Paciente de sexo femenino de 46 años, docente de la provincia de Buenos Aires, vive con sus 2 hijos: un varón de 17 y una mujer de 15 años. El esposo se fue de la casa hace 9 meses por no poder soportar la situación del juego, él tiene una pequeña industria que creo siendo obrero de fábrica para ofrecer un mejor bienestar a la familia. Ella comenzó a jugar al Bingo llevada por las compañeras de la escuela donde trabajaba. Iban a mediodía, almorzaban y jugaban, después empezó a ir todos los días a cualquier hora. Refirió que en ese momento el marido trabajaba mucho, incluso los fines de semana, y ella se sentía sola y deprimida. Acudía a un psiquiatra, una psicóloga y además iba a los grupos de Jugadores Anónimos pero decía que no le daba resultado. Estaba con permiso en su trabajo. Acude al Servicio acompañada por el esposo, con cuadro depresivo e ideas de suicidio, irritabilidad e impulsividad. En la entrevista el esposo refiere que se fue por desesperación, que no dejó de quererla, que había jugado gran cantidad de dinero que él guardó para montar la empresa y otro dinero que guardó para comprar un coche. El sueldo no lo utilizaba para la casa sino para ella y tampoco tenía nada de dinero. Cuando él se fue le daba diariamente dinero para la comida, todos los gastos los pagaba él y un día descubrió que los hijos no comían porque ella se jugaba ese dinero, hecho que ella reconoció, por eso su idea de desaparecer para no causar más daño. El esposo se compromete a colaborar. Se medica a la paciente. Tiene 3 recaídas en los 4 meses tras el inicio del tratamiento, lo que aumenta la desesperanza de la familia. Pasan 6 meses de tratamiento y se reintegra al trabajo en marzo del corriente año. Si bien la situación parece controlada no podemos decir que estamos seguros de una recuperación. Mejoró en cuadro depresivo y su impulsividad. Como antecedentes familiares de adicciones tenía un hermano jugador de casino, un tío jugador de carrera de caballos y el padre juega "mucho" a la quiniela desde que ella era pequeña.