Varón de 49 años que acude por visión de niebla en el ojo izquierdo (OI) de seis meses de evolución que interfiere en su visión binocular para ejercer su oficio de neurocirujano en su país, Irán. Es fumador, obeso mórbido, sin otros antecedentes personales de interés. Como antecedentes oftalmológicos destaca haber recibido cuatro inyecciones de bevacizumab en el OI, la última hace un mes.
En el examen del ojo derecho se constató una mejor agudeza visual corregida (MAVC) de 1 en la escala de Snellen, algún cambio atrófico puntiforme en el epitelio pigmentado macular y sin alteraciones en la AVI.
En la exploración del OI se observó una MAVC de 0,5 Snellen con metamorfopsia. Desde el punto de vista biomicroscópico, destacaba la presencia de hemovítreo de aspecto fibrinoide, así como lesiones anaranjadas en el polo posterior y yuxtapapilar superior. En la tomografía de coherencia óptica (OCT) se puede apreciar un DEP serohemorrágico yuxtapapilar superior. La AVI confirmó la presencia de múltiples pólipos localizados en gran parte del polo posterior, evidenciables tanto en tiempos iniciales como tardíos. El paciente es diagnosticado de una VCP en el OI. Se instauró tratamiento con la primera sesión de TFD asociada a una inyección intravítrea de ranibizumab.
En el control de los tres meses presentó una MAVC del OI de 0,75 Snellen y persistían las imágenes anaranjadas en la biomicroscopía. El DEP había disminuido tanto en su diámetro como en su altura. En la OCT no se evidencia edema macular ni desprendimiento de retina, pero sí un DEP secundario a la presencia de los pólipos. En la AVI todavía se aprecia la presencia de pólipos en el polo posterior con un marcado efecto de wash out en tiempos tardíos del angiograma.
A lo largo del seguimiento, el paciente realizó controles mensuales en su país y se sometió a 8 inyecciones intravítreas de ranibizumab en dos años de seguimiento. Nuestro control fue cada tres meses, donde valorábamos el retratamiento con TFD. Fueron necesarias cuatro sesiones en total para obliterar los pólipos localizados en el polo posterior.
En el control de los 24 meses, el paciente consiguió una agudeza visual de 0,85 Snellen. En la biomicroscopía, se apreciaban imágenes de atrofia del epitelio pigmentado en múltiples áreas, así como lesiones de fibrosis subretiniana en el tercio proximal de la arcada temporal inferior. En la OCT no existían imágenes de edema macular ni fluido subfoveal. Persistía cierto levantamiento del epitelio pigmentado macular. En la AVI se confirmó la obliteración de los pólipos maculares, aunque se evidenció alguna estructura hiperfluorescente junto a la arcada vascular temporal superior.
En los controles de seguimiento realizados, el ojo adelfo permaneció asintomático y sin actividad angiográfica ni tomográfica de vasculopatía polipoidal, con una MAVC de 1 Snellen a los dos años del inicio del cuadro clínico del OI.
Se pueden apreciar los cambios funduscópicos a lo largo del tiempo de evolución del cuadro.
