Descripción del paciente/motivo de consulta

Mujer de 32 años de edad, separada desde hace un año, que convive junto a su hijo de 5 años. Trabaja como dependienta de una tienda de modas, pero se encuentra actualmente de baja laboral. Acude remitida por su médico de atención primaria por depresión resistente.

La paciente había iniciado 6 meses atrás tratamiento con (Lexapro) escitalopram 15 mg/día por un episodio depresivo que se había precipitado en relación con dificultades en la relación con su jefa, quien comienza a demandarle más dedicación al trabajo. Aunque tras las primeras semanas de tratamiento había experimentado una mejoría, por lo que llegó incluso a abandonar el tratamiento "ya que se encontraba realmente bien", según describe la paciente, con posterioridad había vuelto a caer en la misma sintomatología depresiva inicial. Retomó el tratamiento por indicación de su médico de atención primaria.

La paciente describe que a partir de esa segunda fase de tratamiento con el antidepresivo había comenzado a tener frecuentes períodos de estado de ánimo bajo, en los que no podía hacer otra cosa que meterse en la cama, sin poder atender a su hijo, ni acudir al trabajo o realizar las mínimas tareas de casa. En parte lo atribuía al tratamiento, ya que creía que la ponía más nerviosa e incluso la "atontaba". Contrastando la información con su madre, con la cual acude a la consulta, ésta corrobora la presencia de los períodos depresivos, pero también describe algunos períodos de aproximadamente una semana de duración en los que se levanta llena de energía, con ganas de volver al trabajo y cuidar de su hijo, pasando todo el día fuera, incluso realizando algunas compras de más, mostrándose especialmente habladora y sociable, llamando a diversas amigas para poder quedar y salir juntas. Estos episodios se han podido repetir hasta en 3 ocasiones en los últimos meses, para pasar de forma casi inmediata al cabo de los días a sumirse en el estado depresivo, coincidiendo con alguna salida nocturna en la que ha podido consumir una cantidad excesiva de alcohol.

Durante la primera visita, la paciente justifica su sintomatología depresiva como consecuencia de la presión a la que había sido sometida por su jefa en el trabajo. En relación con la clínica hipomaníaca, cree que es consecuencia de tratar de olvidarse de su situación vital, "como una huida de todo", tratando de recuperar sensaciones y no dejar que le amarguen la existencia. Se muestra angustiada, atribuyéndolo en parte también al tratamiento antidepresivo, que dice no ayudarla a estar mejor de ánimo pero sí que le genera nerviosismo e insomnio, así como pérdida de apetito. Manifiesta su desesperanza respecto a su estado y cree que es una persona débil que, como en anteriores ocasiones, no ha sido capaz de afrontar sus responsabilidades en la vida.

Antecedentes personales
La paciente tiene antecedentes de haber sido tratada por 2 episodios depresivos años atrás. El primero, a los 25 años tras un fracaso sentimental, por el que recibió tratamiento con fluoxetina experimentando una recuperación rápida en pocas semanas. También recuerda que atravesó, posteriormente a este episodio, una época muy buena, de varias semanas de duración. Se encontraba también muy animada y solía salir mucho por la noche, de tal forma que conoció al que después sería su marido. Abandonó el tratamiento en pocos meses. El segundo episodio comenzó en el período posparto. El embarazo ya había sido duro, porque la relación no iba bien y su marido no le prestaba la atención que ella consideraba que necesitaba. Cuando tuvo a su hijo se vino abajo al sentirse sola para poder cuidarlo. Cada vez que cogía a su hijo pensaba que le iba a pasar algo y desarrolló una gran ansiedad, por lo que su madre tuvo que acudir a cuidarla. Se sentía sin fuerzas y tuvo que dejar de darle lactancia natural. Tardó 6 meses en recuperarse completamente y su médico tuvo que prolongarle la baja de maternidad por depresión. Comenzó a tratarla con escitalopram 10 mg y de forma gradual comenzaron a mejorar su ansiedad y sus temores hacia su hijo. Cuando finalmente se sintió fuerte comenzó los trámites de separación. Tras ello abandonó el tratamiento y parece que todo iba bien, sintiéndose liberada en su nueva situación hasta el episodio actual.

Sin enfermedades de interés, presenta alergia al polen durante la primavera en forma de rinoconjuntivitis. No realiza tratamiento médicos mantenidos salvo antihistamínicos de forma estacional.

Fumadora de 10 cigarrillos al día. Consume 2–3 copas cuando sale los fines de semana. Había consumido cannabis durante la adolescencia y había retomado el consumo de forma puntual en algunas ocasiones, según describe la paciente, para poder dormir y calmar su ansiedad.
Antecedentes familiares

Su madre tuvo una depresión posparto y una tía materna presenta depresiones recurrentes.
Exploraciones complementarias

Se realiza un hemograma completo, bioquímica con perfil hepático y metabólico, así como determinación de TSH, sin observar alteraciones.
Diagnóstico

Después de leer detenidamente la viñeta clínica presentada, llegué a la conclusión que la paciente sufre de trastorno bipolar II 296.89 (F31.81).

Al analizar el caso más detenidamente podemos ver que, tal y como lo define el DSM-V, existe un período bien definido de estado de ánimo anormalmente y persistentemente elevado, expansivo o irritable, y un aumento anormal y persistente de la actividad o la energía, que dura como mínimo cuatro días consecutivos y está presente la mayor parte del día, casi todos los días.

De igual forma, podemos ver que durante el período de alteración del estado de ánimo y aumento de la energía y la actividad, han persistido los siguientes síntomas:

Aumento de la autoestima o sentimiento de grandeza.
Disminución de la necesidad de dormir (p. ej., se siente descansado después de sólo tres horas de sueño).
Aumento de la actividad dirigida a un objetivo (social, en el trabajo o la escuela, o sexual) o agitación psicomotora.

Además, debemos señalar que la alteración del estado de ánimo y el cambio en el funcionamiento son observables por parte de otras personas, aunque no necesita hospitalización, y el episodio no se puede atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia.

Por último, es necesario enfatizar que la paciente jamás ha presentado un episodio maníaco.

ACTITUD TERAPÉUTICA
Sobre el uso de psicofármacos, quedó mostrado que los 10 mg de escitalopram sí le estaban controlando la ansiedad y sus temores hacia su hijo, a grado tal que sintió que ya no lo necesitaba, lo que fue un grave error.

La paciente debe continuar con el uso de escitalopram y no dejarlo al comenzar a sentirse bien, ya que es justo el objetivo de dicho medicamento, obteniendo un efecto inverso al dejarlo de utilizar.