Paciente de 51 años de edad, perteneciente a una familia de ocho hermanos con un nivel socioeconómico y académico bajo. Desde joven siempre trabajó como agricultor y posteriormente comenzó a trabajar en una residencia de ancianos, en labores de mantenimiento. Estuvo bien allí durante cuatro años pero su padre enfermó, tenía que quedarse con él por las noches y al día siguiente ir a trabajar. Comenzó entonces con un cuadro de mutismo, según su esposa "estaba parado, inmóvil, tenía que vestirle, darle de comer, acompañarlo al servicio...". Así estuvo una semana, no se enteró de la muerte de su padre. Fue entonces cuando acudieron a una consulta particular de psiquiatría. Le diagnosticaron de trastorno depresivo e iniciaron un tratamiento con amitriptilina y levomepromazina. Con el tratamiento mejoró sólo parcialmente, continuaba poco participativo. Comenzó con ideas delirantes autorreferenciales y de perjuicio. Se le diagnosticó de trastorno depresivo con síntomas psicóticos y se le añadió al tratamiento haloperidol y biperideno. Cuando acude a nuestras consultas externas de Salud Mental, con 47 años de edad, continuaba con nerviosismo, sentimientos de incapacidad y de culpa, pero habían desaparecido los síntomas psicóticos. Se le diagnostica de trastorno depresivo y se le instaura un nuevo tratamiento con venlafaxina 150mg/día y Ketazolam 30mg/día. En las sucesivas visitas obtiene mejoría aunque su mujer se queja de encontrarlo poco participativo. Posteriormente tuvo varias recaídas coincidiendo con sus incorporaciones al trabajo, reactivándose la clínica depresiva así como los síntomas psicóticos, ideas delirantes de referencia y alucinaciones auditivas; asimismo tuvo dos intentos autolíticos severos. Se le mantuvo de baja laboral hasta que se le concedió la incapacidad laboral. Al tratamiento antidepresivo con venlafaxina se le añadió tratamiento antipsicótico con risperidona, llegando a tomar 4mg/día. La sintomatología psicótica desapareció pero el paciente estaba cada vez con peor ánimo, con pérdida de iniciativa, facies amímica y torpeza motora por lo que se decide hacer un estudio neuropsicológico: se le realiza el Test de Retención Visual de Benton cuyos resultados apuntan hacia la posibilidad de que exista una lesión cerebral, ya que se ven afectadas tanto la memoria como los factores visoconstructivos aunque sugiere, que se debe de tener en cuanta la posibilidad de que su capacidad intelectual previa esté por debajo del promedio y pueda explicar los resultados. Ante dicho informe y los factores de riesgo cerebral del paciente, se realiza un TAC craneal, que fue normal, y se remite a consultas externas de neurología para descartar una posible demencia de tipo frontal o frontotemporal. En la valoración de neurología se encontraron fallos en la atención y el cálculo, así como en la memoria diferida. Se le realizó una RMN craneal que fue normal y un SPECT cerebral donde no se halló patrón de demencia, por lo que el informe de neurología concluyó como trastorno cognoscitivo asociado a patología psiquiátrica.En una de las revisiones rutinarias, la esposa comenta que ha notado que durante la noche su esposo, que siempre ha roncado mucho, ahora se queda como "parado", como si "dejase de respirar". Además refiere quedarse dormido durante el día, viendo la televisión, a cualquier hora. Ante la sospecha de un posible Síndrome de Apnea del Sueño (SAOS) se deriva a consultas externas de neumología, donde el estudio poligráfico fue compatible con SAOS moderado (IAH 32), que se corrigió con CPAP a 9 cm de agua.Tras un mes de tratamiento con CPAP el paciente se encontraba asintomático, por lo que se procedió a la retirada gradual de la medicación antidepresiva y antipsicótica y, tras un año completamente asintomático, la consiguiente alta de la consulta de Salud Mental.