Mujer de 38 años, casada desde hace 7 años, con un hijo de 16 de un matrimonio anterior. Es enfermera y trabaja en un hospital. Su marido es médico. No tiene hijos con su actual marido, el cual no ha estado casado con anterioridad. Su primer matrimonio duró un año y el divorcio resultó muy traumático debido a los problemas económicos graves que le causó su ex‐marido, quien según la paciente, siempre fue bastante "psicópata". Este nunca se ha ocupado del niño, que padece una enfermedad celíaca. A pesar de las muchas dificultades sociales (rechazo familiar por el divorcio) y económicas (desfalco de su marido en la empresa en la que trabajaba, hipoteca de la vivienda, deudas, etc.), consiguió solucionar el problema por sus propios medios "y trabajando 40 horas al día" según relata. Presenta un buen nivel de adaptación social, nunca ha tenido problemas laborales, ni dificultades para establecer y mantener buenas relaciones sociales. Se describe como una persona fuerte, capaz de afrontar y solucionar problemas, sincera, razonablemente segura de sí misma, flexible y muy paciente. Le gusta el orden y disfruta con el arreglo de la casa, con las plantas, haciendo cerámicas, etc. Su adaptación laboral es excelente y está considerada como muy buena profesional por sus compañeros y superiores. Su actitud durante la entrevista es colaboradora y franca, no rehúye los temas, y su discurso es coherente y adecuado. Está muy motivada y resuelta a solucionar sus problemas y se muestra dispuesta a colaborar. Acude sola a consulta y por iniciativa propia. El problema por el que demanda consulta es lo que llama "obsesión por la comida". Señala que pasa gran parte del día pensando en comer y que a pesar de los muchos intentos que ha hecho por controlarse, no lo ha conseguido. La "obsesión por la comida", le sobreviene especialmente cuando está sola en casa por las tardes, después de la hora del almuerzo que suele realizar en el hospital. Raras veces le asaltan ideas de este tipo cuando está ocupada o trabajando. Intenta luchar contra la idea ("intento no pensar en comida") pero no lo consigue y acaba "sucumbiendo" a ella. Ese "sucumbir" se suele traducir, en comer sin parar lo que encuentre (almendras, chocolate, pasteles, queso,..) hasta que se siente absolutamente llena y "a punto de reventar". No tiene preferencias especiales por algún alimento en particular. Durante el último año, estos episodios se han venido produciendo prácticamente a diario. Califica su estado emocional durante todo el tiempo de ingesta como de "anestesiado". Sin embargo, cuando da por terminada la ingesta experimenta una gran tristeza, intensos sentimientos de culpa y auto‐desprecio "por no haber podido controlar la situación". No se provoca el vómito. Tampoco emprende comportamientos rituales relacionados con la preparación de la comida que va a ingerir, con la compra previa de alimentos, etc. El inicio del problema lo sitúa 6 años atrás. Por esa época fumaba mucho y padeció neumonías repetidas a partir de las cuales decidió dejar de fumar. Como consecuencia del abandono del hábito tabáquico y del reposo forzado que tuvo que hacer para recuperarse del último episodio de neumonía, engordó unos 10 kg en los 12 meses posteriores. A partir de entonces, insatisfecha con su imagen corporal (que siempre había sido buena y "delgada"), comenzó a visitar endocrinólogos que la han sometido a diversos tipos de dieta, que nunca ha conseguido realizar adecuadamente. Actualmente presenta un índice de masa corporal de 30. Dice estar "a dieta constantemente", porque durante todo el día está pendiente de no comer más de lo estrictamente necesario, restringiendo habitualmente su alimentación a verduras crudas o cocidas, frutas, y pescado o carne de ave a la plancha. Está muy insatisfecha con su imagen corporal ("no me gusto nada a mí misma. Por ejemplo, me desespero y me hundo cuando tengo que comprarme ropa. Me veo y me doy asco. Por eso siempre voy con faldas largas y camisolas que parecen los camisones de mi abuela"). Su estado de ánimo es claramente disfórico, llora varias veces durante la entrevista, presenta insomnio (despertar precoz), fatiga, anhedonia y ligera apatía. En los últimos 3 meses dice sentirse triste, vacía, y sin ganas de hacer nada casi todo el tiempo, ha perdido el interés por cosas que antes le distraían (hacer cerámica, leer, salir con amigos), y de hecho rehúye el contacto social porque se siente cada vez más insegura en las reuniones sociales y piensa que los demás tienen una mala opinión de ella "porque estoy gorda". Aunque dice no haber pensado nunca seriamente en el suicidio, manifiesta ideas recurrentes de muerte ("a lo mejor si me muero se soluciona todo. Ya habríamos acabado."). Su nivel de autoestima actual es muy bajo, así como su autopercepción de competencia. Aunque su trabajo le sigue resultando satisfactorio, tiene la sensación de que a veces se "despista", porque no se concentra bien en lo que hace, y tiene la convicción de que su rendimiento laboral ha disminuido mucho y que no está siendo tan eficaz como solía. Mantiene excelentes relaciones con su hijo. Dice que se siente apoyada y querida y que confía en él plenamente. Está convencida de que su hijo conoce su problema, a pesar de los esfuerzos que ella hace por ocultarlo (los periodos de ingesta voraz los lleva a cabo siempre que no hay nadie en su casa), y lamenta mucho que el chico "se preocupe por mi". 