Lucía es una mujer de 54 años, casada y con un único hijo de 30 años que ya vive fuera del hogar aunque hace visitas con gran frecuencia a sus padres. Es profesora de Historia del Arte en una universidad privada. Impartía docencia en una Universidad pública y se vio desplazada hace 3 años por un profesor que obtuvo la plaza que ella ocupaba como interina (asociada). Anteriormente al cambio experimentado en su vida no había presentado problemas psíquicos significativos. Su situación económica es "aceptable" ya que al menos, comenta, tiene trabajo y su marido también, lo que les permite llevar una vida bastante acomodada. Tras el cambio experimentado en su vida laboral, Lucía duerme "muy mal", refiere que en total serán unas 3 o 4 horas máximo por noche lo que influye directamente en muchas áreas de su vida. Como está muy cansada durante el día, se siente irritable y "muy sensible" reaccionando excesivamente a cualquier molestia que se produzca en su vida, muchas veces se siente triste y tienes pensamientos de minusvalía. Considera que si hubiera realizado antes su tesis doctoral en lugar de dedicarse tanto a su familia, ahora ésta se lo agradecería. Siente como un fracaso el no haber sido capaz de publicar más en revistas internacionales que le hubieran permitido tener mejor currículum. Cree que es muy trabajadora y eso "la salva" pero no ha hecho las cosas como debiera. Su vida sexual también está afectada y su pareja realiza demandas sistemáticas "sin que pueda hacer nada por complacerle", alguna vez, con mucho esfuerzo y sin mucha ilusión lo intenta y las cosas "no van mal" aunque no es igual que al principio. Durante los tres años tras el cambio, el insomnio ha persistido sin variaciones significativas, llevándole a alterar algunos de sus hábitos. Está menos tiempo en la cama, ve películas en la tele para "pasar el tiempo", cuando no está muy cansada lee novelas o algún artículo de carácter profesional y come, sobre todo come chocolate lo que junto a escasa actividad física ha provocado que aumente de peso. Piensa que su vida es bastante desastre y algunos comentarios de su marido y de su hijo facilitan esta sensación. No tiene demasiada confianza en que las cosas puedan cambiar. Ha tomado distintos fármacos que le han recomendado sus amigos sin demasiado éxito. Está empezando a asumir que su vida va a ser así siempre, pero acude al psicólogo por si hubiera alguna posibilidad.