Ana, edad 37 años. Administrativa en una gestoría. Vive sola desde hace 10 años. Desde hace cuatro meses Ana presenta dolor en el pecho, arritmias cardíacas y presión arterial alta. Refiere sentirse nerviosa y la sensación de "faltarme el aire" sofocos, mareos y temor a morir. Está continuamente preocupada porque piensa que en cualquier momento puede padecer un "nuevo ataque". Desde hace dos meses ha vuelto a vivir con sus padres y necesita que la acompañen cuando tiene que ir a su casa a recoger algunas cosas. Recuerda intensamente el miedo que pasó en el primer ataque, "pensaba que me estaba muriendo" y la dificultad para llamar a la ambulancia. Desde entonces ha visitado varios cardiólogos que no han encontrado evidencias físicas que justifiquen los síntomas que presenta. Uno de los médicos le recomendó que tomara Clonazepam "cuando ella se sintiera nerviosa...", y que fuera controlando su tensión arterial siendo sus registros en general de 140/100 o 140/90. Por el miedo a un nuevo ataque Ana no realiza ninguna actividad social. Permanece recluida en casa de sus padres de la que únicamente sale para ir a trabajar. En el período previo a la consulta, relata sufrir crisis todos los días e incluso varias veces al día. Hace siete meses, falleció una tía con la que se sentía muy unida. Esta situación, la afectó, sintiéndose responsable por la muerte de la tía. Refiere que todos los días hablaban por teléfono y que ese día no la llamó a la misma hora que solía llamarla. No puede dejar de pensar que si la hubiera llamado habría podido salvarla. La razón de la muerte fue un ataque cardíaco. Ella piensa que su tía debió de sufrir mucho y que "debía haberla acompañado". Desde el fallecimiento, a veces tiene la sensación de ver a su tía por la calle, sabe que es gente parecida a ella pero le recuerda constantemente la muerte de su tía. Desde su fallecimiento, Ana ha sido incapaz de ir al cementerio.