Vicenta es una mujer que acude a consulta de psicología clínica derivada por su médico de cabecera de la compañía aseguradora privada. El volante fue emitido hace un mes y no ha realizado consulta antes porque, según refiere, "no tengo ganas de hablar de mi vida". Tiene 52 años, trabaja como ama de casa y dependienta desde hace doce años en unos grandes almacenes en la sección de perfumería, está casada con un hombre de su misma edad que trabaja como taxista, vive en una ciudad, su estatus social es el propio de clase media, realizó estudios medios. Sus padres viven de forma independiente y son autónomos. También tiene dos hermanos menores varones. Con toda su familia de origen mantiene una relación que califica como "muy buena, soy quien soy gracias a ellos". Tiene una única hija, independiente desde hace seis meses, licenciada en derecho de la que dice que es "mi mayor satisfacción en la vida, pero tengo miedo a que ya no me necesite". Se siente "muy valorada por su marido, siempre me ha apoyado mucho". Tiene dos amigas "íntimas" y refiere una excelente relación con sus compañeras de trabajo. Está integrada en un grupo parroquial católico "para ayudar a los necesitados". Afirma que "siempre pensé que el mayor valor de una persona es el de ser útil y hacer felices a los demás" y que "el amor siempre es devuelto como pago por nuestras acciones". 
Su presentación física es ligeramente descuidada. Se queja de que "me siento mal, no sé qué me pasa ni cómo salir de esto, nunca creí que pudiera caer en una depresión, nunca he tenido que ir a un psicólogo ni a un psiquiatra". Mientras habla intenta contener las lágrimas sin lograrlo totalmente. Refiere que se encuentra de baja laboral desde hace tres semanas porque no logra atender adecuadamente a las clientas ya que no tiene la fuerza y la energía de antes. También dice que se siente "una inútil total" y que "estoy fallando a todos quienes me están apoyando". Se siente desanimada y cansada, le cuesta conciliar el sueño, descansa mal, siente que tiene menos apetito que antes y dice que "ando nerviosa todo el día". Reconoce que nada la divierte ni la hace disfrutar y dice que "nunca tuve mucho interés por la relación matrimonial (en referencia a la relación sexual con su esposo), pero ahora incluso me molesta", y ello le preocupa por cómo pueda estar sintiéndose su marido. Le cuesta "decidir las cosas más tontas, me cuesta pensar, y estoy todo el día dándole vueltas a las mismas tonterías". En un momento de la entrevista inicial parece reaccionar con una leve sonrisa a un comentario valorativo sobre el esfuerzo que ha debido hacer para progresar en la vida y dedicarse a los demás. En otro momento, en la exploración de ideación autolítica comunica que "he llegado a pensar en que no me importaría morirme", pero no ha considerado el suicidio porque "no podría hacerle eso a mi familia ni me está permitido". Su última revisión médica la realizó hace tres semanas. Su estado general de salud era bueno. Padeció un proceso gripal importante hace tres meses por el que estuvo una semana de baja, y apunta que "fue mi primera baja en la empresa, y ya ve, en dos meses otra", "mi médico me dijo que pudo haberme influido en esto que me pasa". Completó la menopausia hace un año. Como otros antecedentes destacan: hepatitis A en la infancia, resección quirúrgica hace cinco años de lesión cancerosa en cérvix. Realizó revisión ginecológica hace seis meses sin que se encontraran alteraciones, aunque refiere que "en estas semanas, algunos días no me sacaba de la cabeza que eso estuviera ahí otra vez". El estado que describe comenzó a manifestarse hace aproximadamente tres meses al mismo tiempo que la no obtención de una promoción profesional al puesto de supervisora de sección, y no se ha agravado. Esperaba su concesión porque "me sentía muy querida por la empresa y por todos, porque trabajé mucho" y refiere que cuando fue ocupado ese puesto por otra compañera de otra sección se sintió "humillada, como si fuera un trapo" y que esa noche "no dormí dándole vueltas a todo: a que sentido tenía lo que hacía, a quien era y lo que valía para los demás, a si realmente me querían", y en los días siguientes "llegué a pensar que se habían compinchado contra mí, mire usted qué tontería, y sentía que odiaba a mis compañeras y a la empresa, hasta que logré vencer ese sentimiento que nunca fue parte de mí". Respecto al origen de este estado cree que se debe a que "quizás todo fue porque estaba en un momento bajo, por la gripe". 