Francisco Yagüe, un ejecutivo de 40 años de edad, acude a la consulta de un psiquiatra llevado por su esposa. Mientras el Sr. Yagüe Trastornos depresivos permanece sentado a su lado, sin decir nada, la mujer refiere que él ha cambiado en los últimos 6 meses. Está callado y retraído o inusualmente irritable. Había empezado a beber más alcohol de lo debido en las situaciones sociales, avergonzándola a veces. A menudo llegaba tarde a casa, muchas veces ni iba, diciendo que había estado en la oficina. Cuando estaba de viaje, rara vez respondía al teléfono o a los mensajes de texto. Se preguntaba si tenía una aventura. El Sr. Yagüe negaba que se estuviera viendo con nadie y refería que simplemente estaba pasando momentos difíciles. Después de que la esposa saliera de la consulta del psiquiatra, el Sr. Yagüe refirió que había tenido muchísimo estrés en el trabajo el último año, batallando con los recortes sufridos por todo el sector y sus propias pérdidas económicas. Dijo que se sentía abatido y deprimido casi a todas horas. Explicó que le costaba dormirse la mayoría de las noches, que había perdido interés por su esposa e hijos, que tenía muy poca energía y que se sentía fracasado y muy autocrítico. A menudo deseaba estar muerto y pensaba en el suicidio, aunque negó que tuviera intención o planes de suicidarse. Al preguntarle por el alcohol, reconoció que había estado bebiendo mucho desde hacía al menos 6 meses. Al preguntarle por otras sustancias, inquirió por el secreto profesional y después reconoció que había estado tomando cocaína varias veces por semana desde hacía unos 9 meses. Le ocultaba a su mujer lo de la cocaína porque sabía que lo condenaría por ello. Al principio, la cocaína le otorgaba un estado de ánimo siempre positivo y optimista, lo que le permitía batirse más eficazmente con grandes volúmenes de trabajo aburrido y desalentador. Aunque su trabajo requería de algunas relaciones sociales por las noches, también había empezado a ir de bares a esas horas con el fin de estar a gusto en un sitio donde poder combinar cocaína y alcohol. Le entraba el ansia de sentir el subidón de la cocaína, se desviaba para conseguirla y pasaba consumiendo mucho tiempo que antes dedicaba a la familia. 92 Al pedirle que clarificara la secuencia de estrés, consumo de cocaína y síntomas de depresión, explicó que llevaba 1 año preocupado y desilusionado con el trabajo, pero que los síntomas de depresión, pérdida de interés, irritabilidad, insomnio y baja autoestima aparecieron unos 6 meses más tarde, 3 meses después de haber empezado a consumir cocaína habitualmente. Los síntomas depresivos los sufría la mayor parte del día todos los días, hubiera o no consumido cocaína recientemente. El Sr. Yagüe dijo que nunca antes había tenido episodios depresivos ni trastornos de ansiedad, y que tampoco había intentado suicidarse. Era un bebedor social. Había probado el cannabis y la cocaína de adolescente, pero nunca los había llegado a consumir regularmente, ni a notar sus efectos negativos, hasta el pasado año.