Varón de 23 años que acude a la consulta del Centro de Atención Integral al Drogodependiente (CAID) con la intención de abandonar el consumo de cannabis "porque quiere disponer de su cerebro en toda su medida" y no quiere estar todo el día "fumado". No hay nada que reseñar entre los antecedentes familiares.

Antecedentes personales
En la primera infancia tuvo problemas médicos importantes por una malformación de los uréteres con afectación renal, que se resolvió a la edad de tres años pero que le obligaba a necesitar una bolsa externa colectora de orina durante meses con revisiones y exploraciones que el paciente recuerda por el dolor que le producía. Posteriormente se diagnostica ambliopía, y se prescribieron parches de oclusión ocular y gafas. El paciente refiere que terminó memorizando las letras y figuras de los aparatos de exploración porque su objetivo era no llevar parche ni gafas al colegio. Se terminó dando alta por mejoría a la edad de 12 años. Actualmente el paciente ve mal con el ojo izquierdo. El rendimiento escolar era muy bueno hasta la edad de 14 años en la que en el instituto comenzaron problemas en el comportamiento y en el rendimiento de los estudios. Los padres consultaron con el psicólogo escolar que diagnosticó que el paciente tenía un cociente intelectual (C.I.) de 130 y que los problemas del rendimiento escolar eran debidos a que era "muy inquieto y rebelde". Se planteó que estudiara Garantía
Social pero el paciente se propuso demostrar que "él valía para estudiar" y obtuvo buenísimas calificaciones en el curso siguiente, pero seguía comportándose de forma inadecuada en el ambiente escolar. Terminó la enseñanza secundaria con retraso en los cursos y no quiso preparar la selectividad. A los catorce años había comenzado el consumo de cannabis, había probado otras sustancias, y se relacionaba siempre con chicos mayores que él.

Historia de consumo
Entre los catorce y quince años comienza el consumo de tabaco, cannabis y prueba LSD y anfetaminas. El consumo de estas dos últimas sustancias sólo se hace ocasional, algún fin de semana, pero lo toma hasta los diecinueve o veinte años. Prueba la cocaína a los dieciséis años, pero no le gusta, refiere que le sentaba mal, aunque no refiere ideas paranoides cuando la consumía, sí dice que le "alteraba sobremanera". También a los quince años prueba el alcohol, pero no toma más de dos o tres copas los días que sale en fin de semana. El paciente había solicitado tratamiento hacía año y medio, con 21 años, también con la intención de abandonar el consumo que consideraba le producía dificultades para resolver los problemas que su novia, también consumidora de cannabis y diez años mayor que él, le producía. Había acudido al CSM de su zona por la sintomatología ansiosa que presentaba, y tras pruebas complementerias, incluido ECG se diagnostica de una posible hiperactividad, se le recomienda sertralina y topiramato y el abandono del consumo de cannabis. El paciente hacía buena crítica de su consumo, manifestando que le dificultaba la toma de decisiones y la manera de afrontar los hechos que ocurrían en su entorno. Consiguió reducir el consumo a dos o tres porros diarios y abandonó el tratamiento aunque era consciente de que no había obtenido su objetivo que era la desintoxicación.

Estado actual
El paciente vive con sus padres y una hermana cinco años menor que él. Hay buena relación familiar. Trabaja a media jornada para cubrir sus gastos, prepara la selectividad por segunda vez, estudia inglés sin apoyo externo, se prepara para ser profesor de autoescuela, en donde ve una salida profesional en el ámbito familiar y que le ayudaría a financiar sus estudios en ciencias de la salud. Tiene una nueva novia, también mayor que él, no consumidora y de la que se quiere separar. En el momento de la consulta el paciente manifiesta gran ansiedad, labilidad emocional sin anhedonia, insomnio de conciliación y sueño roto, crisis de angustia, irritabilidad y sensación de falta de control en sus actos y en manifestar adecuadamente lo que piensa, lo que le produce gran retraimiento social e imposibilidad de concentrarse en tareas que le son agradables, tales como leer; se queja de alteraciones de la memoria inmediata. Percibe como anómalo el intentar realizar muchas tareas que no termina porque no es capaz de concentrarse durante mucho tiempo, pero refiere que mejora el rendimiento si cambia de tarea con cierta periodicidad. No presenta ideas delirantes de ningún tipo pero sí ideas obsesivas que le producen gran preocupación: "no pienso bien". El paciente tiene buena conciencia de que su problema está relacionado con el consumo de cannabis, pero se ve incapaz de desintoxicarse, llegando a proponer un ingreso hospitalario para alcanzar su objetivo. Presenta buen aspecto, cuidado, con ligera agitación motora que desaparece a lo largo de la conversación. El lenguaje es correcto, fluido, espontáneo, con amplio vocabulario, buen manejo del idioma y con expresiones cultas no forzadas; pone gran interés y se muestra muy interesado en la apreciación del interlocutor, manteniendo contacto visual intenso y mostrando afecto apropiado al contenido de la conversación. Admite la crítica pero refiere que soporta mal la incoherencia. Refiere que "casi siempre se ha visto distinto", y que no sabe si eso es debido a sus características personales o a su "forma de pensar" El consumo es de unos 25 gramos semanales, que consume en unos diez o doce porros diarios. Fumador de unos ocho o diez cigarrillos de tabaco. No hay otros consumos, salvo de manera muy puntual el de no mas de 50 gramos de alcohol algún fin de semana cuando sale y con ánimo de mitigar la ansiedad que le produce el contacto social. Hace buena crítica de los consumos de alcohol y refiere que a veces le empeora su estado de ánimo puesto que no ve solución en el beber, incluso lo percibe como una actitud de autoagresividad.

Se propone una desintoxicación ambulatoria con ayuda de ansiolíticos – 5mg. de alprazolam retard diarios- y 30mg. de mirtazapina por la noche. El paciente es capaz de reducir el consumo hasta dos o tres porros diarios que fuma de manera compulsiva a la hora vespertina, incluso se mantiene sin fumar cannabis dos o tres día seguidos. De todos modos refiere gran ansiedad acompañada de componente vegetativo, irritabilidad intensa, ideas obsesivas, anorexia, alteración en el tránsito intestinal, sensación distérmica y aumento del consumo de tabaco hasta más del doble de lo que él fumaba. Mejora el insomnio y reseña "encontrarse más espabilado", pero no hay abstinencia puesto que por las tardes la ansiedad es intensísima, sobre todo relacionada con ideas obsesivas concernientes a la autocrítica de su comportamiento y en la toma de decisiones y termina fumando en un intento de reducir la sintomatología ansiosa y la irritabilidad, refiriendo que mejora la ansiedad pero no el resto de la sintomatología. Se propone tratamiento con risperidona 1mg. al mediodía, y consigue mantener la abstinencia más fácilmente ya que mejora la ansiedad y le es más sencillo hacer parada de pensamiento y planificar actividades al margen del consumo. El paciente aún no ha conseguido la abstinencia durante más de un mes.