el problema"... ¿pudieran a ciencia cierta clasificarse como ideas delirantes y auténticas alucinaciones?. La duda está servida y por tanto el debate planteado: ¿se trata de un SA que ha pasado desapercibido en tanto que no ha sido diagnosticado, o más bien podríamos hablar de un SA inicial al que se ha añadido en este momento o bien un trastorno esquizoide o bien un trastorno esquizotípico o un trastorno psicótico breve, o por el contrario el diagnóstico que se añade es el de una E?, o más posibilidades, ¿y si sólo diagnosticamos la E excluyendo la comorbilidad con el SA?. Este cuadro plantea un interesante y complicado reto diagnóstico.Este paciente comenzó su cuadro de descompensación actual mostrando ansiedad, un mayor aislamiento social y quejas físicas (estaba preocupado porque notaba un sabor a sulfúrico en la boca); se añadía un discurso reiterativo centrado en temas religioso-místicos; los síntomas habían comenzado durante la semana anterior al ingreso y tras un cuadro gripal. Permaneció ingresado durante 25 días, objetivándose una disminución de los síntomas que motivaron el ingreso, pero que nunca llegaron a desaparecer por completo. Durante el ingreso refería que "el demonio estaba dentro de su cuerpo por lo que se sentía condenado, así que decidió dedicar todo su tiempo a rezar. Comenzó a sentirse condenado cuando cedió su indulgencia a su madre porque ésta está diagnosticada de una enfermedad de Alzheimer y pensó en esto como una posible salvación para ella. Pero ocurrió que al ceder su propia indulgencia, él quedó condenado al purgatorio, y convencido de que el mundo llegaba a su fin ya que los ángeles estaban decididos a separar el trigo de la cizaña para traer la paz a las personas de buena naturaleza. Cada vez que notaba una sensación de quemazón en el pecho, interpretaba que el demonio estaba dentro de su cuerpo; esta sensación de quemazón mejoraba si rezaba". Fue tratado con antipsicóticos y benzodiacepinas, disminuyendo la mayoría de los síntomas, pero el pensamiento deliroide y delirante permaneció con la misma intensidad, aunque sí cedieron la ansiedad, la repercusión emocional del cuadro y las alucinaciones cenestésicas que desaparecieron.Este paciente había estado ingresado previamente en una ocasión hace tres años. Presentó los mismos síntomas que durante este ingreso; en esta primera ocasión el cuadro comenzó tras una extracción dental. Fue dado de alta tras 22 días, con recuperación sólo parcial de la sintomatología. En este primer ingreso se realizó una RMN en la que aparecieron calcificaciones en la convexidad del lóbulo parietal derecho (padeció una meningitis como complicación del sarampión cuando niño) y un mayor volumen del asta occipital en el lado izquierdo del ventrículo lateral. 