Hakim Coleman, de 25 años de edad, es un veterano del ejército de Estados Unidos, ahora alumno de una universidad pública, que acude al servicio de urgencias (SU) con su novia y su hermana. En la exploración se aprecia que se trata de un joven alto, delgado, bien aseado y con gafas. Se expresa con suavidad y 26 tiene aumentada la latencia del habla. El afecto está aplanado excepto al hablar de sus síntomas, momento en el que presenta ansiedad.
El Sr. Coleman explicó que había acudido al SU por indicación de su hermana. Dijo que le vendría bien un «chequeo general», porque llevaba varios días con «migrañas» y «alucinaciones de naturaleza espiritual» que venían apareciendo desde hacía 3 meses. El dolor de cabeza consistía en sensaciones «agudas y punzantes» bilaterales en distintas partes de la cabeza, y una especie de «zumbido» a lo largo de la línea media del cerebro que parecía empeorar cuando pensaba en sus vicios. El Sr. Coleman describió que sus vicios eran «el alcohol, los cigarrillos, no respetar a mis padres y las chicas». Negó tener culpabilidad, ansiedad o inquietud con respecto a sus deberes militares al estar de servicio en Irak, pero se había unido a una iglesia evangélica 4 meses antes por sentirse «carcomido por la culpa» a causa de «todo lo que he hecho». Tres meses antes comenzó a «oír voces que trataban de hacerme sentir culpable» casi todos los días.
La última alucinación auditiva la había tenido el día anterior. Durante esos meses había observado a desconocidos comentando sus pecados cometidos en el pasado. El Sr. Coleman creía que sus migrañas y su culpabilidad podían deberse a la abstinencia alcohólica. Había estado bebiendo tres o cuatro latas de cerveza casi todos los días de la semana desde hacía varios años hasta que «lo dejó» 4 meses antes, después de unirse a la iglesia. Seguía bebiendo «una o dos cervezas» cada 2 semanas, pero después se sentía culpable. Dijo no tener síntomas de abstinencia alcohólica tales como temblor y sudores. Había fumado cannabis hasta dos veces al mes durante años, pero lo había dejado del todo al unirse a la iglesia. Negó que hubiera consumido otras drogas excepto una vez, hacía 3 años, en que tomó cocaína sin que pasara nada. Dormía bien excepto algunas noches sueltas en las que solo dormía unas horas para poder terminar algún trabajo académico. Por lo demás, el Sr. Coleman dijo que no tenía síntomas depresivos, maníacos o psicóticos ni ideación violenta. Negó que tuviera síntomas del trastorno de estrés postraumático (TEPT). En cuanto a factores estresantes, lo agobiaban sus actuales responsabilidades, como ir a la facultad y atender sus actividades eclesiásticas casi a diario. Al inicio del año académico había sacado siempre sobresalientes y ahora obtenía notables y aprobados. La novia y la hermana del paciente fueron entrevistadas por separado. Coincidían en que el Sr. Coleman se había vuelto retraído y callado, cuando antes había sido una persona divertida y extrovertida. Tampoco había sido nunca especialmente Teligioso con anterioridad. La hermana creía que la iglesia le había «lavado el cerebro» al Sr. Coleman. La novia, sin embargo, había asistido a varios servicios con el paciente y refirió que varios miembros de la congregación le habían comentado que, aunque ya habían hablado algunas veces con miembros nuevos que se sentían culpables por sus comportamientos previos, ninguno de ellos había tenido nunca alucinaciones, por lo que estaban muy preocupados por él. La exploración física del paciente, conexamen neurológico incluido, resultó normal, al igual que el sistemático de sangre, la alcoholemia y la toxicología urinaria. Se le efectuó una tomografía computarizada (TAC) de cráneo que también resultó normal. 