Alejandra tiene 19 años, y es la mayor de 3 hermanos (una chica de 17 años, y dos chicos de 16 y 12 años). Vive en Valencia en la casa familiar, junto con sus padres y hermanos. Está estudiando Enfermería, porque las calificaciones que obtuvo en el examen de acceso a la Universidad no le permitieron estudiar Medicina. Es una estudiante normal y no ha presentado problemas especiales en su escolarización. No tiene muchas amistades y la mayor parte de los fines de semana y vacaciones las pasa en su casa, escuchando música o leyendo cómics en su habitación, que comparte con su hermana de 17 años. La relación con sus hermanos es fría y distante y, según sus padres, no colabora en las tareas de la casa. Los padres relatan que, desde que era muy pequeña, prefería jugar sola que con sus hermanos, y que se enfadaba mucho si alguno de ellos "tocaba" sus cosas (juguetes, ropa, cuentos, etc.), hasta el punto de "retirarles la palabra" durante unos días. Este mismo comportamiento lo ha seguido mostrando a lo largo de su vida, incluso con sus padres, amigos, o el resto de los familiares y conocidos. De hecho, desde hace dos años no se habla con su padre a raíz de una discusión que mantuvo con él porque éste le pidió que ayudara al hermano pequeño a hacer los deberes.
Antecedentes familiares: El abuelo materno se suicidó a los 50 años, al parecer como consecuencia de una Depresión grave. A lo largo de su vida, había sido ingresado en un Hospital Psiquiátrico en dos ocasiones por episodios depresivos graves.

Motivo de consulta: Acude al Centro de Salud Mental para recibir tratamiento psicológico después de haber permanecido ingresada en la unidad de hospitalización psiquiátrica durante una semana.

Motivo del ingreso en Psiquiatría: Comportamientos de autolesión (golpes en diversas partes del cuerpo, especialmente en la cabeza pues se golpeaba en paredes y suelo, y cortes poco profundos en brazos y cara que se produjo con una cuchilla de afeitar), pérdida de apetito (no ingirió alimentos durante al menos dos días), e insomnio (no durmió más de 1 hora seguida durante dos días consecutivos). Mostraba también dificultades para expresarse verbalmente, y no respondía a las preguntas que se le hacían. No dejaba de moverse de un lado a otro de su habitación y mostraba gran irritación cuando se la intentaba detener. Durante los dos primeros días del ingreso necesitó vigilancia continuada y contención física (permanecía semi‐atada en la cama), además de alimentación parenteral pues se negaba a ingerir alimento alguno. Se le pautó la medicación adecuada y paulatinamente empezó a mostrar un comportamiento más ajustado, admitiendo alimentación normal y recuperando los hábitos normales de sueño. No obstante, seguía sin responder preguntas y, según su madre, "estaba todo el tiempo como mirando a un punto fijo, y con una expresión como de hielo, sin mostrar ninguna emoción". Dos días antes de recibir el alta el psicólogo clínico de la sala consiguió mantener una conversación con ella, cuyos fragmentos más significativos se transcriben a continuación: 
‐Psicólogo (P): ¿Podrías decirme qué te pasó esos días, antes de que vinieras aqui?
‐Alejandra (A): No recuerdo bien... La cabeza no paraba de darme vueltas... eran ideas locas... miedo, desesperación, ... y ruidos, muchos ruidos,. todo eran ruidos enormes, me hacían daño, imposible dormir, comer.... nada de nada...
‐P: Esos ruidos que dices, ¿venían de fuera o los escuchabas como dentro de tu cabeza? ‐A: De fuera, era como si el mundo se hubiera vuelto un lugar lleno de ruidos... todo sonaba alto, las puertas al abrirse, el agua del baño, el sonido de mi respiración, mis pasos... todo....todo...todo...todo... ‐ P: Y ¿qué pasaba por tu cabeza? dices que no paraba de darte vueltas....
‐ A: El fin. Era el fin. Patatín patatán. Pinchín.Pirulín. Lin, lin, lin.
‐ P: ¿El fin de qué?, ¿a qué te refieres con que era el fin?
‐ A: Pues eso, que se había acabado todo, que ya no había nada más... todos muertos. Fin de la historia. Nada que hacer. Nada que decir.
‐ P: ¿Quieres decir que te sentías como muerta, que pensabas que habías muerto, o que se acababa el mundo...? ‐ A: No, muerta no. Pero sabía que iba a morir. Lo sabía. Lo sentía.
‐ P: ¿Cómo es eso? ¿Por qué lo sabías? ¿Te lo decía alguien? ¿Te sentías muerta?
‐ A: Sentía el frío interior de la muerte. Mi corazón, mi sangre..., los sentía helados, muertos...como si en lugar de sangre fuera hielo...
‐ P: ¿Por eso te golpeabas, para comprobar si te dolía, si estabas viva?
‐ A: Bueno, supongo que era por eso, sí... Y también por lo que decían...por el miedo, para salir del miedo... 
‐ P: ¿Quieres decir que alguien te decía que lo hicieras, que te golpearas? ‐ A: No me decían que me golpeara... solo me decían que iba a morir... y yo no quería y por eso intentaba...intentaba... ‐ P: Intentabas sacarte las voces de la cabeza, ¿es eso?
‐ A: Sí, si, eso, eso es lo que quería... que se fueran, que me dejaran en paz... me daban mucho miedo...