Pilar es una mujer de 34 años, casada, con una hija de 8 meses. Estudios: FP de grado medio. Abandonó su actividad laboral cuando se casó. Es remitida para valoración de estado y, en su caso, tratamiento psicológico por psiquiatría tras un intento de suicidio ocurrido el mes anterior, que consistió en la ingesta de una dosis letal de antidepresivos tras una discusión con su marido. Inmediatamente después de la ingesta, se lo comunicó a su esposo, quien la llevó al hospital en donde quedó ingresada una semana. Al alta se le pautó un ISRS (Fluoxetina). Queja principal motivo de consulta: Problemas de pareja. Miedo por volver a intentar suicidarse. Síntomas: Tristeza, irritabilidad/ira y dificultades para controlarla, crisis de llanto, sentimientos de culpa, sensación de vacío e inutilidad personales, dificultades de concentración y planificación (por ej., de actividades cotidianas), insatisfacción vital, desesperanza, deseo sexual inhibido. Historia personal / familiar. Se crio con su madre y su abuela, ya que su padre sólo convivía con ellas en periodos vacacionales. Según Pilar, ambas mujeres eran muy estrictas e intolerantes con ella. Su padre murió en un accidente laboral cuando Pilar tenía 13 años. Solo entonces se enteró de que sus padres no estaban casados y de que él tenía otra familia "legal" con la que convivía habitualmente. Esta información era conocida desde siempre por la madre y abuela. Dos años después murió la abuela, estando Pilar sola en la vivienda con ella cuando se produjo el fallecimiento. A los pocos días Pilar desarrolló sintomatología depresiva con ideación suicida, que remitió con tratamiento farmacológico. Superado el episodio, se instaura un período vital de normalidad: termina sus estudios, comienza a trabajar, hace amistades nuevas, y a los 17 años tiene su primer novio. La relación fue problemática desde el inicio, con discusiones frecuentes que, en algunos casos, incluyeron agresiones físicas por ambas partes. Cuando Pilar cumplió 18 años su madre sufrió un infarto cerebral y falleció 2 años después. Las relaciones con el novio se normalizaron y durante esos 2 años no hubo peleas ni rupturas. Al morir la madre, Pilar inició la convivencia con su pareja, empezó a trabajar, y se casó al cumplir 21 años. Al regresar del viaje de novios reaparecieron y se agudizaron los problemas de pareja, incluidas las agresiones físicas mutuas que, según Pilar, eran iniciadas siempre por ella. En uno de esos episodios, Pilar amenazó con tirarse por la ventana, lo que finalmente hizo. No hubo lesiones de importancia (vivían en un primer piso), pero el marido decidió iniciar los trámites de divorcio. La separación fue de mutuo acuerdo y comenzó lo que ella llama "la etapa del encuentro conmigo misma". Emprendió una actividad social y laboral intensa, hizo amistades, viajaba, inició diversas actividades (inglés, tenis...), aunque no persistía en ellas lo suficiente. Al final de ese período empezó a embarcarse en actividades económicamente arriesgadas (préstamos bancarios, juegos de azar) que acabaron por ponerle en apuros económicos graves. Su estado de ánimo decayó de nuevo y retornó la ideación suicida. En esta ocasión, gracias a la ayuda de una amiga (la única que, al parecer, ha mantenido a lo largo de su vida) decidió que debía encauzar su vida "y no repetir los errores de mi madre". Se fijó como objetivo vital casarse "con un buen hombre y formar una gran familia con muchos hijos". Conoció entonces a su actual marido, y tras un breve período de convivencia, se casaron y enseguida quedó embarazada de su hija. El embarazo resultó ser de alto riesgo y Pilar se vio obligada a guardar reposo la mayor parte del tiempo. Cuando se acercó el momento del parto, presentó un nuevo episodio depresivo y pidió a su marido (con quien ya había empezado a mantener discusiones a diario) para que dejara su trabajo y la cuidara "porque tenía miedo de quedarme sola..., no sabía qué era capaz de hacer..., y yo quería tener a mi niña". Después del parto se agudizó el cuadro depresivo, esta vez sin ideación suicida, que fue tratado con un ISRS. Los síntomas predominantes al inicio del cuadro eran irritabilidad extrema, insomnio, sentimientos de vacío, anhedonia, y pérdida de libido. Estos síntomas no han remitido con la medicación y culminan con un intento de suicidio que es el que motiva la consulta actual. Actualmente las discusiones con su marido son muy frecuentes y se acompañan habitualmente de agresiones verbales y/o físicas (solo por parte de ella). Se describe en estos términos: "no sé quién soy ni lo que quiero... no me reconozco a mí misma cuando insulto o pego a X (su marido)... mi madre se moriría de vergüenza si me viera hacer estas cosas, con lo estricta que era....Yo elegí a X por sus cualidades, tiene todo lo que yo buscaba en un hombre ... no sé por qué ahora no lo quiero, en realidad no sé lo que siento por él...puede que nunca le haya querido... yo quería casarme y tener hijos y ahora ya no se qué quiero...no se qué hacer con mi vida, no veo futuro...soy mala persona...". 