Se trata de un niño de cuatro años y nueve meses de edad que viene a consulta de psiquiatría infantil derivado por su pediatra, para estudio de alteraciones conductuales. El paciente había sido valorado por neuropediatría, desde donde se habían solicitado una RMN craneal y un EEG, que resultaron sin alteraciones, descartándose patología neurológica o estructural del SNC. El paciente carecía de otros antecedentes médicoquirúrgicos relevantes.Es hijo único y convive con sus dos progenitores y la abuela materna, en un ambiente familiar pacifico. Es un niño querido.El paciente había ido adquiriendo los distintos hitos del desarrollo psicomotor en plazos habituales. Exhibía un juego simbólico rico desde el primer año y había desarrollado el lenguaje con normalidad. Escolarizado desde los veinticinco meses, no había presentado problemas de aprendizaje y se relacionaba fluidamente con sus pares. Sus padres lo definen como un niño cariñoso, que busca el contacto y responde a gestos de afecto. No parece especialmente rígido o rutinario ni tampoco es despistado. Por lo general no muestra dificultades para ejecutar tareas que requieran atención sostenida. Suele preferir entretenimientos tranquilos a juegos que impliquen mayor actividad física.Durante los últimos meses de embarazo y el puerperio, la madre del paciente sufrió un cuadro depresivo de intensidad moderada, con datos de endogenicidad afectiva, que requirió tratamiento antidepresivo y fue cediendo progresivamente hasta remitir ad integrum. No constan otros antecedentes familiares psiquiátricos en infancia o edad adulta.Los padres del paciente le traen a consulta preocupados por los cambios de humor que éste aqueja, muy frecuentes y exagerados. Destaca una intensa irritabilidad, presentando por temporadas, con frecuencia prácticamente diaria, arrebatos de ira que se acompañan de inquietud psicomotriz y distraibilidad y que surgen abruptamente, como reacción a mínimos contratiempos o carecen de causa aparente. En el transcurso de ellos el paciente somete su entorno a importante violencia tanto física como sobre todo verbal, profiriendo crudas amenazas de muerte hacia sus familiares (e. g., "te voy a cortar la cabeza"). Durante estos episodios, el paciente verbaliza además contenidos insólitos, que impresionan de grandilocuencia, muchas veces expresando su propia omnipotencia (e. g., "voy a destruir el sol y la luna con spray de hechizo", "voy a eliminar todos los relojes del mundo y nadie sabrá qué hora es"). De semblante habitualmente serio, en dichas ocasiones exhibe una expresión inequívoca de rabia.En otros momentos, el paciente presenta crisis de llanto mantenido, en las que puede estar inmerso, a intervalos, varias horas, y durante los cuales, según sus padres, parece triste y melancólico. El patrón temporal de los cambios de humor descritos es poco claro. Los raptos de irritabilidad y los ataques de llanto se dan más en las últimas horas vespertinas pero también los han notificado en el colegio. Los padres han observado como durante varios días seguidos tienen lugar cambios de humor más intensos y frecuentes que se suceden de otros períodos en los que el paciente presenta un ánimo más estable. Sitúan los tres años y medio como fecha de inicio del cuadro.El paciente no parece mostrar síntomas de hiperactividad conductual mantenida. Tampoco ha presentado alteraciones en el ritmo del sueño ni en su alimentación. La exploración física es anodina. En las entrevistas, el paciente no aporta una explicación consistente para sus oscilaciones anímicas. En general se muestra tranquilo, sin datos de inquietud ni otras alteraciones psicomotrices. Normoproséxico. No expresa ideas de contenido patológico o inusual para su edad y su discurso no sugiere psicoticismo. Aparentemente eutímico en las entrevistas, con un afecto congruente y resonante.Utilizamos la Child Mania Rating Scale-Parent Version(CMRS-P), sencilla de aplicar en niños de corta edad, y validada como instrumento complementario a la historia clínica en el despistaje de manía pediátrica7, obteniendo una puntuación de 26.